EUA cumplió 250 años después de que George Washington, Thomas Jefferson y Benjamín Franklin, así como John Adams y otros, fundaran los principios del país del norte. Hicieron de manera diferente la historia fundacional de la Gran Tenochtitlan.
Mientras los mexicas habían sometido a lo largo de los siglos con violencia cruenta a las comunidades que darían lugar a la Gran Tenochtitlan entre los pueblos que llegarían a formar Mesoamérica o la Gran Megalópolis; los pioneros del norte, que parecieron uno, se unían para formar grandes pueblos y empezar el proceso de industrialización.
De un lado, la guerra; de otro, el expansionismo industrial.
Hermanos como Caín y Abel. Hijos de la misma tierra, hijos del mismo propósito, formarían imperios de acuerdo con los propósitos de unos y otros, a lo que le dieron el nombre de ideología. Así se crearía, hablaría y guerrearía en nombre de ello.
Los pioneros, con un solo propósito, se empeñaron en ello; los mexicas siguieron dividiéndose. Con el tiempo, las identidades de nuestros pueblos cambiaron; pasaron por los totonacos, los toltecas, los tenochcas, los huicholes, los tlaxcaltecas y más, todos ellos asentados en un gran lago de la región lacustre, de la megalópolis, hasta dividir al país en regiones que recientemente tratan de unirse; algunos por ideología, intereses, razas, que hicieron una nueva división.
Ayer se demostró que México puede unirse en torno a una causa popular, sin castas, sin intereses, con un propósito: México.
O nos unimos o nos hundimos. EUA y México llegaron a ese día.
Nosotros seremos una unidad para bien y para mal. Tenochcas, mayas, olmecas, chichimecas y muchos otros iremos formando este gran país.
Unidos por un modo de ser, de una naturaleza, una identidad de la Gran América.

