Convertirse en un animal, sentirse lobo, percibirse como un jaguar. No es algo nuevo.
En algunas pinturas rupestres se notaban las composiciones de seres humanos y animales, el primer vestigio therian. En Mesoamérica, los nahuales eran seres poderosos que tenían el poder de transformarse en un animal y tener sus características, ya sea rapidez, fuerza o sutileza.
Reírnos de muchachos que andan en cuatro patas con máscaras o colas, mofarse de aquel que quiso orinar la pared o asustarnos porque una mujer que se cree therian quiso morder a una niña es una manera de reaccionar ante esta confusión.
Sin embargo, Umberto Eco siempre pedía la reflexión después de la risa fácil, porque el trasfondo puede mostrarnos que algo está pasando en nuestra sociedad.
Primero estamos ante una IA que nos roba las respuestas de todo; eso que siempre tuvimos en la punta de la lengua lo puede contestar la IA. Todo se vuelve predecible: las canciones que se van a poner de moda, los bailes; todo es mecánico, no hay nada nuevo. Se muestra un mundo lleno de contenido, redes, publicaciones y series. A donde voltees, todo está desbordado.
¿Por qué volver a sentirse primitivo, oler, identificar, aullar, ser animal? Considero que se está buscando el instinto, lo salvaje, lo que nos pueda devolver autenticidad. Si lo meditamos un poco, están intentando sentir bajo la piel de un animal.
Recordemos que antes los guerreros usaban pieles, penachos de animales y garras de animales que representaran que éramos más poderosos, que exaltaran nuestras características.
Bajo esta perspectiva, ellos buscan ser reales, sentir, tocar, oler, porque estamos en una galería donde todo es muy ruidoso, con demasiados espejismos digitales.
Además, está la urgente necesidad de ser humanos, pero si eso no basta, pues ser animales, o los dos al mismo tiempo. Hace poco escuché la plática de dos adolescentes, quienes se quejaban de no haber humanizado lo suficiente su proyecto y, por ende, la probabilidad de ser “cachados”.
Humanizar como una condición que no se posee debería asustarnos. El therian necesita ser bestia para poder sentirse humano otra vez.
Insisto, criticar las tendencias tomando el bando de lo estúpido a lo que no lo es puede ser una crítica muy a la ligera.
Puede que no sea un problema mental, sino una solución a un problema de vacío. De pronto, ser humano ya no es algo que se sepa, sino una técnica que nos separaba de los animales. Si no creamos, somos animales como los demás.
Tanto sobre psicología, tanto avance, y cuando ocurre esto no queremos escuchar, observar y, sobre todo, cuestionarnos qué papel jugamos en todo esto.
Ser bestia para sentir el latido. Aun así, es solo una interpretación. Quizá solo se trata de jugar.
Los seres humanos siempre fantaseamos con tener alas, con ser semidioses, y nos encanta la idea de que una araña pique nuestra mano para lanzar telarañas por todos lados. Es que no es nuevo. Es un grito, un latido, y si nuestros hijos, amigos o conocidos se sienten inclinados a olisquear, entonces hay que preguntar por qué antes de señalar. Hay ausencias que se van supliendo con cosas ilógicas. Si hay vacío, cualquier cosa puede dar sentido de autenticidad.

