Alguna vez creyó López Obrador que sería el líder de todas las izquierdas en América Latina, pero le falló. Nunca el superizquierdista Lula da Silva lo iba a permitir. Y eso lo hizo mucho tiempo antes de que siquiera pudiera ser el presidente del también entonces poderoso México. Todavía recuerdo cuando estaba clasificado como uno de los ocho países más poderosos del mundo. Hace mucho y antes de que lo destruyeran los dos o ¿cinco? últimos presidentes. Pero los últimos uno y medio, ¡qué barbaridad!, creo que han hecho un desastre.
Barcos llenos de gasolina para Cuba; huachicol de sumas estratosféricas y no medibles; el petróleo regado por todo el Golfo de México, aceptado por Pemex en este mes, que ya ha contaminado más de 230 kms. de costa entre Veracruz y Tabasco, tras una fuga en un ducto del complejo de Cantarell de Pemex. Esta mancha afectó zonas sensibles y la pesca local.
Tras semanas de negar la magnitud, Pemex admitió la falla, resultando en la destitución de funcionarios y una investigación federal por opacidad y daño ambiental. En fin… de esto tenemos de sobra para convertirnos en el hazmerreír del derechista de Trump.
Por lo pronto, estamos dentro de una estrategia de apoyo para las izquierdas desde Europa. Hoy, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, quien es miembro del Partido Socialista Obrero Español, es quien convocó a la cumbre en donde está nuestra presidenta mexicana.
¡Qué desgracia! Ni la derecha ni la izquierda tienen fincada la democracia en este mundo, aunque nos unamos con singular alegría en Europa a Brasil, Colombia, España o a Cuba. Y, por otro lado, aunque le den a Trump el Premio Nobel de la Paz.
Y es que tengo en mis manos un artículo de Gerald Caiden. Se titula “La democracia y la corrupción”. Me vienen a la mente una serie de episodios de vida, en donde pasé por muchas cosas dolorosas y difíciles dentro de la administración pública. ¿Estaba yo equivocada o había alrededor de mí situaciones que eran ajenas e incluso inviolables? No entendía nada. Sufría y me dolía. Ahora lo entiendo.
Largos años después, encuentro que parte de esta está sumergida en largos episodios de corrupción y de falta de valores. Valores intrínsecos al ser humano cuando nace, como la justicia, el amor y la belleza.
No considero que en la vida moderna la democracia y la ética sean inseparables. Ambos son valores reconocidos por el hombre desde hace miles de años. Retomarlos en este tiempo me parece justo y necesario.
El que un ser humano crea en otro que lo gobierna es importante no solo para el hecho de gobernar, sino de vivir y de vivir bien. Cosa que en este momento no es fácil en ningún país del orbe.
El ser humano, por naturaleza, es corrupto. El autor dice que, aunque las democracias cometen algunas veces actos de corrupción, también los regímenes autocráticos, por su misma naturaleza, son corruptos.
Este artículo recalca la internacionalización de la corrupción y la incapacidad de las democracias del mundo para protegerse contra las influencias foráneas, tales como la erosión del servicio público, la subordinación del interés público y la infiltración del delito organizado en prácticamente todos los aspectos de la vida pública.
Al igual que países corruptos del Tercer Mundo compiten por recibir asistencia, inversiones y empleo, también existen organismos internacionales y nacionales corruptos que buscan nuevos mercados, nuevos recursos y nuevos canales de influencia, sin importarles mucho con quién tienen que tratar.
Pienso como nueva —o vieja— en la modalidad del crimen organizado. Los inescrupulosos siempre ven a la delantera y son creativos al obviar los obstáculos que entorpecen sus designios. La corrupción toca a todos. Corroe el sentir democrático. Si no se combate, se extiende con toda su fuerza, amenazando a la democracia misma.
Llega un momento en que los estados democráticos se tornan tan vulnerables que no se requiere de mucho esfuerzo para echarlos de lado: títeres contra titánicos invasores.
Los corruptos cada día se vuelven más hábiles para ocultar sus actos ilícitos y perversos, para cubrir todo rastro. Por más hábil que se quiere volver la administración pública, poniendo todo tipo de candados en donde existe el dinero o cualquier otra forma de obtener prebendas.
Economía paralela como el narcotráfico, el tráfico de influencias, el tráfico de órganos o de niños, o la prostitución en todas sus vertientes. Vemos cómo se extiende desde una esfera de la vida pública hacia otras, al ritmo de un incendio voraz, y pocos son los valientes que logran frenarla. Denunciarlo es cuestión de vida o muerte.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

