José María Cos
DigitalMex - Periodismo Confiable
Publicado en Opinión

José María Cos

Lunes, 23 Marzo 2026 00:10 Escrito por 
Con Singular Alegría Con Singular Alegría Gilda Montaño

¿Qué es la comunicación? ¿Es en verdad una ciencia o siquiera una técnica? Porque antes, los títulos que se daban en las facultades de ciencias políticas, y que se crearon hace cuarenta años, eran precisamente esos: los de licenciado en ciencias y técnicas de la comunicación, o de Periodismo y Comunicación Colectiva. Y le han agregado ya maestrías y doctorados. El mío de la UNAM dice: licenciado en Periodismo y Ciencias de la Información.

La comunicación es la “actividad humana por excelencia”, que ha sido usada desde siempre y por siempre, con muchos fines. Entre otros, en la política, al integrar y dar sentido a la información; la publicidad, la propaganda y las relaciones públicas. Al unir todo esto, se deriva un nombre común, que ha dado pauta incluso para que muchas universidades e instituciones de educación superior del mundo tengan carreras a las que llamamos Comunicación Social.

Mi maestro, Manuel Buendía, agregaba que la comunicación social es un “elemento constitutivo del ejercicio del poder”, cuyo objetivo se refiere a “la gestión democrática de los intereses de la sociedad”, así como al “óptimo funcionamiento de las instituciones de una administración pública moderna”.

Por ejemplo, la información periodística es uno de los medios fundamentales por los que la Comunicación Social expresa sus mensajes y contenidos, con una cobertura indispensable para que estos tengan repercusión en la conciencia y conducta de los individuos que conforman la sociedad.

A su vez, la información periodística es un componente de la realidad social que está constituido en sí como un todo, por un universo informativo vasto, general, múltiple y complejo, cuyo desarrollo se encamina a la modernización del desarrollo humano.

Por otro lado, allá por 1800, me imagino a José María Cos y Pérez, político, periodista, escritor y teólogo novohispano, solitario, arropado en sus ideas, para después transferirlas a ideales, por entre las veredas de una tierra que, pensada, hizo suya. Porque no se necesita nacer en este estado para sentirlo, afianzarse a él y crecer. Convertir sus puntos de vista en fracción participativa indiscutible de un batallar histórico, en la búsqueda de su verdad, que ha permanecido a lo largo de tiempo y circunstancia.

Y este Antiguo Real de Sultepec era caminado mil veces, y encontrado otras tantas. Y cuando José María Cos decidió hacer un periódico, pensó en esta tierra. Y con su propia imprenta, y con su estilo peculiar de hacer el trabajo con la inteligencia, la memoria y el compromiso, elaboró con propia mano los caracteres de madera para la tipografía de “El Ilustrador Nacional”.

Cuántas sensaciones acurruca esta tierra. Cuántos ensayos para transformar el pensamiento en la verdad y así decirla al mundo. Cuánta dificultad para ser honesto, defender su causa y erigirse en el creador de la primera imprenta que hubo en la entidad. Tierra que hizo suya en la estrategia de la lucha con base en el trabajo y la voluntad.

Y así, la historia registra a Cos como el primer periodista insurgente: sacerdote él, ideólogo, político, periodista, que imprimió con tintas para teñir rebozos y usó como prensa las enpuntadoras para apretar telas.

En esta proeza, periódico en mano, habilidad de convencimiento, lucha por al lado de tres titanes: Andrés Quintana Roo, Leona Vicario e Ignacio López Rayón.

Vino de Zacatecas un día e ingresó al seminario Tridentino de Guadalajara. Allí se tituló en teología. Caminó el país a través de ser párroco en Zacatecas, en Jalisco y en la capital del país.

Y allí, sin intimidaciones, se unió a la insurgencia. Formó parte de la tropa que los historiadores han llamado “Los dolientes de Hidalgo”, es decir, sus vengadores.

Con ese precario equipo, el doctor Cos agregó otra fuerza más a la Revolución de Independencia: fortaleció el movimiento con el arma de las ideas escritas.

En buena parte de su vida, el doctor José María Cos deja el sello de guerrillero social y aquí, en Sultepec, se convierte en luchador por la libertad con la palabra escrita; hace periodismo político y, de paso, deja como instrumento a la cultura la imprenta que alzó voces de justicia.

Hoy no recordamos a José María Cos por mero formulismo. Lo hacemos con el compromiso de recoger sus lecciones y defender los valores por los cuales luchó: democracia e independencia, y en el centro de los mismos, la libertad de expresión.

Pueblo, periodistas y gobierno deben sentir un compromiso histórico con el creador de “El Ilustrador Nacional”. De manera enfática, estar convencidos de que se debe alentar y defender la libertad de expresión.

La política ante los medios de comunicación de todo gobierno debe ser muy clara: la defensa irrestricta de la expresión, apertura a los medios masivos de comunicación y compromiso para dar la información que se solicite en cualquier momento.

Un medio de comunicación libre y serio, objetivo y sin halagos, es invaluable para un gobierno. Este sabe que, con libertad de expresión, es más rica la democracia.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Visto 128 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Gilda Montaño

Con singular alegría