Objetivo de la malograda reforma electoral
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Objetivo de la malograda reforma electoral

Miércoles, 25 Marzo 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

¿Cuál es el propósito de presentar un plan B, o C, o los que crean ser necesarios? No lo hay. Más bien, hablar de diversos planes para el caso de que no funcione el principal suena más a jugar con el alcance que pueda lograr un efectivo cabildeo por parte del o de los encargados para tal fin.

Nadie que no cuente con el consenso necesario y con la cantidad de votos que se requiere en el Congreso lanza una iniciativa de reforma constitucional para saber si cuaja y se logra; no es cualquier modificación, es: la modificación constitucional. En apariencia, es para mejorar las condiciones de convivencia democrática en el país y llevar a buen puerto las adecuaciones necesarias para implementar una mayor equidad frente al reto de la diversidad de pensamientos y representaciones de los grupos que en amplitud existen en el país.

Sin embargo, la reforma que dice la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo le exigió “el pueblo” debía presentar, porque según ella, ese pueblo está más preocupado por eso que por la seguridad, o por la infraestructura necesaria, por hospitales, escuelas, medicamentos o mejor nivel de vida; urge más que tal propuesta fuera presentada en su nombre y representación, ya que las elecciones “salen muy caras”.

Al respecto, es necesario hacer una pregunta básica: ¿en verdad es cara la democracia? Lo que sí son caros son los proyectos del expresidente Andrés López Obrador. Esos sí que salieron muy caros y que además ya han cobrado vidas. Y a estos no se les ha quitado un centavo porque son prioridad, aunque cabe la inquietud: ¿para quién? ¿Para el pueblo?

El verdadero propósito más bien es otro. El gobierno federal tiene una serie de pendientes frente a la sociedad que no logra resolver, y el tiempo se le acaba, porque se aproxima un año electoral en el que se comprometen gubernaturas, ayuntamientos y el Congreso de la Unión, y si los votantes se detuvieran por un segundo en fijarse cómo van a votar, calificando con esa decisión lo hecho hasta ahora por la administración actual, resultaría en una gran desventaja para Sheinbaum y la 4T. No hay mucho qué presumir y todo se reduce a los programas sociales que no necesitan más que destinar el dinero de las finanzas públicas para paliar el hambre de los más necesitados, nunca para sacarlos de la pobreza.

Consecuente a ello, el gobierno hace las cuentas y no le salen; necesariamente necesita un impulso para sus probables candidatos, porque el arte de la gobernanza nomás no se les da. Son muchos altos funcionarios los que tendrían que estar rindiendo cuentas ante la justicia que, en los tiempos en los que vivimos, brilla por su ausencia. Por ello, Sheinbaum ve necesario meter su nombre a la boleta electoral, considerando que será una especie de tsunami para que arrastre hasta a los impresentables.

De esta forma, con su 77 % de aprobación ciudadana, jalará a uno que otro inútil candidato para que sea visto con mejores ojos por los ciudadanos y poder ganar, confirmando aquel dicho que versa: “poniendo de candidato incluso a una vaca ganan”. No obstante, la presidenta debería sopesar su popularidad, porque habría que hacer una pregunta básica: ¿por qué, si es verdad que cuenta con ese alto porcentaje de popularidad, declina presentarse en el Estadio Azteca para la inauguración del Mundial? Solo es pregunta.

Por otro lado, la propuesta de la reforma electoral que envió el Ejecutivo federal tiene un tufo a un personaje que apareció recientemente para pedir dinero para la República de Cuba; responsable, por cierto, de una enorme cantidad de problemas que la nueva titular del Ejecutivo tendría que estar resolviendo, pero parece ser que no la deja, y esa imposición de reforma fue manejada por este desde antes que terminara su administración.

Regularmente, o al menos había sido esa la norma, los candidatos, partidos y opositores que perdían en alguna elección eran quienes presentaban quejas y promovían iniciativas por verse desfavorecidos por las reglas del juego. La necesidad de equilibrar las fuerzas políticas trajo como consecuencia la existencia primero del IFE y después del INE. Al día de hoy, tan desgastado como también lo está el Tribunal Electoral que participó con su visto bueno para que el partido en el poder actualmente goce de una sobrerepresentación tramposa.

Entonces, si la iniciativa no obedece a los reclamos de la oposición, ¿por qué se presenta y por qué con tanta urgencia se quieren imponer las “bondades” que dice perseguir? No es para equilibrar condiciones, menos aún para dar oportunidad a todos por igual para ganar espacios de poder; tampoco lo es para ahorrar dinero o combatir la corrupción, sino para imponer un pensamiento único y no soltar de ninguna manera los hilos de la nación.

Esa es la verdadera razón que se persigue con las modificaciones a la Constitución, así como para desaparecer las posibilidades de los enemigos de poder de siquiera competir en igualdad de condiciones. Lo que se busca es vencerlos mucho antes de que se enfrenten en la calle para ganar el voto ciudadano. Esto se logra al reducir las posibilidades de publicidad que serán superadas, y por mucho, por el gobierno; ¿cómo competir con la promoción de la imagen presidencial todos los días y la consecuente ayuda a “sus candidatos”?

El tamaño del descaro es similar a la necesidad de conservar lo que no se puede con buenos resultados o con la garantía de proyectar un mejor nivel de vida para la población y un mecanismo dirigido a promover a un país en vías plenas de desarrollo. Las cosas se han manejado de mal a muy mal, es por eso que no confían en sus “logros”, porque no se ven, y no se ven simplemente porque no existen en la forma en la que lo presumen.

El gobierno de Sheinbaum no quiere correr riesgos; no están preparados para soltar el poder, por eso se empeñan en hacer a los pequeños aún más pequeños y, si por ellos fuera, desaparecerlos. Incluso evitan la posibilidad de aquellos que persiguen el registro como partido político como “Somos México”, ya que enfrenta una serie de trampas destinadas a no permitirles lograrlo, de la misma forma que sucedió con “México Libre” de Felipe Calderón y Margarita Zavala.

Las reglas se imponen desde lo más alto del gobierno, se aplasta a la oposición y a cualquiera que quiera levantar la voz. Seguirán gobernando a través de discursos y promesas, mientras la carestía alcanza a las amas de casa. El aumento de precios ahoga a las familias mexicanas; peor escenario cuando se imponen nuevos impuestos, aun llamándolos actualizaciones. El cambio de nombre no cambia la desgracia, seguirá siendo el pueblo quien lo pague.

Por el bien de México no fueron primero los pobres para mejorar sus precarias condiciones, sino para beneficio de los pobres faltos de respeto y decencia. Pretender imponer una ideología desgastada y en desuso lanza a un infierno a los que pagan las consecuencias, mientras que aquellos continuarán con su envidiable condición dorada.

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Alfredo Albíter González

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