Hace 32 años, la banda de rock mexicano Café Tacvba grabó su segundo disco, titulado RE. En esa producción musical, los entonces jóvenes de Ciudad Satélite, en el Edomex, reivindicaron el uso del huipil, el sombrero de paja, pantalones de manta y huaraches de suela de llanta como parte de su actitud punk. Mezclaron lenguas autóctonas, historias de familia y de la ciudad, crímenes pasionales y una conciencia ambiental a través del caló chilango, un poco de polka, mambo, bolero, música regional, hardcore y hip hop. Un disco ecléctico y fascinante.
Café Tacvba se atrevió a proponernos un cambio de actitud frente al mundo en el que vivimos. No en sentido metafórico o romántico, sino mediante el reconocimiento del mundo como expresión de la naturaleza contrapuesta al capitalismo salvaje, con canciones que le cantan al lugar donde habitamos junto a millones de especies con las que poblamos ríos, montañas, bosques y ciudades maravillosas que, poco a poco, hemos ido devastando bajo la idea del progreso tecnológico e industrial:
“Cómo es que te vas, Salvador, de la compañía si todavía hay mucho verdor.
¿Qué no ves que eres un puente entre el salvajismo y el modernismo?
Salvador el ingeniero, salvador de la humanidad”.
“Está muy bien lo que tú piensas, pero ¿por qué no tú te acuerdas
que la nuestra es una civilización muy avanzada… como dice la gente?”.
En la canción "El Ciclón", a ritmo de rap y hip hop, hacen un homenaje a esa extraordinaria y brutal expresión de la naturaleza que son los huracanes y a la convivencia entre especies; el equilibrio e igualdad de circunstancias a las que todo el reino natural se enfrenta cuando la fuerza de una calamidad se impone y arrasa con todo a su paso. Una pieza musical que, ya desde 1994, nos advertía del cambio climático y del calentamiento global como consecuencia de una desmedida industrialización:
“Gira y da vueltas y rueda girando, gira y da vueltas y rueda y rueda.
Quiero hacerla un cuadrado, deformarla en un triángulo,
pero la vida siempre vuelve a su forma circular.
La única que puede darnos vueltas es Dios. Hay tan pocas flores ya, peces, agua,
que pensé que la vuelta no daría, hoy tu hijo me respira.
Si el equilibrio es Dios y el equilibrio murió… ¿Qué pasó con Dios?”.
Así, RE se convirtió en una declaración de principios, en una premonición de los tiempos que estaban por venir; una llamada de alerta musical, risueña y divertida, pero que traía consigo una seria y profunda preocupación por el planeta y su devastación antes de concluir el siglo XX. Café Tacvba nos cantaba desde entonces que el mundo estaba cambiando aceleradamente y no para bien. "El Aparato" (ese Objeto Volador No Identificado) simbolizaba el oscuro horizonte tecnológico que aún estábamos por descubrir cuando aún no existían los dispositivos móviles y que hoy, al rebasar el primer cuarto del siglo XXI, se materializó con la hiperconectividad, la proliferación de teléfonos celulares, la videovigilancia y la intervención de la inteligencia artificial en todo el quehacer humano.
“Ya no sé ni qué pensar desde que llegó una carta del hospital.
Pablo tiene quemaduras y ceguera permanente, no quiere hablar…
Ay, yo sé que vendrá por mí”.
Las expresiones artísticas como la música, el cine y la literatura son vehículos eficaces del sentimiento humano, de sus preocupaciones, deseos y sus peores pesadillas. Café Tacvba le cantó a los peces, a las flores, al color verde, a la noche y sus estrellas. ¿Hasta dónde hemos llegado? Quizá más allá de lo que imaginó la humanidad en tan poco tiempo.
Como muestra de la decadencia actual, el pasado 7 de mayo de 2026, 32 años después de que RE saliera al mercado musical para sensibilizar sobre la debacle ecológica, la Secretaría de Educación Pública Federal informó que el ciclo escolar en todo el país sería recortado al 7 de junio debido a las intensas olas de calor que se pronostican y a la celebración del mundial de fútbol. Dos fenómenos perturbadores, uno de origen climático y otro socio-organizativo, amenazan la vida de la población, no solo infantil.
Más allá de la veracidad o no de los argumentos y ponderaciones gubernamentales, la legitimidad y viabilidad de esta desproporcionada decisión —quitarle seis semanas al calendario escolar nacional de un plumazo— sienta un precedente alarmante: el clima y la desbordante comercialización de un evento deportivo masivo alteran la seguridad y protección de las personas. Hasta aquí hemos llegado.
¡Que su semana sea de éxito!
Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en Gestión de Riesgos de Desastre
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