El Mundial casi termina y los hombres volverán al silencio
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El Mundial casi termina y los hombres volverán al silencio

Martes, 14 Julio 2026 00:05 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Durante las últimas semanas, millones de hombres encontraron en el futbol algo más que un espectáculo deportivo. La justa deportiva internacional de fútbol se convirtió en una excusa perfecta para reunirse, emocionarse, celebrar, sufrir y expresar sentimientos que pocas veces afloran en la vida cotidiana.

Un gol provocó abrazos entre desconocidos. Una derrota generó lágrimas, frustración y enojo. Durante noventa minutos estuvo permitido mostrar emociones sin cuestionamientos, y eso lleva a una reflexión necesaria.

¿Por qué resulta tan natural llorar por un partido perdido, pero tan difícil hablar de depresión, ansiedad o tristeza?

La eliminación de México dejó decepción entre la afición. Como ocurre después de cada fracaso deportivo, aparecieron las críticas, los análisis y las explicaciones.

En redes sociales, oficinas y reuniones familiares hubo debates interminables sobre tácticas, jugadores y decisiones arbitrales; sin embargo, cuando el tema es la salud mental, el silencio suele ocupar el lugar de la conversación.

Las cifras reflejan una realidad preocupante. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de ocho de cada diez suicidios registrados en México corresponden a hombres. Detrás de esos números existen historias de personas que enfrentaron problemas emocionales sin encontrar apoyo o sin sentirse capaces de pedir ayuda.

Al mismo tiempo, datos de la Secretaría de Salud señalan que millones de mexicanos viven con depresión, una enfermedad que no distingue edad, profesión, condición económica o nivel educativo. La diferencia es que la depresión no tiene reflectores.

No hay transmisiones especiales siguiendo su desarrollo.

No existen comentaristas analizando cada señal de alerta.

No hay repeticiones instantáneas para identificar el momento exacto en que una persona comenzó a sentirse sola o rebasada por sus problemas.

Durante décadas, la sociedad construyó una idea de masculinidad basada en la fortaleza absoluta. A muchos hombres se les enseñó que debían resistir, proveer, solucionar problemas y seguir adelante sin mostrar vulnerabilidad.

Pero la realidad demuestra otra cosa: los hombres también sienten miedo.

También experimentan incertidumbre.

También enfrentan pérdidas, estrés y agotamiento emocional.

También necesitan ser escuchados.

El problema es que, en muchos casos, aprendieron a ocultar esas emociones detrás del trabajo, del deporte, del alcohol o de una aparente normalidad.

Quizá por eso eventos deportivos como el que está por terminar funcionan como una válvula de escape colectiva, porque durante unos días existe un permiso social para emocionarse, para llorar, para abrazar y para reconocer sentimientos que habitualmente permanecen guardados.

Lo preocupante es que, cuando termina el torneo, ese espacio también desaparece. Los estadios se vacían. Las conversaciones cambian de tema. La atención se dirige a otro acontecimiento.

Pero los problemas emocionales permanecen. La verdadera derrota no es una eliminación deportiva.

La verdadera derrota ocurre cuando una persona cree que pedir ayuda es una muestra de debilidad.

Porque perder un partido duele por unos días, pero perder una vida por no atender una depresión, una crisis emocional o una enfermedad mental debería dolernos mucho más.

Y esa sí es una derrota que ningún marcador puede revertir.

 
 
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Lupita Escobar

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