Un cisma, dice la Real Academia de la Lengua Española, es una división, separación, secesión, ruptura, desavenencia, discordia, disensión, antagonismo u hostilidad. Estos calificativos se aplican a la perfección a lo que sucede en el Movimiento de Regeneración Nacional en estos momentos.
El abrupto regreso, sin previo aviso, de Rubén Rocha Moya al gobierno de Sinaloa movió no solo al gobierno emanado de la 4T, sino a todo Morena en su contra, al grado de que el mandatario sinaloense, acusado por el gobierno de los Estados Unidos de mantener relaciones con grupos delictivos, tuvo que solicitar licencia indefinida al día siguiente de su retorno al poder.
La presidenta Sheinbaum trató de poner orden al señalar que “ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación. Mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”.
Pero fue más allá, pues señaló que “el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo termina enfrentándose a la historia”. Este mensaje, que iba dirigido no a Rocha Moya, sino a quien trata de seguir moviendo los hilos de la política nacional desde Chiapas.
“Te lo digo a ti, Juana, para que lo entiendas tú, Chencha”, dice el refrán popular, y eso cobra mayor sentido cuando la presidenta agrega con claridad que “México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la nación es eterna. El pueblo no está para alimentar ambiciones personales; está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza”.
Y finaliza su mensaje con una expresión lapidaria: “por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la nación”.
Vale recordar que todo esto empezó cuando el gobierno estadounidense decidió retirar la visa a Andy López Beltrán, antesala de una probable denuncia en contra del hijo del expresidente, y AMLO se molestó demasiado al considerar que desde Palacio Nacional no se defendió como debiera ser al vástago tabasqueño.
A partir de ese momento circularon versiones que apuntaban hacia un rompimiento entre Palenque y Palacio Nacional y la exigencia de lealtad a prominentes figuras del morenismo, que culminaron con el desafío de Rocha Moya en un intento por demostrar públicamente dónde estaba el poder.
La respuesta oficial no pudo ser más contundente: un mensaje en redes sociales donde el gobierno federal se deslinda de la decisión del mandatario sinaloense; un mensaje firmado por todos los gobernadores del morenato, que también se deslindaron de Rocha Moya.
La puntilla la dieron los integrantes del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso federal, quienes exhortaron, respetuosamente, a Rubén Rocha Moya a reconsiderar su decisión de reincorporarse al gobierno estatal, para que la Fiscalía General de la República y demás autoridades competentes continúen y concluyan las investigaciones en torno a su persona con plena autonomía.
Advierten los legisladores que comparten la convicción de la presidenta Sheinbaum de que nadie puede situarse por encima de la ley ni permanecer impune frente a la justicia; pero, además, alertan que ningún interés o circunstancia personal debe comprometer los intereses superiores de la nación ni afectar la relación de México con otro país. De nuevo, el mensaje es claro y tiene destinatario.
Esto representa un rompimiento frontal o quizá el inicio de una nueva correlación de fuerzas al interior de Morena que, sin duda, se reflejará en las elecciones del año próximo, si no es que antes termina reventando por la parte más delgada.

