La fórmula mágica para frenar los homicidios dolosos en México
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La fórmula mágica para frenar los homicidios dolosos en México

Miércoles, 28 Enero 2026 00:30 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Son varios los ejemplos que han surgido de la magistral imaginación gubernamental para resolver los problemas que aquejan a los mexicanos. ¿Por qué no lo habíamos pensado antes? Y es tan sencillo, que hasta parece ridículo no haberlo visto así después de tantos desacuerdos, enfrentamientos y manifestaciones sociales.

La solución es simple: si el número de homicidios violentos tiene asustada a la población porque es la medida que orienta sobre la escalada de violencia que se presenta en el país y la cantidad va en aumento de forma alarmante, la respuesta es sencilla: tan solo es darle un giro a la designación y ya.

No obstante, realizar comparaciones de los resultados que arrojan las estadísticas al final de cada administración es fundamental, porque de esa manera se pueden medir los avances que se logran en materias sensibles de la vida pública del país, como lo es sin lugar a dudas, el de la seguridad.

La efectividad de los proyectos encaminados a resolver los problemas que enfrenta México revisten de la mayor importancia, ya que representan la posibilidad de alcanzar una mejor calidad de vida, marcando diferencia del antes y después respecto de cada sexenio. Esa es la idea, por eso el voto ciudadano se convierte en la decisión que la mayoría ejerce para votar en favor de quien pueda mejorar las cosas; por esa razón, los candidatos prometen de todo con tal de ganar la preferencia y se presentan como la solución de todos los males habidos y por haber.

A pesar de lo que ofrecen los políticos, una cosa es lo que prometen y otra muy distinta lo que se hace o se puede hacer. Lo aceptó en su momento el expresidente Andrés López Obrador, consciente que muchas de sus propuestas escapaban a la posibilidad de ser realizables, pero, a los políticos como él eso no tiene mayor importancia, lo que deseaba era acomodarse en la silla del águila, independientemente de la forma.

El problema es que el voto efectivo deja de ser útil cuando existe un proyecto que no funciona pero que se enquista en el poder para no soltarlo, ya que, para ello utiliza todo tipo de artimañas y el aparato del Estado por necesidad y por miedo. Necesidad de mantener sus privilegios y miedo a enfrentar la justicia por hacer mal uso del encargo.

La situación lleva a los políticos a sujetarse con las uñas de lo alcanzado sea como sea, aunque la falta de resultados los golpee brutalmente, la resistencia a soltar los hace mentir. Y la mentira se convierte entonces en política de Estado. Es cuando se recita una cascada increíble de falsedades o verdades a medias que van dirigidas a tratar de ocultar lo que se va descubriendo.

La 4t se refugió en una aparente conferencia de prensa matutina para distraer a la población de lo mucho que han hecho mal, lo increíble es que es la única forma de gobierno que presentan. Al desaparecer instituciones que daban vida a la democracia en México se ocultan inconsistencias y errores que en cualquier otro momento serían de escándalo y se observaría a los culpables rindiendo cuentas ante la justicia. Hoy, la realidad es otra; ésta es sustituida por la palabra. No hace falta que alguien cuide al gobierno porque ahora ya nadie va a robar, ni a mentir, ni a traicionar, según lo declaró el padre político del movimiento morenista.

Con ese cuento, no solo se presenta un gobierno reaccionario y falto de previsión y sustancia en lo que debería ofrecer como proyecto de nación, sino que la democracia se va debilitando para desaparecer y darle paso a un autoritarismo que les permita continuar con la ruta trazada. Al modelo no se le ha querido cambiar o modificar nada, ya sea por presiones, por convicción, o porque la presidenta está maniatada sin poder moverse por sí misma.

Entonces, irremediablemente van surgiendo los datos duros, los verdaderos, los que demuestran que las cosas van mal, que el país no está bien administrado. Ante ello, no se les ha dado la franqueza necesaria para aceptar sus errores y cambiar, con la intención de mejorar o sustituir proyectos por otros que sí respondan a las necesidades del pueblo. Al buscar una salida se les “ocurrió” que en lugar de cambiar el rumbo sería más fácil sustituir la designación de las cosas.

Y en eso son expertos. Para eso sí hay imaginación e ingenio, bueno, al menos eso creen. Para que quede más claro: el descarrilamiento del Tren maya, que no aceptan que fue tal sino tan solo un accidente. La caída de la línea 12 del metro lo llamaron desplazamiento; ¿qué tal la explosión de un coche bomba?: no significa que haya sido terrorismo, sino enfrentamientos entre organizaciones delincuenciales. Por eso, ¿para qué preocuparse tanto? con que se reacomode en el sistema penal la denominación de homicidio doloso se resuelve el problema, y asunto concluido.

De esta forma, si aparece algún cuerpo con signos de muerte por asfixia, o por impacto de bala, o a causa de un instrumento punzo cortante, en lugar de ser homicidio doloso, será culposo. “Culpa” del muertito por dejarse herir o lastimar, pero dejará de ser homicidio doloso, o puede ser que si se desaparece el o los cuerpos entonces serán calificados como personas no localizadas o ausentes, y no engrosarán la dura estadística de homicidios dolosos.

Como respuesta a lo anterior, estaremos celebrando lo que tanto insiste la autoridad en presumir: se han reducido a números históricos los homicidios en México. Únicamente falta convencer a la comunidad para que en las encuestas no anden diciendo que se sienten más inseguros de vivir en sus comunidades. Según el INEGI, la percepción de inseguridad en el Estado de México, por ejemplo, es del 87.8%. Pero además, del total de delitos ocurridos, el 93.2% no se investigó.

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Alfredo Albíter González

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