El periodista se encuentra conmovido con los casos de violencia que involucran a niños y adolescentes. Debemos voltear a ver lo que no se ve o dejar de verlo como una simple nota roja —piensa—. El escritor Clive Staples Lewis decía: “El dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es más común y también más difícil de soportar”. Y es que, mientras sorbe su café mexicano sin azúcar, entiende que es promoviendo el cuidado de la salud mental en las escuelas, en todas, como se daría el primer paso para inhibir la violencia y no quedarnos “secuestrados” por la mente perturbada y la bibliografía manipuladora del exdirector general de Materiales Educativos, Marx Arriaga, quien se atribuye la creación del evangelio morenista.
Pero no, esto va más allá de una estadística o la simpleza de la política mexicana. Mire usted: en Toluca, en la comunidad de Cacalomacán, un adolescente de 15 años asesinó a su padre y hermano por un aparente regaño del progenitor; en Tláhuac, dos estudiantes de la secundaria Diurna “Alfonso Caso” se enfrascaron en una riña en la que uno de ellos usó un cuchillo militar para herir gravemente a su propio compañero. En Aguascalientes, varios jóvenes en estado de ebriedad robaron una ambulancia. Se hicieron pasar por enfermos, otros como conductores y se grabaron.
Días antes, un grupo de “sicarios adolescentes” secuestró a una joven tiktoker apodada “Nicholette”, de 21 años. Lo hicieron tras “cerrar el paso” de su camioneta Cybertruck, con un costo de 2 millones de pesos. Ella argumentó que el dinero es producto de su negocio de venta de “pulseritas” de fantasía. Sus viajes, propiedades y derroches la vinculan con el narco, aunque ella lo niega. Me recordó el caso de Valeria Márquez, una tiktoker e influencer de 23 años que ostentaba una riqueza inexplicable y quien fue asesinada a balazos mientras transmitía en vivo desde su negocio de lujo en Zapopan. O también el caso de “Gaby N”, una conductora que en enero atropelló a un motociclista y lo arrastró ¡debajo de su automóvil! varios metros en calles de Iztapalapa hasta matarlo.
Las páginas de nota roja y los encabezados “amarillistas” lo disfrutan, pero necesitamos el rigor de padres y madres como “los de antes” y menos como los de ahora, indiferentes. La ausencia de papás en la formación y las escuelas intimidadas por leyes que presumen tener a los niños en el centro de la educación alejan una buena crianza.
Mentes perturbadas
Chéquese esto: entre 2015 y 2024 fueron asesinados 10 mil 816 niñas, niños y adolescentes. En 2025, tan solo en un año, se reportaron 2 mil 478 ejecuciones. Y luego están los suicidios. Entre 2023 y 2024 se registraron 8 mil 837 casos y en 2025 sucedieron más de 8 mil 800. El doble anual. Los estados con mayor incidencia fueron Chihuahua, Yucatán, Campeche y Aguascalientes, seguidos por Guerrero, la CDMX y Veracruz.
Una mente perturbada, dicen los especialistas, tiene su origen en problemas emocionales y cognitivos: trastornos de conducta, tristeza extrema, desesperación, presión académica, dificultades en las relaciones románticas, acoso escolar o el aislamiento social, que pueden derivar en autolesiones o suicidios, pero también en matar…
Lo cierto es que los temas de salud mental deberían dejar de atenderse con una simple “conferencia” y ponerle un alto a la manipulación de los aprendizajes con fondo político. La agenda legislativa debe pasar de las estupideces a la promoción de una asignatura permanente en educación emocional. Todos la necesitamos, más nuestros niños y niñas. El escribano paga su cuenta y se retira. Hasta otro Sótano… Mi X: @raulmandujano

