45 Crónicas Desde lo Local: La memoria que nos hace crecer
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45 Crónicas Desde lo Local: La memoria que nos hace crecer

Martes, 27 Enero 2026 00:15 Escrito por 
Reseñas y Sucesos Reseñas y Sucesos Edgar Tinoco González

Las historias que retratan la vida social son, quizá, el legado más valioso que una comunidad puede dejar a la posteridad. En ellas no solo se conservan los recuerdos, sino las razones profundas que explican quiénes somos y por qué somos así.

Escuchar las voces que construyeron cada comunidad —las de nuestros municipios, nuestras tradiciones, nuestras familias— es un acto fundamental para imaginar un futuro con prosperidad, pero aún más valioso, con identidad. No hay desarrollo posible si se desconoce el origen, ni proyecto colectivo que perdure sin memoria compartida.

En América Latina, la crónica ha sido ese punto de quiebre que nos permitió retratarnos tal como somos. No desde los grandes palacios del poder, sino desde la cocina donde se daba una charla familiar; desde la primera tienda que abrió en la comunidad; desde la llegada de quienes vinieron de fuera y se integraron al tejido social; desde la economía comunitaria, los oficios, las fiestas, los silencios y los conflictos.

De ahí nacieron las historias de personas comunes que, con el tiempo, se convirtieron en quienes tomaron decisiones públicas y marcaron el rumbo de sus pueblos; no necesariamente desde el estrado político, sino, las más de las veces, desde las actividades cotidianas que dejaron un profundo legado entre las personas.

Dos grandes plumas —sin ser necesariamente las más importantes— se han convertido para mí en referentes inevitables para entender la fuerza de esas voces que acarician el alma.

Gabriel García Márquez, con su pluma mágica, logró convertir lo local en universal. Sus historias no nacieron del artificio, sino de lo que escuchó, de lo que le contaron, de lo que vio y vivió en su entorno más inmediato.

Héctor Aguilar Camín, por su parte, partió de lo íntimo: anécdotas familiares, recuerdos personales, escenas cotidianas que, poco a poco, se transformaron en relatos colectivos escritos con una fluidez vivencial que nos hace sentir que alguien nos está hablando al oído.

Desde ahí parto para este nuevo proyecto: escribir 45 crónicas desde lo local, a partir de tres municipios hermanados, unidos por una misma raíz histórica, con diferente personalidad y con particularidades en su crecimiento, desarrollo e “intimidad pública”.

Almoloya de Juárez es agua, fuego y celebración. Es el Ojo de Agua que dio origen al asentamiento; son las luces que estallan en el cielo con la pirotecnia que marca fiestas y rituales; son las manos que construyen máscaras que, cada octubre, llenan de color, ironía y memoria la Feria de los Locos. Almoloya es identidad viva, una comunidad que se expresa a través del simbolismo y la fiesta, pero también del trabajo diario.

Otzolotepec es tradición que se mantiene firme. Cuna de una charrería imponente, es un municipio bicentenario donde el orgullo por lo propio convive con la modernidad. Industria y tradición no se contraponen: se complementan. Ahí, el folclor no es nostalgia, es presente; y el desarrollo económico no borra la memoria, la acompaña.

Temoaya es de una raíz milenaria profunda. Su cultura ancestral otomí nos permite entender, desde lo más hondo, cómo nacemos orgullosamente mexiquenses. Es territorio de resistencia cultural, de lengua, de símbolos que explican la relación con la tierra, con la comunidad y con el tiempo. Temoaya no solo conserva historia: la encarna.

Estas crónicas no buscan idealizar ni romantizar. Buscan retratar la realidad, con sus luces y sombras, con la certeza de que solo reconociendo lo que somos podremos construir lo que queremos ser. Porque, al final, contar nuestras historias no es mirar al pasado: es darle sentido al futuro.

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Edgar Tinoco González

Reseñas y sucesos