A la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo las cosas no le están saliendo como hubiese deseado; la imagen de un palco vacío evidencia las dificultades que enfrenta su administración, lo que la obliga a buscar con desesperación a quien culpar, cuando ya no encuentra más distractores que puedan servirle.
Las inconformidades de varios sectores de la sociedad, convertidas en inevitables manifestaciones, la han puesto al límite; principalmente, por la que corresponde a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la que se ha graduado en ellas. Sus líderes son expertos en sacar provecho de ellas; hasta parece que fueron quienes las inventaron.
Particularmente, este sector ha encontrado la forma de sacarle mucho jugo a la presión que ejercen contra el gobierno en turno; y saben que, entre más violentas, más ganancias obtienen; pues molestar a la sociedad y doblegar a la administración en turno —sobre todo, a la que está tan al pendiente de las encuestas que miden la aceptación popular— los tiene sin cuidado, porque saben que terminarán por ofrecerles hasta lo que no pueden, apoyándose en unas finanzas de por sí quebradas y desnudando otras instancias para cubrir lo que éstos exigen.
A propósito, es la CNTE el mejor ejemplo de que lo hecho anteriormente a la llegada de la 4T no era tan malo como insisten en presentarlo, como para destruirlo. Como lo era la construcción del aeropuerto internacional que se desarrollaba en Texcoco, o la reforma energética, la educativa, o la existencia de los organismos independientes. Del mismo modo, la existencia del Poder Judicial, ya que tuvieron que regresar para enmendar su tan presumida reforma; pese a lo cual, no podrá mejorar mucho. La nueva Corte nació enferma de lo elemental: independencia, competencia e imparcialidad.
La CNTE marca un después del expresidente Enrique Peña y un ahora de Morena, porque con Peña se había logrado lo que nadie había podido: controlar a esa representación tan complicada del magisterio, quitándoles el poder del manejo de las plazas, ascensos, cambios, etcétera. Pues es de amplio conocimiento que con ello obligan a los maestros a marchar a donde sus líderes necesiten. Esas movilizaciones, con aquella reforma, fueron a menos, a pesar del malestar que en su momento les generó, sobre todo a sus líderes.
Ahora, al cumplir parte de la promesa que les ofreció el expresidente Andrés López Obrador y que suscribió Claudia Sheinbaum, les regresó poder a los impresentables representantes sindicales. La hegemonía para disponer de nueva cuenta de los movimientos administrativos del magisterio, con el propósito de contar con su apoyo para lograr su cometido, les llevó a poner en la mesa lo que al día de hoy exigen aquellos que se cumpla. Ya no se conforman con lo que ya les dieron; quieren todo el paquete, en el que se incluye la derogación de la reforma al ISSSTE de 2007.
El escenario que se le presenta al régimen es inevitablemente su creación, deben hacerse cargo. “No es lo mismo ser borracho que cantinero”, versa uno de los sabios dichos de la cultura mexicana —la biblia de los viejitos—. Y, desde luego, aplica. No es lo mismo ofrecer y después darse cuenta de que las arcas no alcanzan para todo. Lo peor es que, desde el gobierno de López, las finanzas públicas se volvieron raquíticas por otorgar dinero directo que les garantiza votos. Así lo creen.
Pero, aunque la CNTE tuvo desquiciada a la capital mexicana, no fueron los únicos; también se manifestaron las madres buscadoras, los colectivos de búsqueda de personas, trabajadores del Poder Judicial, pensionados de PEMEX y CFE, transportistas, campesinos, trabajadores de la salud, entre otros; al respecto, Sheinbaum está empecinada en buscar culpables, y fue entonces que señaló a uno de los empresarios que más le molestan, Ricardo Salinas Pliego.
Lo que pudo parecer cómico terminó por ser parte de la misma novela.
Anteponiendo un: “lo digo con responsabilidad”, la presidenta sacó de contexto parte de una entrevista que el empresario ofreció con Adela Micha, para advertir que éste estaba llamando a la violencia en las manifestaciones; deslizando la idea de que, por su postura, es responsable hasta de los artefactos explosivos que fueron descubiertos a los de la Normal de Ayotzinapa.
Pues, para decirlo “con responsabilidad”, deja muchas dudas, y aunque dijo no contar con pruebas —al estilo “López Obrador”—, colocó el dedo flamígero en contra de Salinas Pliego. No es lo mismo tener diferencias con el empresario que sacar una frase convenientemente para acomodar, como dé lugar, su versión. Presentar al empresario como quien encendió el fuego es una salida simplista, con el afán de encontrar a un culpable para despojarse de la cantidad de disgusto que existe en el país gracias a las políticas emprendidas por la 4T. El encono social se demuestra de diferentes formas.
Los abucheos que evitó escuchar la presidenta durante la inauguración del Mundial de Futbol 2026 solo hablan del terror que les da a los gobiernos populistas enfrentarse a la parte de la sociedad que han ignorado como política pública; entonces, no podría ser de otra forma. Sin embargo, esa decisión, que, aunque existen respetados periodistas como Ciro Gómez Leyva que la ven bien, no puede aceptarse como correcta tras observar la imagen sin la compañía de la jefa del Estado mexicano, del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en la inauguración del Mundial, mientras que la mandataria federal, como la local, Clara Brugada, estuvieron en el Deportivo Galeana de la alcaldía Gustavo A. Madero.
El Mundial de Futbol muestra a un México que hoy enfrenta una realidad que se ha querido esconder; no se puede ocultar el sol con un dedo. Este es el país azteca en tiempos de la 4T, para bien o para mal.

