¿Austeridad o hipocresía republicana?
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¿Austeridad o hipocresía republicana?

Miércoles, 07 Octubre 2026 00:00 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Desde su inicio, el movimiento de regeneración nacional identificado como Morena —cuyo nombre casualmente evoca la imagen de la Virgen del Tepeyac— tomó como base, impulsada por su constructor, el expresidente Andrés López Obrador, la austeridad. “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, repetía incansable el oriundo de Macuspana.

No obstante, en los hechos ha demostrado que se trató tan solo de una frase de propaganda, la cual se encuentra muy lejos de ser una verdadera convicción ideológica que demuestre que se puede gobernar sin caer en la tentación que ofrecen los beneficios de negocios ligados al gobierno y que, aparentemente, despreciaban de anteriores administraciones.

Dicha frase se reduce a ser únicamente una arenga utilizada para conquistar los corazones de los millones de mexicanos asqueados por anteriores gobiernos; sin embargo, en la mayoría persiste. No cuentan con lo mínimo para subsistir. No solo es eso, sino que les es molesto ver que la clase política guinda se pasea con lujos insultantes y excentricidades sin pudor. La frase que encumbró al morenismo fue tan solo un ardid utilizado para alcanzar el control del gobierno.

El resultado es un espejismo que ha dado paso a la generación de un ambiente hostil que ha sembrado más pobreza, angustia y desolación que beneficios en las familias mexicanas. Nunca fue un elemento propio de la forma de pensar y sentir de aquellos que, una vez alcanzado el objetivo, vivirían congruentes a lo ofertado y como lo prometieron: con austeridad, alejados del lujo, con una vida instalada en la medianía, al igual que el pueblo al que dicen pertenecer. Más que eso: representar.

No se cansó López, como no se cansa la mandataria Claudia Sheinbaum, en presumir que son la encarnación misma del pueblo. Entonces, usted podrá preguntarse y, con justa razón: ¿Por qué los lujos de aquellos que le niegan al pueblo obtenerlos, convenciéndolo de que es posible vivir con poco, como un par de zapatos, doscientos pesos en la cartera y un carro viejo para trasladarse, no puede aplicar para ellos?

Resulta aún inverosímil observar que quienes dicen haber surgido del pueblo, cuando son cuestionados por sus excesos, sus lujos, sus casotas, sus joyas, viajes, visitas regulares a restaurantes caros, se sientan ofendidos y hasta exigen que se les respete.

No, no se trata de que un ciudadano, un reportero o cualquier persona les diga qué hacer o qué no hacer con su dinero. En todo caso, debería ser justo que alguien que gana bien quiera darse sus gustos; tener la libertad de viajar, de comprar un reloj Cartier o Rolex, una camionetota de millón y medio de pesos, o visitar los mejores restaurantes.

Pero, seamos serios, la mayoría de mexicanos solo puede ver los destinos turísticos en los que se ha descubierto a importantes personajes del partido en el poder por internet o en alguna revista. De la misma forma, adquirir un auto no es nada sencillo, porque pagarlo cuesta años de su trabajo. Ya no digamos de los restaurantes finos con vinos que representan un precio tan alto que alcanzaría para poder vivir por dos meses con los salarios que hay en México para la mayoría.

Aunque aspirar a obtener algo de lo señalado es tan natural como el mismo deseo de vivir y superarse, no debería verse como un problema. Pero en la 4T han estigmatizado ese propósito, por eso el mote de “aspiracionistas” a quienes buscan conseguirlo. El disgusto del ciudadano común surge por la condición de que ellos —los de la 4T— son quienes presumieron que llegarían a poner el ejemplo para vivir en la medianía, con austeridad republicana y, sin embargo, son los primeros que traicionaron su ofrecimiento. Ahora, abrazan esos lujos. Encima, se molestan por el justo reclamo popular.

Nadie les dijo que asumieran un rol de pobreza, nadie los obligó a hacerlo. Para pedir que los demás sean austeros, deberían poner el ejemplo. Por eso es el enfado social, ya que cuando se les ha visto en lugares públicos con el despilfarro señalado y la desfachatez que los exhibe no les importa, porque al saber que no les va a pasar nada, retan.

A todo esto, ¿qué dice la presidenta? Bueno, habría que hacer una justa pausa: la inquilina de Palacio Nacional ha pedido en múltiples ocasiones a sus compañeros de partido que se alejen de esa vida ostentosa, pero ¿quién demonios le hace caso? Es evidente que nadie, siguen con lo mismo, al igual que no les importó que les llamara la atención por tener familiares en la nómina. Su actuar tiene un nombre: hipocresía.

El pueblo sigue en la pobreza, los programas sociales alivian en algo a las familias, pero no son la solución a largo plazo. Al final, cuando no haya más recursos de dónde mantener la obesidad del sistema, la cruda realidad pegará con toda su fuerza. Peor, no se ha preparado a las nuevas generaciones como debería; en la 4T ignoran lo que significa ser estadista, y se ha comprometido el futuro de México por décadas.

Nunca fueron primero los pobres.

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Alfredo Albíter González

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