Implementar un Sistema Contra Incendios (SCI) no es sencillo y depende de varios factores. El tamaño del inmueble y el material combustible que se aloja en su interior son elementos determinantes, ya que el riesgo de incendio se clasifica a partir de estos, así como de la distribución espacial de los materiales combustibles y de la resistencia al fuego de los materiales que delimitan las áreas entre sí.
Una adecuada distribución del mobiliario, equipo y materiales, por distanciamiento, marca la diferencia para determinar el grado de riesgo; asimismo, la ubicación de las personas y las estrategias de almacenaje dentro de una bodega o nave industrial también son importantes. El Apéndice A de la NOM-002-STPS-2010, Condiciones de seguridad-Prevención y protección contra incendios en los centros de trabajo, es la guía perfecta y autorizada para elaborar el Estudio de Clasificación de Riesgo de Incendio (ECRI), a partir del cual se toman decisiones para implementar el tipo y las características de un SCI.
La superficie construida del centro de trabajo y de las áreas que lo integran es la base del ECRI; luego se registra el inventario máximo de materiales, sustancias o productos que hayan ingresado al almacén en el transcurso de un año, y aquellos que se procesen y se manejen al interior del inmueble, considerando la cantidad real existente a la hora de hacer el estudio.
Mediante una sencilla ecuación de los inventarios de gases y líquidos inflamables, y líquidos y sólidos combustibles dentro del inmueble, y en cada área debidamente delimitada, se determina una cifra en kilos y litros a partir del coeficiente UNO; si el número resultante de la ecuación es menor que UNO, el riesgo de incendio del inmueble o área en cuestión es ordinario; si el resultado es igual o mayor que UNO, el grado de riesgo es alto.
A partir del resultado del inventario, en combinación con la superficie construida, se determina al inmueble con riesgo ordinario cuando este es menor a 3,000 m² y el inventario menor a UNO; será de riesgo alto cuando el centro de trabajo tenga una superficie mayor a 3,000 m². Indistintamente de los metros construidos del inmueble, si el inventario es mayor a UNO, será de alto riesgo.
Una vez determinado el riesgo de incendio, se elegirá el tipo de equipo requerido, entendiendo que son aparatos o dispositivos, automáticos o manuales, instalados y disponibles para controlar y combatir incendios cuyo uso depende de las características del inmueble, el giro, las condiciones de operación y el tipo de riesgo de incendio identificado. Hay portátiles, móviles y fijos. Todos para extinguir fuego incipiente o conatos de incendio.
Con un peso no mayor a 20 kilogramos, los portátiles se pueden transportar y operar manualmente y son los más comunes, indicados para inmuebles con riesgo ordinario. Los móviles, con peso superior a 20 kilogramos, poseen ruedas para su manejo adecuado. Indicados para ser colocados en pasillos prolongados, en almacenes y naves industriales con estibas mayores a 2 metros de altura. Los equipos fijos pueden ser de operación manual, semiautomática y automática y de diversos agentes extintores, según el tipo de fuego que han de combatir. Su instalación es permanente.
En inmuebles con más de 3,000 m² de superficie construida con inventarios grandes de madera, papel u otro tipo de materiales orgánicos (fuego clase A y B), es necesaria la instalación de hidrantes de operación manual, ya que el agua es el agente extintor más recomendado para sofocar –mediante uso de mangueras– el fuego incipiente en alturas y distancias considerables.
Existen también los sistemas automáticos de rociadores y aspersores, cuyo uso es recomendado en espacios de difícil acceso, o en aquellos en donde no es posible la supervisión directa y el monitoreo permanente en sitio; en estos sistemas se depende de detectores de humo y de calor para que, al detectarse la presencia de humo o calor, de forma automática, se activen las válvulas de diluvio que dotan al sistema de rociadores (de agua) y aspersores (de gas) en los sitios donde se activó una alarma (muy común en hoteles y restaurantes).
También hay sistemas de rocío de espuma especial –para casos de materiales combustibles especiales y equipo electrónico–; así como cañones para disparar con alta precisión en incendios ya declarados. La ubicación del equipo contra incendios debe estar sustentada en un croquis general del inmueble y de cada una de las áreas en donde está instalado el equipo. Y este croquis forma parte del Programa Interno de Protección Civil que por ley debe tener el centro de trabajo. Su señalización, accesibilidad y visibilidad deben ser garantizadas y su mantenimiento y recarga, de forma anualizada también –para el caso de extintores portátiles–, considerando las normas correspondientes.
Como puede apreciarse, no es difícil instalar un sistema contra incendios si se toman como referencia las normas aplicables y el apoyo de personal especializado para hacer el ECRI y capacitado (para operarlo). Un SCI adecuado, disponible y óptimo garantiza la seguridad de las operaciones y la salvaguarda de las personas, los bienes y el entorno de los centros de trabajo. Nunca es un gasto, es una inversión y una garantía para el patrimonio. Esto es Protección Civil. ¡Que su semana sea de éxito!
Hugo Antonio Espinosa Funcionario, Académico y Asesor en Gestión de Riesgos de Desastre Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

