¿Cómo lidiar con un bully?
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¿Cómo lidiar con un bully?

Miércoles, 11 Marzo 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

¿Cuántas son las ocasiones en las que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha exigido a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) intervenir en las resoluciones de los conflictos en los que está involucrado Estados Unidos?

Lo hizo luego del bloqueo ordenado por el presidente Donald Trump a los barcos petroleros venezolanos en diciembre de 2025. La mandataria pidió a la ONU evitar que hubiera un “derramamiento de sangre”, afirmando que no se ha visto al organismo internacional “asumir su papel” en la mediación de conflictos.

Como lo hizo su antecesor y mentor Andrés López Obrador, la presidenta recurrió al discurso de mantener su posición en contra de la injerencia extranjera y a favor de la autodeterminación de los pueblos, así como a la solución pacífica de los conflictos.

De la misma forma se manifestó por el conflicto en Medio Oriente, al expresar que la ONU perdió fuerza y volvió a insistir en su intervención para encontrar una solución pacífica tras el ataque de EU e Israel a Irán.

Sheinbaum continuamente ha cuestionado el papel del organismo internacional y su papel frente a los conflictos actuales, señalando con insistencia que ha dejado de cumplir su función original de garantizar un equilibrio entre naciones.

“Se imponen los países con mayor fuerza militar y eso no puede ser”, refirió al recordar que, tras la Segunda Guerra Mundial, la ONU fue concebida como un espacio en donde todas las naciones tuvieran una representación en igualdad de condiciones.

También se ha manifestado por el supuesto embargo comercial hacia Cuba, presumiendo que México fue el único país que votó en contra del bloqueo en la Organización de los Estados Americanos (OEA). “La postura mexicana es soberana y vinculada al humanismo, al considerar que los pueblos no tienen por qué sufrir y que quien sufre es el pueblo con el bloqueo de Washington”, dijo.

Sin embargo, Christopher Landau, ex embajador de Estados Unidos en México, expresó su desacuerdo con lo asegurado por Sheinbaum, señalando que “no existe un bloqueo comercial estadounidense contra la isla, ya que un bloqueo implica un cerco que impide el acceso de bienes o visitantes y que Cuba mantiene relaciones comerciales y recibe importaciones de muchos países, incluidos envíos energéticos procedentes de México”.

No obstante, el 2 de febrero, el presidente Donald Trump afirmó que México dejará de enviar petróleo a Cuba, en el contexto de las negociaciones que mantiene con ese país y del endurecimiento de las medidas desplegadas contra la isla, asegurando que la nación caribeña ya no recibe apoyo energético ni financiero de otros países, principalmente de Venezuela, y afirmó de manera directa que México suspenderá el envío de crudo.

Bajo estas condiciones, las amenazas lanzadas por Trump en contra de los países que pretendan auxiliar a Cuba fueron determinantes. Quien se atreva a ignorar tal advertencia tendrá que lidiar con un aumento de aranceles, medida que se ha convertido en la más utilizada por el presidente estadounidense porque le ha funcionado. ¿Quién se va a atrever a contradecir al poderoso del norte?

Sobre todo, ¿quién puede ignorar los alcances que está dispuesto el mandatario estadounidense a explorar?, como ya lo dejó de manifiesto con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Basta recordar que el presidente colombiano Gustavo Petro dejó de lado sus bravuconadas en contra del imperio para acercarse lo más pronto posible y amainar la escalada de molestia que se observaba ya por parte del presidente-empresario.

Donald Trump ha dejado en claro una cosa: es impredecible. Pero cuando se decide, lo hace. Independientemente de lo que puedan decir o no los organismos internacionales, su postura no va alineada con ellos. ¿Quién puede o quiere hacerle frente?

Luz en la calle, oscuridad en la casa

Por otro lado, desde hace más de siete años México sufre los embates ordenados por el Poder Ejecutivo. Antes con Andrés López Obrador, ahora con Claudia Sheinbaum. La misión es la misma: imponer una política pública que pase por encima de cualquier posición contraria.

López Obrador, el bully mexicano, aderezó su objetivo primordial en contra de todos los contrapesos que le estorbaban para hacer a sus anchas su entera voluntad. Colonizó y derribó instituciones consideradas fuertes para aspirar a una democracia real; sin la menor preocupación lanzó una cruzada, pretextando enfrentar a la corrupción, pero terminó imponiendo una propia y más agresiva.

Con el favor del poder acumulado, López Obrador principalmente, y después Claudia Sheinbaum, decidieron arrinconar cualquier vestigio de adversario que se les pudiera indigestar; ya fueran empresarios, políticos, comunicadores o representantes de la sociedad civil. Para el objetivo, son lo mismo. Nada los detuvo.

Con el control del poder y sin rubor alguno, principalmente López Obrador tomó decisiones lapidarias, como la orden de detener las obras del aeropuerto que se construía en Texcoco o la destrucción de la selva para construir el Tren Maya. Lo más grave es que, en estas, como en todas las obras del gobierno, se ha presentado un común denominador: corrupción. Peor aún, no existen culpables; lo que sí hay es una férrea defensa de políticos ligados a la 4T que pudieran estar relacionados con ese flagelo.

La reciente publicación del libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, “Ni Venganza Ni Perdón”, confirma lo que ya se percibía. La forma de gobernar —o de desgobernar— de Obrador se apoyó únicamente en ideologías. Las manifestaciones de quien fue su representante jurídico dejan ver la simpleza de un político soberbio, absurdo y ególatra, decidiendo por todo un pueblo con base en la arrogante postura de una aparente visión transformadora de nación; el “primero los pobres” fue únicamente útil en el discurso.

Ahora bien, ¿con qué calidad moral la presidenta exige que un organismo le diga a Donald Trump qué hacer? Primero debería encontrar una respuesta coherente al señalamiento de que México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Es absurdo exigir lo que no se hace en casa.

La 4T nunca ha escuchado a nadie, menos aún a los considerados enemigos del régimen. ¿Con qué cara se pide que otro sí obedezca las normas, los tratados, las buenas formas, la ley? (no me vengan con el cuento de que la ley es la ley). Sheinbaum predica en el desierto y es escuchada y aplaudida sin queja alguna por quien recibe dádivas; no es la poseedora de la verdad, pero tampoco de la congruencia.

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Alfredo Albíter González

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