México después del silbatazo
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México después del silbatazo

Jueves, 09 Julio 2026 00:00 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

México fue anfitrión del Mundial FIFA 2026… y, al ser eliminada la selección, la fiesta terminó; la factura, no.

El 6 de julio, después de que Bellingham y Kane apagaron el sueño mundialista, millones de mexicanos regresamos de golpe a una realidad que el gobierno parecía esperar que olvidáramos. Los datos del Latam Pulse de AtlasIntel y Bloomberg, levantados días antes del partido, no dejan margen para el relato oficial de bienestar: retratan un país que ya se deterioraba antes del silbatazo inicial.

Conviene no dejarse engañar por la confusión que el discurso oficial cultiva a propósito. Una cosa es la aprobación de la persona y otra, muy distinta, es la evaluación del gobierno. Claudia Sheinbaum sostiene un 48.9% de “popularidad”, que, aunque lo niegan, refleja una caída de diecisiete puntos en catorce meses, desgaste que coincide con la escalada de tensión comercial con Estados Unidos y el deterioro sostenido de la confianza económica. Su gobierno, sus políticas públicas, alcanzan apenas 38.8% en la calificación "excelente/buena". Entre ambas cifras hay una brecha de más de diez puntos. Es un hecho, no la intuición del columnista. La marca personal de la presidenta todavía funciona como escudo, pero el escudo tiene una grieta medible: en el otro extremo de la evaluación de las políticas públicas, 32.8% las reprueba.

Mientras Palacio Nacional amplificaba cada gol como prueba de unidad nacional, el Índice de Riesgo Político de AtlasIntel colocaba a México en 55 puntos sobre 100, veinte puntos por encima del promedio de la región, superando a Perú, Chile, Colombia, Venezuela, Argentina y Brasil. La cifra se sostiene en percepciones concretas: 46% de los mexicanos cree probable que estallen nuevas revelaciones de fraude dentro de este gobierno; 44% anticipa más asesinatos ligados al crimen organizado; 40% espera protestas violentas. Ese es el termómetro real del país y no baja la temperatura porque la selección haya goleado 5-1 a Serbia en un partido amistoso de preparación.

En lo económico, el golpe es todavía más contundente: el Índice de Confianza del Consumidor se hunde en -5.5 puntos, con una situación actual de -18, el peor registro de la serie. Y aquí está el dato que debería doler más que cualquier derrota deportiva: la corrupción (52%) y los altos precios (37.2%) superan por mucho a la inseguridad (29.7%) como problemas prioritarios. Casi ocho años de "primero los pobres" y la gente sigue diciendo que lo que más le disgusta es que no le alcanza el dinero y la corrupción del régimen que prometió acabar con ambas dificultades.

Al preguntar por la expectativa a seis meses, el 42% de los encuestados espera que la situación de su familia mejore —más que la confianza en el país o en el gobierno—. La cifra admite dos lecturas: puede leerse como resiliencia familiar genuina, o como el síntoma de una población que ya no espera nada del Estado y confía solo en su propio esfuerzo. Ambas son ciertas a la vez, y esa coexistencia es, en sí misma, un diagnóstico incómodo para quien gobierna.

Seamos precisos: el gobierno no organizó el Mundial; lo fijó la FIFA hace años. Pero el mismo mes en que se instalaban pantallas gigantes con recursos públicos en decenas de municipios, Estados Unidos anunciaba un arancel del 10% que el 67.8% de los mexicanos considera injusto, y confirmó que no renueva el T-MEC, que entra en el proceso de revisión anual que puede ocurrir por diez años. Sheinbaum y Ebrard parecieron minimizar el golpe ante los mercados con el mismo tono con que se celebraban los goles de Quiñones y Jiménez. Señalar la coincidencia entre el silencio sobre el fracaso comercial y el volumen con que se amplificó la fiesta futbolera no es una conspiración. Simplemente, exijamos que se le llame por su nombre: es la gestión de la narrativa.

Hay algo más profundo detrás de esa gestión, y merece una lectura humanista y no solo política: cuando un pueblo vive con hipervigilancia crónica frente a la inseguridad, la corrupción y la precariedad, el estallido emocional colectivo —la euforia del gol, el duelo de la eliminación— deja de ser únicamente pasión deportiva y se convierte en una válvula de escape neurológica. Eso no es debilidad de las personas. Es el síntoma de una sociedad exhausta que necesita, con urgencia, algo más que catarsis pasajera.

El marcador se borra en una semana. La corrupción, la inflación y la negligencia ante el T-MEC no. Mientras el gobierno administra el olvido, a los mexicanos nos toca administrar la memoria: blindar aquello que está en nuestras manos —presupuesto, comunidad, salud emocional— y exigir, con datos y sin gritos huecos, mecanismos concretos de transparencia en licitaciones públicas y mejores condiciones para negociar la continuación del T-MEC.

Porque un gobierno que necesita que la gente se distraiga con el marcador del fútbol para no hacerle preguntas sobre el país no está gobernando: está administrando el olvido. Y a ese olvido, como mexicanos y como oposición, no tenemos por qué prestarnos.

 
 
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Juan Carlos Núñez

Palabras al viento