La exoneración de Pemex
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La exoneración de Pemex

Miércoles, 08 Abril 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Desde que la científica Claudia Sheinbaum Pardo asumió el cargo de presidenta de México, no ha dejado de apagar los incendios mediáticos que le heredó Andrés López Obrador, al que, sobra decir, defiende por encima de lo que podría ser considerado prudente. Ante esta condición, resulta irrisorio que, a pesar de lo evidente, siga diciendo que aquel al que aún sigue llamando presidente no le dice lo que debe o no hacer.

Durante gran parte de lo que lleva de su administración, la mandataria se la ha pasado tapando enormes agujeros económicos y escándalos que involucran a gran parte de los funcionarios que se quedaron a buen resguardo después de finalizado el gobierno de López.

Esa herencia maldita la tiene atada de manos y no es necesario que lo acepte; es lamentable y triste que la primera mujer que se vanagloria por tomar el cargo de la primera magistratura del país se vea obligada a trabajar bajo esas condiciones que, por más que lo niegue, no forman parte de su ideal.

Simplemente habría que recordar que al inicio de su gestión había dicho que la reforma al Poder Judicial tendría que revisarse.

Nadie, que no sea ella misma o tal vez su círculo más cercano, puede decir qué sucedió para que cambiara de opinión, pero tampoco hace falta ser adivino. Tantas veces que se repite, y las mismas que se actualiza: “en política no existen las coincidencias”.

No obstante, el talante de Sheinbaum, al igual que su antecesor, se apoya en un discurso conveniente que oculta gran parte de la verdad. Decir mentiras o medias verdades al final es lo mismo; se utiliza el engaño como forma de hacer política, deslizando frases, hechos o señalamientos difíciles de ser investigados, los cuales adquieren mayor relevancia ahora que las instituciones encargadas de exigir transparencia a los gobernantes fueron aniquiladas.

En ese contexto, sin instituciones independientes que exijan transparencia y con una Comisión Nacional de Derechos Humanos inoperante —que apoya sus logros a través de comerciales en los que refiere que un alto porcentaje de la comunidad aprueba su trabajo—, la sociedad transita en la confusión ante la postura gubernamental.

Y cuando parece que ya se ha visto lo más indecente para defender a los impresentables que parecen dispuestos a encontrarle el límite a su presidenta, así como para defender al propio López y sus hijos, surge una cruda realidad: aún no se ha visto lo peor, pues se avecina una tormenta política y económica, tanto nacional como internacional, que pondrá al gobierno de cabeza.

Y de tantas tragedias que han bañado de sangre al gobierno de Sheinbaum, se suma lo ocurrido en Tabasco, alrededor de ese mamotreto llamado refinería Tolteca, ubicada en el municipio de Paraíso, en donde una explosión cobró la vida de cinco personas.

Poco después, las autoridades detectaron residuos de hidrocarburos y, aunque el descubrimiento generó múltiples contradicciones respecto del origen de dicha derrama y, como ya ha venido siendo costumbre, el gobierno federal negó cualquier implicación que involucre a Pemex, tal aseveración queda completamente insostenible porque, a decir verdad, no se puede considerar alguna otra fuente diferente con esas características.

Respecto al contaminante, se dio a conocer que la Capitanía del Puerto Regional de Dos Bocas limitó la navegación y las actividades marinas en el Río Seco, debido a que los residuos representan un riesgo para la seguridad marítima y el medio ambiente. En un comunicado se señaló: “queda estrictamente prohibido realizar maniobras que puedan agravar la dispersión del contaminante”. El derrame de petróleo ha afectado tanto a Tabasco como a Veracruz, pero antes de que se pudiera colocar a Pemex como posible responsable, salió la presidenta en su mañanera a decir que no es derrame de la empresa.

Sin embargo, la presidenta no dice cómo llegó a esa conclusión, ya que al hablar del hecho refiere que fue ocasionado por un barco y que se están haciendo todas las investigaciones para dar con los responsables, que además le había pedido a la Fiscalía General de la República que pudiera intervenir, “porque finalmente ya hay delito penal en este caso”. Independientemente del pleonasmo, la intervención de la Fiscalía, dirigida por Ernestina Godoy, hace recordar la determinación con lo ocurrido con la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México. ¿Alguien puede creer que habrá alguna otra diferente a lo asegurado por la mandataria en este caso?

La titular del Ejecutivo federal ya sentenció: “no es derrame de Pemex, pero Pemex está haciendo todo para la limpieza del océano y las playas. Vi varias notas el día de ayer; le pedí al director de Pemex que se fuera él personalmente a ver cómo está la situación, para ver si se requieren más recursos y avanzar todavía más en la limpieza, y aparte está lo que ocurrió afuera de la refinería Olmeca, Dos Bocas, que pudo haber tenido alguna implicación en derrame, pero en todo caso es menor. Lo principal fue un barco de una empresa que tuvo ese derrame y que Pemex está ayudando a limpiar; está la PROFEPA ahí también, SEMARNAT y todo el recurso que sea necesario para ayudar a los pescadores”.

A pesar de lo anterior y del interés de querer cerrar el episodio lo más pronto posible, no se puede dejar de lado que el derrame ha impactado más de 630 kilómetros de litoral y afecta a Veracruz y Tabasco. El Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la Universidad Autónoma de Baja California ha analizado imágenes entre 2018 y 2024: los derrames son mucho más de lo que se conoce. Se analizaron 79 meses, que equivalen a seis años y medio, por científicos, y detectaron la presencia de manchas de petróleo en el mar en 74 meses.

Este análisis fue realizado por académicos y alumnos del Instituto de Investigaciones Oceanológicas, Facultad de Ciencias Marinas y de la Facultad de Ciencias, unidades académicas del campus Ensenada de la Universidad Autónoma de Baja California.

Al continuar con el tema, declaró la presidenta que la misteriosa empresa dueña del barco que provocó este percance tiene que resarcir los daños; puede haber un apoyo, pero tiene que haber la certeza de quién fue que provocó este percance y las consecuencias que esto implica en términos administrativos, que sería la PROFEPA, e incluso penales, que sería la Fiscalía. Pemex no tuvo nada que ver, Víctor Rodríguez no tuvo nada que ver y solo apoya en la limpieza del océano y playas.

Ya sea el barco “fantasma”, o chapopoteras, o Felipe Calderón, o García Luna, es poco probable que el gobierno federal acepte la responsabilidad de Pemex o que algo haya tenido que ver la refinería de Dos Bocas; y si se considera que para la mandataria federal la explosión que dejó como saldo cinco personas muertas es algo menor, entonces el escenario se ve aún peor de lo que la imaginación pueda aceptar.

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio