El trabajo es lo que nos permite llevar comida a casa y sostener a nuestras familias; pero muchas veces las condiciones son duras: largas horas, poco descanso, mucho cansancio, riesgos de transporte e inseguridad, por mencionar tan solo algunos.
Actualmente, en México se trabaja más que en todos los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), por encima de países como Costa Rica y Chile, incluso de Estados Unidos.
Toda vez que la Ley Federal del Trabajo establece como máximo trabajar 48 horas a la semana, es decir, laborar 8 horas durante 6 días, con 1 día de descanso, a lo cual habría que sumarle el tiempo que la gente ocupa tan solo para llegar de sus casas a su empleo, que en muchas ocasiones es de dos a cuatro horas diarias; lo que ocasiona cansancio físico y mental e impide que las personas destinen ese tiempo para convivir con sus familias y seres queridos.
Por eso, vale la pena mirar con atención la iniciativa del gobierno federal de reducir la jornada a 40 horas semanales, de forma paulatina: en 2027 será de 46 horas; en 2028, de 44 horas; en 2029, de 42 horas, y finalmente en 2030, de 40 horas.
Lo que generaría beneficios muy importantes no solo para las y los trabajadores, sino también para sus familias; las personas trabajadoras tendrían una mejor salud física y emocional, permitiéndoles sentirse felices, motivadas, con energía y con menos estrés. Ahora bien, en el ámbito familiar, les permitiría pasar más tiempo de calidad y estar más atentos a las necesidades de sus seres queridos. Todo esto ganando el mismo sueldo.
Ahora debemos preguntarnos: ¿qué beneficios tendrían los patrones si trabajamos menos días o menos horas?
Estudios realizados han demostrado que trabajar menos horas no significa ser menos productivos; la reducción de las horas o días de trabajo generaría desempeñar el trabajo con mayor calidad, debido a que las personas trabajadoras se encontrarían más descansadas, más motivadas, más comprometidas y menos estresadas, lo que sin duda les permitiría mejorar su salud y lograr un aumento de la productividad. Es sabido que un trabajador sano no falta a su trabajo.
Así lo han hecho países como Alemania o Bélgica, que tomaron la decisión de reducir los horarios de trabajo; particularmente en Alemania se redujo la semana laboral a 4 días y se reportaron beneficios en la salud de las personas trabajadoras, mientras que en las empresas se observaron ligeros aumentos en la productividad y las ventas.
No obstante, a pesar de lo bueno que puede parecer reducir los días y horas de trabajo, podrían presentarse problemas, en su mayoría para las empresas familiares, pequeñas y medianas empresas, quienes podrían necesitar contratar más personal para cubrir los mismos horarios y mantener la operación normal, lo que representa gastos adicionales que habrá que analizar.
Otro problema que podría presentarse sería que no todas las personas trabajadoras se vean beneficiadas de la reducción de los horarios de trabajo, debido a que muchos trabajadores no cuentan con un trabajo formal, lo que genera que sus derechos laborales no siempre se respeten.
En ese sentido, me parece un gran acierto la implementación gradual, que permita afrontar estos retos y los que surjan con compromiso total entre trabajadores, empresas y autoridades.
En conclusión, la disminución de la jornada de trabajo en México representa la oportunidad de obtener grandes beneficios, pero también grandes desafíos; trabajar menos no debe verse como un privilegio de unos cuantos, sino como un derecho de todas las personas trabajadoras.
En colaboración con Omar Ávila Castillo.

