Sheinbaum ha decidido de qué lado de la historia va a estar
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Sheinbaum ha decidido de qué lado de la historia va a estar

Miércoles, 06 Mayo 2026 00:05 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

El reloj marca la hora. Es momento de empezar un nuevo conteo. El miércoles 28 de abril marcará un antes y un después para el partido Morena. Aparentemente, las autoridades de EE. UU. se cansaron de esperar respuestas por parte del gobierno de México y formalizaron sendas denuncias por diversos delitos, entre ellos, por narcotráfico. Las acusaciones pesan en contra del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, del senador Enrique Inzunza Cázares y otros funcionarios y exfuncionarios de la misma entidad, señalados de presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.

Evidentemente, los personajes más sobresalientes, el gobernador y el senador, han manifestado que es un ataque contra la 4T. ¿Por qué? Porque apuestan por la defensa, como hasta ahora se ha hecho desde lo más alto del poder en el país; solo que pierden de vista que, en esta ocasión, no están los que señalan como los de la derecha o los conservadores de siempre.

La respuesta no fue la que podría parecer más atinada. La presidenta de México, montada en una exigencia de pruebas, se colocó a la defensiva del gobernador y presumió que los requeridos por el gobierno estadounidense serán investigados en México. ¿De verdad? Existen antecedentes de esas supuestas investigaciones que terminan en… nada.

Quizás sea parte de la razón por la que el gobierno de las barras y las estrellas deja en evidencia que no confía en su par al sur de su frontera. A raíz de la solicitud mencionada, se dijo que se iba a iniciar una investigación de este lado; es decir, no la había, como no la hubo con el asunto del que se han servido hasta el hartazgo de Genaro García Luna.

Pero eso no importó, eligieron un discurso apostando por la visión mediática que les daría el pretexto ideal para treparse en una aparente superioridad moral y señalar con el dedo flamígero al exdirector de Seguridad del gobierno de Felipe Calderón. Conveniente, pues se trataba del acérrimo enemigo del obradorato.

A pesar de que usaron y abusaron del procedimiento de García Luna, lanzándose en contra de Calderón, no hubo nunca la forma de involucrar legalmente al expresidente, porque, de haber sido así, más temprano que tarde lo hubieran llevado al banquillo de los acusados.

No pudo ser de la manera como le hubiese gustado al exmandatario Andrés López Obrador, porque las investigaciones y todo el procedimiento se llevó a cabo en la tierra del tío Sam. Pero tampoco existieron las famosas pruebas que demostrarían un presunto fraude en las elecciones de 2006. Es importante recordar que importantes personajes del movimiento, hoy morenista, entre ellos se encontraban Claudia Sheinbaum y Gerardo Fernández Noroña, llegaron con un diablito cargado con cajas vacías, que demostraban eso, lo vacío de su acusación; pero que les sirvió, hasta la fecha. La presidenta incluso a Calderón le llama: espurio, entreguista y vendepatrias.

Pero la verdad llega inexorable. Durante años, Rocha Moya ha sido señalado por estar asociado al crimen organizado, lo que se presume le dio el triunfo en las elecciones a gobernador. Su oscura declaración cuando “El Mayo” Zambada fue detenido y llevado al país del norte estuvo en el centro de la discusión, negando siempre su participación o posible vinculación con los hechos, en los que, además, fue asesinado su rival Héctor Melesio Cuén Ojeda, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Pero en México no existió indagatoria alguna que le quitara el sueño a Rocha Moya; a pesar de la infinidad de declaraciones y señalamientos en su contra por parte de los afectados, por el uso de la violencia para amedrentarlos o desaparecerlos el día de la elección. No separaron del cargo a nadie y todo se apostó al encubrimiento y olvido, que ha sido el sello de la casa desde el sexenio de López Obrador.

Solo que esta vez es diferente, se debe cuidar muy bien lo que se dice y, sobre todo, cómo se va a actuar frente al gobierno gringo, porque se ha abierto una puerta que será muy complicada cerrar.

El punto de quiebre se ha dado. Con voz temblorosa, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió el jueves 30 de abril a leer el posicionamiento del gobierno mexicano ante la solicitud de detención y extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y de otros nueve funcionarios. Anteriormente, Ulises Lara, investido como fiscal de Asuntos Relevantes de la Fiscalía General de la República (FGR), a quien difícilmente se le puede creer que cuenta con carrera ministerial, se pronunció por parte de esa institución, señalando que la solicitud americana carece de veracidad y sustento.

La FGR confirma que no había investigación alguna en curso. Independientemente de ello: ¿cómo se puede esperar que la institución a cargo de Ernestina Godoy determine algo en contra de Rocha Moya? Si, como antecedente, se encuentra el resultado de la línea 12 del Metro; incluso, se han dejado de lado otros asuntos de gran relevancia como el del “huachicol fiscal” o el de la “Barredora”, entre otros.

Sin embargo, la solicitud de EE. UU. no es improvisada. Fue presentada por la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York, por parte de Jay Clayton y el administrador de la DEA, Terrance C. Cole, contra el gobernador de Sinaloa y otros nueve funcionarios y exfuncionarios, y sometida a un gran jurado, el cual representa a los ciudadanos estadounidenses.

El gobierno no tiene mucho de dónde escoger; sin embargo, opta por convencerse de que, en una lucha emprendida contra Trump, le irá mejor. Eso traerá un futuro de pronóstico reservado, con oscuros nubarrones que se ciernen sobre la cabeza de la mandataria, y puede pasar cualquier cosa, pero romper definitivamente con el inquilino del rancho de feo nombre parece lejano.

Espera el gobierno que Estados Unidos envíe las pruebas que ya fueron presentadas y que un gran jurado valoró para pronunciarse por la orden emitida por un juez; saben de antemano la respuesta. Pero no pueden ignorar la calificación que, como grupos terroristas, impuso Trump a los cárteles mexicanos, menos aún sus consecuencias. La decisión de defender hasta lo último a los requeridos puede presumirse como la peor; tal vez sea por la posibilidad de que, cayendo uno, irán cayendo los demás como fichas de dominó.

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