¿El Mundial o la escuela?
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Publicado en Opinión

¿El Mundial o la escuela?

Lunes, 11 Mayo 2026 00:05 Escrito por 
Sin Titubeos Sin Titubeos Diana Mancilla Álvarez

El futbol tiene en México una fuerza impresionante, es el rey de los deportes. Mueve emociones, paraliza ciudades y ahora hasta cambia calendarios escolares. La decisión de recorrer el ciclo escolar por el Mundial 2026 no se trata sólo de un ajuste por la onda de calor. A nadie se le engaña con eso. En realidad, retrata las prioridades del país y, cuando llega el espectáculo, todo lo demás pasa a segundo plano.

Es verdad, el argumento oficial tiene lógica. Nadie puede negar que una justa mundialista mete presión sobre la movilidad, la seguridad, el transporte y los servicios públicos. Las ciudades sede enfrentarán semanas muy complicadas y parece que el gobierno busca adelantarse al caos, sobre todo en la Ciudad de México. Tratan de evitar que millones de estudiantes y familias coincidan con el turismo internacional y, hasta cierto punto, parece razonable. El problema es que en México las decisiones “temporales” casi siempre muestran problemas mucho más profundos.

La escuela siempre es lo más fácil de mover

Hay una pregunta incómoda e inevitable: ¿por qué la educación es la parte que puede ajustarse? No se habla de frenar la burocracia, reducir eventos políticos o mover agendas oficiales. Lo que cambia es la escuela. Las escuelas particulares sufrirán las consecuencias económicas de manera terrible. Es grave lo que sucede en un país que arrastra rezagos educativos históricos y que todavía no se recupera del atraso de dos años que dejó la pandemia por COVID.

Claro que el Mundial de futbol traerá dinero. Hoteles llenos, restaurantes, turismo, consumo y una exposición internacional que cualquier gobierno quisiera presumir. Nadie discute el potencial económico del torneo. El problema aparece cuando se vende la idea de que cualquier decisión queda justificada con la promesa de una derrama económica que casi nunca se reparte de forma pareja. El futbol mueve millones, sí, pero ¿para quién?

Mucha fiesta, los mismos problemas

Además, hay un discurso político imposible de ignorar. Los gobiernos adoran los grandes eventos porque venden que hay modernidad, fiesta y proyección internacional. El Mundial funciona perfecto para la foto oficial. Estadios llenos, banderas, turismo y titulares optimistas. Pero mientras el país mira las tribunas, los problemas de fondo siguen intactos: escuelas con infraestructura deficiente, bajos niveles de aprendizaje y un sistema educativo que sobrevive más por el esfuerzo de maestros y familias que por una verdadera planeación de Estado.

Y ahí aparece la parte más preocupante de estas diferencias sobre si debía o no modificarse. Se normaliza pensar que la escuela puede acomodarse según convenga al calendario político o económico. Hoy es el futbol con el Mundial; mañana puede ser cualquier otra cosa que sea altamente mediática. La educación deja de verse como algo intocable y se hace flexible dentro de la logística gubernamental. Un precedente preocupante.

México puede disfrutar el Mundial y aprovechar lo bueno que deje. Nadie tiene que escoger entre futbol y educación. El problema real es que el país demuestra que, cuando llega el momento de decidir qué se protege primero, el espectáculo pesa más que todo. Y eso, más allá de cualquier gol o partido, debería abrir un debate profundo sobre el país que queremos construir.

 
 
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