La manzana podrida
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La manzana podrida

Miércoles, 04 Noviembre 2026 00:05 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Los súper poderes que se le entregaron a Guadalupe Taddei como consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE) le dieron manga ancha para construir la red que terminó por reventarle en la cara y que motivó que presentara su renuncia, al no haber ninguna posibilidad de continuar en el cargo. A pesar de que en un principio dejó ver la posibilidad de no hacerlo, pensando tal vez que el manto protector la cubriría como lo ha hecho con tantos otros personajes inmiscuidos en problemas legales, pero para ella no fue así.

Esos súper poderes fueron los que hundieron en la deshonra a la institución que tanto costó a la sociedad construir, y estos se los otorgó el partido en el poder aprovechando su sobrerrepresentación —la que, por cierto, la señalada avaló, como lo hizo con la elección que destruyó al Poder Judicial—, como en tantas otras ocasiones han impuesto lo que desea el titular del Ejecutivo federal, antes Andrés López Obrador; ahora Claudia Sheinbaum.

¿De qué forma pudieran negar en la 4T ese obsequio a Taddei? Bueno, pues lo han hecho. No existe, aparentemente, límite para el descaro, y no únicamente de la libertad que se le dio en charola de plata para acomodar a quien quisiera en posiciones importantes, sino hasta de su propio nombramiento. Sheinbaum pide que se investiguen anteriores administraciones del INE, aunque más bien, es evidente que lo hace para distraer del terrible y más grave caso de corrupción que lo mancha.

Taddei fue consejera presidenta del Organismo Público Local Electoral (OPLE) del Estado de Sonora. En ese encargo, su desempeño fue, podría decirse, normal, ya que las áreas que se encargan de fiscalizar y revisar las actuaciones de los servidores públicos que tienen la responsabilidad de cuidar los recursos que se les entregan para funcionar no reportaron nada entonces.

El problema real es: ¿por qué hasta que la prensa —tan desacreditada gracias al encono de Andrés López Obrador— descubre la corrupción que hoy tiene en un hilo la credibilidad del INE, todo se le presta atención? ¿No se había enterado de nada el Órgano Interno de Control? ¿O lo mantenían en secreto? ¿Por qué?

Dejemos por el momento el cuestionamiento. Habrá que revisar primero las declaraciones que ha expresado la mandataria, que, por cierto, lejos están de poder ser consideradas como simple opinión, porque se trata de la máxima autoridad del país. Sheinbaum quiere imponer la idea de que el INE desde hace mucho tiempo ha estado bajo sospecha de corrupción, por lo que pidió que se investigue materialmente a todos los anteriores consejeros presidentes. De la misma forma, insiste en los supuestos fraudes de las elecciones de 2006 y 2012, sin querer aceptar que su movimiento perdió, pues no hubo ninguna prueba que demostrara lo contrario, pero aceptar esas derrotas va en contra de su idiosincrasia, principalmente la de López Obrador, quien jamás aceptó una derrota. Para él, todo siempre fue fraude.

Pero si el argumento de la presidenta parte de la idea de que como el expresidente consejero electoral Lorenzo Córdova fue quien tomó protesta como presidenta del OPLE de Sonora a Taddei, por ese simple hecho él es culpable, entonces se pierden las esperanzas de que reconozcan su error para enmendarlo.

“Háganse cargo de su Taddei”, frase que, a propósito de este asunto, ha repetido en su noticiero el periodista Carlos Loret de Mola, bien fija una adecuada posición de exigencia social. El corrupto no nace, se hace. Al igual que el ladrón primerizo, encuentra o se le da la oportunidad y la “aprovecha”; la hoy exconsejera presidenta del INE, al tener la libertad de manejar a su antojo al Instituto colocando cargos, autorizando contratos, etcétera, vio la oportunidad y “la aprovechó”.

Pero ¿por qué no se puede tan solo aceptar la negativa oficial? Porque el procedimiento se ha repetido constantemente desde el sexenio pasado. La Marina, por ejemplo, no había enfrentado señalamientos tan serios como el escándalo del huachicol fiscal, que al parecer no tiene nada preocupado al exsecretario Rafael Ojeda Durán, quien ha sido visto jugando al golf sin ningún problema. Este es tan solo un ejemplo. Las sospechas de corrupción persiguen a varios funcionarios en todas las áreas del gobierno, como nunca antes. Y ¿qué ha pasado? Nada.

Es fundamental preguntar: ¿Es Taddei la única responsable, o es parte de un sistema que se fue corrompiendo? Todo tiene un origen y este hace recordar el refrán que versa: «Una manzana podrida echa a perder el barril», metáfora que describe la influencia negativa y corruptora que una sola persona puede ejercer sobre un grupo entero.

PD

La muerte del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano deja un hueco difícil de llenar. Un ideólogo que se ganó el respeto de propios y extraños. Verdadero demócrata de izquierda, alejado de las ideas del obradorismo. Descanse en paz.

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Alfredo Albíter González

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