El ocaso de un caudillo
DigitalMex - Periodismo Confiable
Publicado en Opinión

El ocaso de un caudillo

Miércoles, 18 Febrero 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Durante la larga campaña presidencial emprendida por el expresidente Andrés López Obrador, ofreció una inimaginable cantidad de promesas con el propósito de alcanzar el poder. El sentido común advertía que muchas de ellas eran imposibles de realizar, como aquella de acabar con la violencia derivada de las actividades del crimen organizado al momento de, tan solo, sentarse en la silla presidencial.

La soberbia que lo caracteriza lo acompañó siempre. Únicamente que en algún momento bondadoso para él tuvo que matizarla; de lo contrario, no le hubiese permitido alcanzar su meta. Una de sus asesoras, que llegó en el último tramo de su campaña, le recomendó medirse en cuanto a sus desplantes; Tatiana Clouthier cambió su imagen. A la postre sería despreciada y obligada a separarse de su encargo.

No fue la única; asistieron a López importantes personajes que lo acompañaron en su travesía. Lejos están de ser considerados como improvisados; los avala su trayectoria, conocimientos y habilidades que pusieron a las órdenes de esa propuesta. Aunque hubo quienes, al darse cuenta de los impulsos dictatoriales que nunca escondió el sobrado y terco tabasqueño, se fueron apartando.

Sin embargo, pocos fueron los que decidieron deslindarse a tiempo; no obstante, la proyección que le dieron al tabasqueño había logrado impactar en el ánimo colectivo. Otros tantos comprendieron que únicamente fueron utilizados, ya que sin más se les hizo a un lado; ya no entraban en los planes del movimiento.

Como buen político mexicano, López, acostumbrado a las formas que mantuvieron al Partido Revolucionario Institucional (PRI) por más de 70 años en el poder, inclinó su vocación hacia la idea que tanto anheló: la del autoritarismo, para hacerse de las riendas del país con un impulso unipersonal surgido del fondo de sus pensamientos, con la intención de controlar todo y que las decisiones importantes del país pasaran por su soberana determinación.

López Obrador jamás ocultó su forma de dirigir; los que se dijeron sorprendidos se engañaron a sí mismos. En esa lista aparecen: Carlos Urzúa (finado), Ricardo Salinas, Ramón Alberto Garza, Víctor Trujillo “Brozo”, Susana Zabaleta, Gael García, Eduardo España, Patricia Navidad; se puede agregar además a Julio Scherer Ibarra.

El legado de López, que tanto le preocupó —imaginando que sería tratado y, por supuesto, recordado y amado casi como a un semidiós—, mostró lo que puede suceder cuando se gobierna con base en ocurrencias y caprichos, desdeñando cualquier orientación científica y profesional. López Obrador dejó de escuchar a los expertos y se creyó experto en todo; hablaba ex cátedra apoyado únicamente en su ideología. El resultado salta a la vista.

La mediocridad impera en cualquier terreno en el que impuso su voluntad; no pudo haber sido diferente cuando lo primero que exigía, absurdamente, fue la composición de un equipo ligado a él para dirigir el destino de la nación a partir de un 90 % de obediencia y únicamente 10 % de conocimientos. Tarde o temprano eso iba a pasar una dolorosa factura; por desgracia, fue al pueblo de México.

A más de siete años de la llegada a la presidencia de la llamada cuarta transformación, la realidad del país da cuenta del grave error que significa la falta de un proyecto con visión moderna, que deriva en un brutal impacto de retroceso por la ausencia de talento y el exceso de soberbia. La prevalencia de la mentira y la necesidad de asociarse con quien fuera necesario para alcanzar la punta de la montaña evidencian el desastre que hoy se refleja de manera contundente.

¿Cuál de las obras insignia quedará como ejemplo en beneficio de la comunidad? ¿Cuál? Por principio, el aeropuerto Felipe Ángeles es la némesis del que se construía en Texcoco; será una de las pérdidas más graves que se lamentarán por siempre. El arrebato de la determinación de cancelar ese proyecto para mostrar quién mandaba no tendrá límite de amargura, peor aún si se observa en qué quedó reducido.

Pero nada es para siempre. Durante seis años únicamente existió una voz, amplificada todos los días mediante una supuesta conferencia bautizada como “la mañanera”. En ella se imponía la agenda diaria, se dictaban instrucciones al gabinete federal y a gobiernos de los estados y también se atacaba, se ofendía y se aplanaba a la oposición y a cualquiera que cayera en desgracia de ser considerado adversario.

Hoy el régimen enfrenta un gran desafío: la suciedad empieza a salir a flote inevitablemente. Pronto se acabarán los “chivos expiatorios” y entonces se verá, con toda la crudeza posible, la verdadera cara de un movimiento que se presentó como moralmente superior. Peor aún, a la elegida para mantenerlo con vida, la presidenta Claudia Sheinbaum, se le ve contrariada —y es lógico—: le dejaron sembrados personajes leales al expresidente en posiciones clave y en este momento su partido y coalición abren diversas heridas.

Por otro lado, todo indica que el presidente estadounidense Donald Trump no se detendrá para combatir a los cárteles que trafican droga hacia su país, a los que responsabiliza de centenares de miles de muertes de sus conciudadanos; por eso los designó como grupos terroristas. La presión que ejerce al gobierno mexicano va en aumento. Es irremediable que caerán quienes, al amparo de sus cargos, se asociaron con ellos. Nombres van, nombres vienen; se deslizan diversas listas, pero aún no se sabe cuál es la correcta. No obstante, evitar realizar investigaciones de este lado de la frontera no ayuda a México; peor aún cuando se defiende a funcionarios bajo sospecha de estar coludidos con criminales. Con ello se corre el riesgo de encender la cólera del “gringo”.

Hoy se derrumba la “autoridad moral” de la 4T. La imagen del oriundo de Macuspana pasa por un inevitable examen. Las nubes espesas que se pretende cubrir con un manto milagroso exhiben, a querer o no, los desfalcos al erario más grandes de la historia; cada vez es más complicado evitar la sospecha de amasiato con el crimen organizado y el motivo por el cual arrasaron en las elecciones. La respuesta es simplista: indignación y exigencia de pruebas. Aunque ellos mismos no presentan las que los redimen; únicamente hablan con ideología para defenderse. Mientras tanto, a la presidenta —con “a”— nadie en su movimiento y coalición parece hacerle caso.

Lo señalé en una entrega anterior: la ausencia física del que fue origen y motor del movimiento en la toma legal de decisiones hiere de muerte su caudillismo. La inercia obliga a replantear las condiciones en las que se desempeña la 4T. Su creador, finalmente, pasará a ser tan solo un mal recuerdo.

 
 
Visto 124 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio