Peligro y Amenaza
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Publicado en Opinión

Peligro y Amenaza

Lunes, 04 Mayo 2026 00:00 Escrito por 
Sin Riesgos Sin Riesgos Hugo Antonio Espinosa

Para realizar un análisis de riesgos de desastre deben considerarse seis categorías básicas, las cuales corresponden a los componentes imprescindibles de una estimación del riesgo: peligro, amenaza, vulnerabilidad, exposición, capacidad y riesgo, cuya naturaleza y características son dinámicas y multifactoriales. Cada una tiene una función, un periodo y una condición situacional que, al combinarse y concatenarse entre sí, producen impactos y consecuencias que pueden preverse (antes de que ocurran), corregirse o compensarse (si están en proceso o ya sucedieron); y prospectar acciones anticipadas (para que no ocurran).

El peligro representa la probabilidad de que acontezca un fenómeno perturbador potencialmente dañino, de cierta intensidad, en un periodo y sitio determinados; por ejemplo, una lluvia torrencial. En este orden de ideas, el suceso natural o antrópico en el que se materializa dicho peligro es una amenaza, la cual es capaz de desencadenar una situación de emergencia o desastre con múltiples afectaciones y cuyos efectos en lo local o regional pueden ocasionar muertes, efectos en la salud, daños a los bienes, alteraciones sociales y económicas o daños ambientales, como un deslizamiento de ladera provocado por la referida lluvia.

El peligro es la probabilidad de un evento con un valor de origen de gran magnitud. Cuando esta probabilidad se materializa y ocurre el evento, se traduce en una amenaza; por ejemplo, una inundación pluvial súbita provocada por una peligrosa lluvia torrencial. Es decir, la amenaza es una expresión activa (o materialización) del peligro en un espacio y tiempo determinados, cuya intensidad es variable según su ubicación espacial. El primero es la probabilidad de ocurrencia y la segunda es la expresión física de ese fenómeno de gran fuerza.

Un mismo peligro puede ser el origen de varios tipos de amenazas. La probabilidad de que ocurra un sismo de gran magnitud, por ejemplo, es un peligro que, al analizarlo, permite comprender cómo se manifestarán diversas amenazas por la intensidad con la que ese mismo sismo se manifieste en diferentes territorios con respecto a su epicentro y a los efectos de sitio. El peligro de una lluvia extrema puede amenazar con una inundación pluvial o con un deslizamiento de ladera. Conocer el peligro permite saber las probabilidades de que ocurra un fenómeno de gran magnitud, mientras que conocer la amenaza permite tomar acciones específicas antes de que el fenómeno impacte y aminorar su intensidad (mitigación de riesgos).

Los componentes físicos del riesgo son el peligro y la amenaza, siendo el primero la probabilidad de mediano y largo plazo de la ocurrencia de un evento cuyo impacto sea significativo, y la segunda la intensidad con la que se materializa el peligro a partir de la combinación de vulnerabilidades identificadas en el corto plazo. La cantidad de medios afectables (personas, bienes, infraestructura, medio ambiente, etcétera) que se localizan en los lugares donde las amenazas son más intensas determina el nivel de exposición.

El peligro es una categoría de tendencia dinámica; identificar los cambios en su probabilidad de ocurrencia y sus niveles de magnitud es importante para la planeación y el diseño de medidas preventivas en el mediano y largo plazo, es decir, localizar las condiciones para prevenir el riesgo futuro y reducir el riesgo existente. Por otro lado, esbozar modelos de amenaza y la identificación de escenarios de riesgo, latente o inminente, ayuda a preparar la respuesta y coordinar los esfuerzos al concretarse el impacto.

Calcular el peligro y sus características en eventos extremos ya sucedidos históricamente ayuda a establecer pronósticos cuantitativos, analizando series y repeticiones de condiciones dadas por la magnitud y la intensidad de los fenómenos que se analicen; esto permite estimar valores y su variabilidad para la creación de escenarios.

Por ejemplo, ante una amenaza de inundación, influyen la pendiente, la forma de la cuenca, la topografía, el tipo de suelo, la vegetación, la permeabilidad determinada por la actividad humana, la capacidad y tipo de desagüe y los servicios ecosistémicos. Con todos estos elementos, y otros más que se puedan incorporar al análisis, se puede mapear mejor la posibilidad de un riesgo de desastre y actuar anticipadamente. Esto es protección civil. ¡Feliz fin de semana!

Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en gestión de riesgos de desastre
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