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Jueves, 22 Octubre 2026 00:10 Escrito por 
Lo personal es político Lo personal es político Diana Velázquez

El martes 20 de octubre quiso el destino que yo fuera una de las miles de personas que se vieron obligadas a apagar el motor, aguantar el hambre y encontrar algo que hacer para pasar el tiempo en la autopista México-Toluca, tras el bloqueo de las madres buscadoras, en particular las del Colectivo Mariposas Buscando Corazones y Justicia Nacional.

Debo admitir que, por primera vez, ansié ver a uno de esos vendedores ambulantes que siempre aparecen en cuanto hay un embotellamiento, porque llevaba horas sin comer. Pero no apareció ni uno solo; tocó aguantar.

Aguantar unas horas, aguantar el hambre, la molestia, la incomodidad y el cansancio; aguantar el retraso y el cambio de planes. Me fue imposible no percibir la mezcla de emociones a mi alrededor: gente que prendía y apagaba el coche, otros que se bajaban, algunos que terminaron platicando con desconocidos, unos más frustrados que otros.

Pero mientras estaba ahí, también pensaba que, por mucho que nos molestara, teníamos la certeza de que tarde o temprano íbamos a avanzar. Serían solo unas horas pesadas, en comparación con los años que estas mujeres y sus familias llevan buscando a sus personas desaparecidas; algunas, más de 15.

Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México hay más de 130 mil personas en esta situación, y el Estado de México concentra el 10.3 % del total nacional. Tan solo en lo que va del año, se han sumado 131 personas que permanecen desaparecidas o no localizadas en la entidad al total acumulado de más de 10 mil.

¿Qué se sentirá que un ser querido desaparezca? No lo sé. Lo más cerca que he estado de algo así fue con un amigo, Diego Alviso, desaparecido en Morelia en julio de este año y hasta hoy no localizado. Sin embargo, no he vivido la desesperación de enfrentarte a trámites burocráticos mientras cargas con el dolor y la incertidumbre de la ausencia; del dolor en cada fecha importante; del terror que se debe sentir al pensar que la está pasando mal; de ver pasar los días mientras el número de tu “carpeta” va quedando debajo de las que le siguen; de ver cómo las personas cercanas siguen con su vida mientras tú sigues “atorada” en un momento, porque para ti la vida no puede seguir sin ella o sin él. Tampoco sé lo que es perder el trabajo o dinero por las constantes citas en oficinas de gobierno, o por el activismo que, desgraciadamente, has tenido que hacer para que te escuchen.

La verdad es que muchos y muchas ni siquiera imaginamos la magnitud de perder a un ser querido así, sin razón. Simplemente, un día no volvió. Pero no necesitamos vivirlo para ser empáticos. Al menos, eso quiero pensar.

Y es que, mientras revisaba notas en distintos medios y transmisiones en vivo desde el bloqueo, me impactaron profundamente comentarios totalmente faltos de empatía: que “ojalá nunca encontraran a quienes buscaban”, que seguro sus hijas “se lo buscaron”, o que las manifestantes deberían ser atropelladas. Me cuesta incluso escribirlo.

¿En qué momento llegamos a esto? Quienes perdimos horas ahí —citas de trabajo, citas médicas, cargamentos de productos perecederos y un largo etcétera—, por supuesto que no lo merecíamos; por supuesto que esto no debería suceder. Pero ellas tampoco. Nadie debería llegar a tal grado de desesperación que la lleve a dormir en la calle, exponiendo su vida, porque ya no encuentra otra salida, porque su familiar no vuelve. Y lo más triste es que, seguramente, se lo arrebataron.

Así que sí, ese día tocó “aguantar” y buscar otras rutas hacia la Ciudad de México. A nosotros nos tocó el lado “fácil”: el de quienes perdimos una cita o unas horas, pero llegamos a casa con nuestra familia completa. Y ese, señoras y señores, es el lado en el que ellas también preferirían estar.

Pero no se trata de ver quién sufre más o menos. Se trata de exigir instituciones más eficientes; servidoras y servidores públicos más sensibles y más empáticos, que entiendan que, aunque los avances que reportan no sean los esperados, la forma en que los comunican sí cambia cómo las víctimas viven el proceso. Se trata de que nadie en este país tenga que estar ni de un lado ni del otro, y de que hagamos un solo frente: el de la empatía.

Les saludo el próximo jueves. Gracias por leerme.

“Supongo que el único momento en que la mayoría de la gente piensa en la injusticia es cuando le sucede a ellos”. Charles Bukowski

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