Héroes sin aplauso
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Publicado en Opinión

Héroes sin aplauso

Jueves, 05 Marzo 2026 00:10 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

El abatimiento de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder supremo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no representa únicamente la eliminación de la figura criminal más relevante de la última década. Simboliza, en principio, el colapso de la política de “abrazos, no balazos” y podría significar el retorno forzado del Estado a su condición primigenia: el ejercicio del monopolio de la fuerza legítima para garantizar el orden.

El análisis de este acto trasciende la crónica policial. Se sitúa en la intersección entre la ética del mando, la responsabilidad soberana y la construcción de una identidad nacional que debe decidir si se define por la claudicación o por el heroísmo de sus defensores.

La respuesta del CJNG ante la caída del jerarca no fue una serie de incidentes aislados, sino una maniobra coordinada de terrorismo urbano y rural. Muchos ciudadanos, en diversas ciudades, se sintieron sitiados, síntoma de un pueblo que ha internalizado la violencia como elemento cotidiano. Pero que, ante la acción del Estado, recupera momentáneamente la noción de que el orden es posible, aunque el costo sea desgarrador.

El hecho de que un solo día falleciera una cantidad de elementos equivalente a la casi totalidad de bajas de la Guardia Nacional en todo 2024 (26 elementos) indica que el Estado se enfrentó a un nivel de resistencia que las doctrinas preventivas del actual gobierno no anticiparon o simplemente prefirieron ignorar.

La victoria estratégica que representa el abatimiento de “El Mencho” tiene un precio de sangre que la sociedad mexicana no se puede permitir ignorar. Los 25 elementos de la Guardia Nacional que perdieron la vida en el cumplimiento de su deber son el testimonio más fehaciente de que la seguridad no se construye con retórica, sino con sacrificio. Este saldo letal ubica al operativo de Tapalpa como el acto más costoso para el cuerpo militar en la historia reciente y supera con creces las bajas sufridas en episodios previos de alto impacto.

El heroísmo no es la búsqueda temeraria de la muerte, sino la aceptación consciente del riesgo por un bien superior: la paz de la comunidad. Estos soldados no cayeron por “abrazar” a la delincuencia; cayeron protegiendo a una nación que, paradójicamente, a menudo cuestiona su presencia en las calles.

El punto controversial fue la intervención del General Ricardo Trevilla Trejo durante la conferencia matutina del 23 de febrero pasado. Se le quebró la voz, visiblemente conmovido, al mencionar el sacrificio de sus subordinados. Esto, sin duda, habla de una empatía como calidad humana loable, aunque en la alta jerarquía militar la voz quebrada puede interpretarse como una fisura en la moral institucional. Un militar por formación y doctrina abraza la posibilidad de la muerte como un desenlace inherente a su juramento. Mostrar flaqueza en el púlpito del poder político, ante un enemigo que utiliza el miedo como arma de guerra, es un error de comunicación estratégica.

Efraín González Luna nos recordaba que el Estado debe ser estructura de fortaleza y justicia, no un ente que se lamente de sus propias funciones. Los soldados necesitan saber que su sacrificio es valorado con entereza, con lágrimas que surgen ante la magnitud de la violencia criminal. Dijo el General Trevilla que “el Ejército cumplió con su misión”, y es esa la convicción que debe prevalecer por encima del sentimiento personal.

Un aspecto revelador, y relevante, de esta crisis fue la ausencia de la presidenta Sheinbaum en la ceremonia de honores fúnebres realizada el 25 de febrero en la base militar No. 5 en Zapopan. Mientras los féretros de los héroes de la nación estaban cubiertos por la bandera nacional y se entonaba el toque de silencio, la silla de la comandante suprema permaneció vacía.

La solidaridad no es sólo repartir dinero. Es acompañar el dolor de los servidores públicos en su momento más oscuro, el vacío referido se llenó con la duda ¿realmente respalda la integración de la fuerza necesaria para enfrentar a los cárteles o se avergüenza de los efectos de guerra que ya no puede negar?

Con estas líneas quiero manifestar mis más sinceras condolencias a las familias de los elementos que perdieron la vida en esta jornada histórica, espero mis palabras lleguen a su atribulado corazón. Estoy convencido que su sacrificio no fue en vano si los mexicanos logramos entender que la paz es un edificio que se construye sobre cimientos de justicia y valor.

Espero que México termine una época de claudicación. Sigue la etapa más difícil: cambiar la mentalidad de un pueblo que nunca más acepte la convivencia con la barbarie. Tenemos que ser capaces de vencer el miedo, reconocer a nuestros héroes y no descansar hasta que el orden y la justicia sea la regla y no la excepción. El heroísmo es el antídoto contra la decadencia y en Zapopan, ante los féretros cubiertos de gloria, México recordó que aún tiene hijos dispuestos a dar todo por su futuro.

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Juan Carlos Núñez

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