El Senado junto con la Cámara de Diputados, solía ser no sólo un poder de los tres que conforman a la República sino el lugar donde el actuar público con apego a la ley y con un criterio sabio en el que la justicia y la sociedad que a ella se aplica tenga sentido, tanto para el Estado como para la comunidad. Ética y dignidad, justicia para imponer los principios constitucionales a los poderes y a la sociedad. Se requiere un Senado de altura que analice y genere una política creíble, viable y funcional en temas como el empleo, la seguridad, Pemex, CFE. Vamos, fijar el rumbo del gobierno.
Al Senado debieran definirlo la experiencia, el actuar legal, el estudio de la ley, de la historia, así como el análisis comparativo con otros países. La integridad que inspira ejemplo: vamos, la reflexión. No, en cambio; involucrarse en las descalificaciones, desorientar el rumbo, trabajar por los intereses propios y no cuidar del programa, la imagen y la ruta del Senado.
En el sexenio pasado, Ricardo Monreal no ayudó en este sentido. En el actuar, los valores y principios del Senado comandado por Gerardo Fernández Noroña, ha caído en el ridículo, ha sido llevado a un extremo de la poca dignidad para un senador, los senadores que comanda y la postura que en algunas materias debe asumir en México y el mundo. Luchar por las ideas evitando los malos chistes sobre las iniciativas en las que trabajan. Contar con una estrategia institucional más que con un espectáculo del humor y actos lamentables de traición a la Constitución.
Ha habido grandes senadoras y senadores que han dado brillo a la institución, inclusive entregando la prestigiada medalla Belisario Domínguez, una honorable presea, que otorga el Senado en ceremonia solemne a mexicanas o mexicanos destacados.
Pero todo eso se lo llevó el viento. El Senado se ha convertido en el teatro del humor y la burla o de engaño, donde la Patria y sus valores se están yendo al cesto de la basura. Ahí donde a la oposición al partido mayoritario no se le permite participar, ya que el salón de plenos se ha convertido en un campo de guerra, de batalla, en donde solo juegan desde los mejores hasta los espurios.