El proceso electoral de 2027 inició hace un par de semanas formalmente y, con este, también la ansiedad y nerviosismo de quienes buscan una candidatura a las presidencias municipales y diputaciones, en todos los partidos políticos. En los próximos meses habrá nombres repetidos, otros que aparecerán de la nada y unos más que intentarán convencer a sus dirigencias de que ellas o ellos son quienes tienen posibilidades de ganar. Pero lo que no se debe perder de vista es que una candidatura no tendría que ser un premio, una concesión entre grupos políticos ni resultado de una negociación. Está en juego quién gobernará los municipios y quién representará a los ciudadanos en el Congreso local. Habrá algunas o algunos que lo habrán hecho bien o más o menos y buscarán repetir.
Aristóteles sostenía que el ser humano es un zoon politikon, es decir, un ser que por naturaleza vive y participa en comunidad. La política, entonces, no debería entenderse como un asunto exclusivo de partidos y dirigentes. Nos incumbe y afecta en la seguridad de una colonia, en los servicios públicos, en las calles, en el agua, en la recolección de basura, en las decisiones presupuestales y en las leyes. Por eso resulta riesgoso dejar solo en manos de las cúpulas partidistas la definición de las y los que aparecerán en las boletas.
Ellos sí los conocen
Los ciudadanos conocen muy bien quién es quién en sus municipios. Identifican a quienes nada más se aparecen cuando necesitan votos; a quien prometió y nunca cumplió; a quien cambió de partido tantas veces para conservar una posición. Pero también reconocen a quienes trabajan, tienen experiencia, cumplen, escuchan y mantienen cercanía con su comunidad. Esa memoria ciudadana debe ser la que pese en 2027, mucho más que una campaña donde solamente se muestre una imagen.
Los partidos tienen una gran responsabilidad. Pueden elegir perfiles con capacidad, trayectoria y que conozcan los problemas de cada municipio o distrito. O pueden caer nuevamente en repartir candidaturas por presiones, cuotas tribales, compromisos y lealtades internas. Deben considerar que una elección constitucional no está para considerar a personas improvisadas. Ya sabemos el resultado cuando eso pasa. Gobernar exige saber administrar recursos, otorgar servicios, garantizar seguridad y trabajar diariamente por las miles de personas que gobiernan. Legislar debe ser real, no se trata únicamente de ocupar una curul y levantar la mano cuando se los indiquen.
El voto no es un cheque en blanco
También corresponde a los ciudadanos asumir su responsabilidad. Aristóteles advertía de los riesgos de una política dominada por la demagogia. De liderazgos capaces de generar y aprovecharse del miedo, del enojo o de las necesidades de la población para tratar de ganarse el respaldo popular. Dos mil años después, el riesgo sigue latente. Las redes sociales incluso lo han acentuado. Una frase hecha con ingenio, un video viral, miles o hasta millones de seguidores. Hablamos también de campañas espectaculares que pueden construir popularidad, pero no necesariamente capacidad para gobernar a un pueblo.
Por eso, antes de votar, deben revisarse nombres, historias y resultados. ¿Qué hizo la o el político antes de pedir el voto? ¿Tiene probada experiencia? ¿Conoce el municipio o el distrito que quiere representar? ¿Ha cumplido cuando ya ha ejercido una responsabilidad pública? ¿Puede explicar qué quiere hacer y cómo pretende llevarlo a cabo? El ciudadano tiene derecho y debe preguntar, pero también tiene la obligación de recordar. El voto no debe definirse solamente por colores partidistas.
En 2027 se elegirán ayuntamientos y diputaciones, pero también debe consultarse la importancia de la calidad de los gobiernos que tendremos durante los siguientes tres años. Los partidos elegirán a sus candidatas y candidatos, sí, pero la última palabra estará en las urnas. Ahí no mandan las dirigencias, ni los acuerdos políticos ni las campañas millonarias. Los ciudadanos decidirán quiénes son quienes merecen ganar, razonar su voto. Deben decidir y tratar de hacerlo lo mejor posible, porque de ello depende el futuro de nuestra colonia, municipio, estado y país.

