NARCISISMO: cuando una palabra mal usada protege al verdadero depredador
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Publicado en Opinión

NARCISISMO: cuando una palabra mal usada protege al verdadero depredador

Jueves, 15 Enero 2026 00:00 Escrito por 
Visión Holística Visión Holística Marcela Hernández Montiel

Hay palabras que, cuando se ponen de moda, pierden su poder.
“Narcisista” es una de ellas.
Hoy cualquiera que incomoda, se va sin explicar o no responde como esperas recibe el diagnóstico exprés. Y eso no solo es incorrecto: es peligroso. Porque cuando todo es narcisismo, el abuso real se diluye. Y la víctima verdadera vuelve a quedarse sola.

Conviene empezar por el principio, aunque no sea popular.
No, no todo el mundo es narcisista.
Tener ego, amor propio, ambición o necesidad de reconocimiento no te vuelve narcisista. Te vuelve humano. El narcisismo sano existe y es necesario para construir identidad, límites y autoestima.
El narcisismo patológico, en cambio, no es una actitud ni una etapa. Es una estructura de personalidad rígida, caracterizada por una profunda falta de empatía, una necesidad constante de control y validación y el uso sistemático del otro como objeto.
No es una mala racha.
No es una herida puntual.
Es una forma de funcionar.

GHOSTING NO ES ABUSO NARCISISTA
Que alguien desaparezca sin dar explicaciones duele. Mucho. Pero el dolor no convierte automáticamente al otro en un abusador narcisista.
El ghosting suele venir de inmadurez emocional, evitación del conflicto o incapacidad de sostener conversaciones incómodas. No es sano, pero tampoco es lo mismo que un patrón de abuso.
El abuso narcisista no es un acto aislado. Es un sistema.

EL CICLO QUE DEFINE AL ABUSO NARCISISTA
Quien lo ha vivido lo reconoce sin leer teoría:
Primero, la idealización.
Eres extraordinaria. Especial. Diferente. Te suben a un pedestal.
Después, la desvalorización.
Comentarios sutiles, silencios, confusión. Empiezas a dudar de ti.
Luego, el descarte.
Frialdad, castigo emocional, abandono.
Y finalmente, el retorno.
Promesas, arrepentimiento, lenguaje terapéutico o espiritual.
No es amor.
Es ingeniería emocional.

No existe “el” narcisista.
Hay narcisistas grandiosos y visibles.
Encubiertos y victimistas.
Malignos y deliberadamente destructivos.
Y uno especialmente peligroso hoy: el narcisista espiritual.

EL LOBO CON TÚNICA BLANCA
Este no grita ni amenaza.
Habla de consciencia, trauma, energía y sanación.
Es el coach que te promete despertar.
El terapeuta que nunca se equivoca.
El gurú que llama “proceso” a lo que es control.
Mientras te habla de evolución, te va quitando criterio, autonomía y confianza en tu percepción.
Todo esto puede sonar teórico hasta que se vuelca en una historia real.
Porque el abuso narcisista rara vez empieza con violencia visible. Empieza con sutileza, coherencia aparente y una sensación difícil de nombrar.

La siguiente historia no busca generar impacto emocional. Busca mostrar cómo opera el patrón cuando nadie lo está mirando.

HISTORIA REAL (anónima)
Al inicio no había nada extraño.
Era atento, presente, inteligente. Hablaba de consciencia, de responsabilidad emocional, de crecimiento. Escuchaba. Validaba. Parecía seguro.
Durante los primeros meses, ella se sintió vista como pocas veces en su vida. No idealizada de forma evidente, sino reconocida. Eso es lo que la confundió después.
Las primeras señales no fueron gritos ni insultos. Fueron dudas pequeñas. Comentarios ambiguos. Silencios que la dejaban pensando si había dicho algo mal. Cada vez que preguntaba, la respuesta era elegante, razonable, casi pedagógica. Siempre terminaba creyendo que el problema era ella y su sensibilidad.
Con el tiempo, empezó a justificarse sola. A medir palabras. A sentir una ansiedad que no sabía explicar. Seguía ahí porque no había “nada grave”.
El quiebre no fue una pelea. Fue un día cualquiera en el que se escuchó pensando: “Antes yo no era así”. No se reconocía. Dudaba de su percepción.
Cuando puso límites, él no explotó. Se volvió frío. Luego regresó con un discurso impecable de introspección y cambio. Convincente. Demasiado.
La claridad llegó tarde, pero llegó: no estaba frente a alguien herido que quería sanar, sino frente a alguien que se adaptaba para no perder control.
Ella no lo sanó.
Se fue.

Historias como esta no suelen contarse en voz alta porque no encajan en el estereotipo del abuso evidente. No hay golpes ni gritos.
Y precisamente por eso, el daño tarda más en reconocerse.
La víctima de abuso narcisista no suele denunciar al otro. Se cuestiona a sí misma.

LA VERDAD INCÓMODA: NO CAMBIAN
El narcisista no se cura.
No porque no quiera, sino porque no reconoce un problema interno. La responsabilidad siempre está fuera.
Puede imitar cambios.
Puede aprender discurso terapéutico.
Puede prometer transformación.
Pero no modifica su estructura. Se adapta para seguir obteniendo control.
Entonces, ¿qué sí sana?
No es salvar al narcisista.
Es salir tú.
Sanar implica volver a confiar en tu percepción, regular el sistema nervioso, reconstruir identidad y aprender límites reales.
Sanar es dejar de confundir amor con sacrificio.

PARA CERRAR, SIN ANESTESIA
No viniste a iluminar depredadores emocionales.
Viniste a vivir despierta, entera y libre.
Nombrar bien el narcisismo no es exagerar.
Es proteger.

Sobre la autora
Marcela
Terapeuta en transformación y creadora de Lux Áurea Signature, una medicina vibracional orientada a la reparación profunda del sistema nervioso, la recuperación de la identidad y el discernimiento emocional consciente.
Acompaña procesos terapéuticos desde una mirada clínica, espiritual y ética, con especial énfasis en trauma relacional, abuso psicológico y vínculos de poder.

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Marcela Hernández Montiel

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