La brutalidad tiene cara de ICE
DigitalMex - Periodismo Confiable
Publicado en Opinión

La brutalidad tiene cara de ICE

Viernes, 30 Enero 2026 00:10 Escrito por 
Ganando Espacios Ganando Espacios Noemí Muñoz

Recuerdo que la primera vez que vi La lista de Schindler lloré. La imagen de la niña con el abrigo rojo, en medio del blanco y negro elegido por Spielberg, me impresionó por la carga simbólica con la que condensaba todo el horror del Holocausto.

Ese genocidio fue impulsado por ideas de supremacía blanca, pero también —y no hay que olvidarlo— por razones económicas. Todo suele reducirse al dinero: al que se pierde, al que se cree que otros arrebatan. Se instaló la idea de que los judíos quitaban empleos, recursos y estabilidad a los alemanes. Hitler construyó su ideología sobre esas premisas falsas y convenientes.

Es verdad que, tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania experimentó un crecimiento económico notable, pero este no fue producto de aquella ideología, sino del apoyo de Estados Unidos y del fortalecimiento de su industria, particularmente la farmacéutica y la química.

Durante años creímos que ese horror había quedado atrapado en los libros de historia y en las películas. Pensamos que la barbarie tenía un límite temporal, que pertenecía al pasado. No imaginamos que volveríamos a presenciar una violencia semejante.

Hoy sabemos que al menos 3,800 menores —de acuerdo con The Guardian— se encuentran detenidos, pese a que el Acuerdo Flores, vigente desde 1997, establece que no pueden permanecer bajo custodia más de 20 días. Aun así, muchos pasan semanas e incluso meses detenidos, algunos separados de sus familias.

Ver a un niño con su gorrito azul confirma que no hay acuerdo ni ley que resista cuando la brutalidad se normaliza.

En las protestas se recuerdan las muertes de Petri y Renee Good: él, asesinado a balazos por un agente como si fuera un criminal; ella, también asesinada. Todo ocurrió frente a amigos y vecinos, como si la violencia ya no necesitara ocultarse.

La presencia de ICE en todo Estados Unidos ha sembrado miedo no solo entre los migrantes, sino entre los propios ciudadanos. Defender a un migrante —o simplemente parecerlo— puede convertirse en una sentencia de muerte.

Esto ya no es una política migratoria: es un aparato de terror. Se parece demasiado a la Gestapo, o quizá es peor, porque actúa bajo la simulación de la legalidad. Son grupos que empiezan a asumir que tienen el poder de decidir quién merece vivir y quién puede ser señalado como enemigo.

Lo que ocurre en el país vecino no es un exceso aislado ni una anomalía pasajera. Es el regreso de prácticas que creíamos desterradas de la historia. Trump no está inventando nada nuevo: está desempolvando lo peor. Vivimos un nuevo colonialismo, una exaltación del racismo y una forma de gobierno que no disimula su cercanía con el fascismo.
Y lo más peligroso no es que exista, es que permanecemos mirando, porque parece que nada se puede hacer ya.

Visto 183 veces
Valora este artículo
(1 Voto)
Más en esta categoría: « Plan de Desarrollo PJEdoméx
Noemí Muñoz

Ganando espacios