Te felicito… ¡Qué bien actúas!
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Te felicito… ¡Qué bien actúas!

Lunes, 02 Marzo 2026 00:00 Escrito por 
Sin Riesgos Sin Riesgos Hugo Antonio Espinosa

Los eventos masivos son fenómenos sociales que ocurren en todo el mundo. Gozan de enorme aceptación por parte de la población y su disfrute es practicado por las más diversas culturas: desde el Super Bowl, una misa del Papa en el Vaticano, las peregrinaciones multitudinarias a La Meca o la serie de conciertos que Shakira dio en la CDMX el pasado fin de semana.

En sus dinámicas, al calor de sus particulares rituales, estas concentraciones de personas suelen estar unidas por una sola idea poderosa y necesaria —el triunfo, una bendición, la canción favorita o el perdón de los pecados— que hace a sus fieles experimentar emociones tan profundas que los puede llevar al éxtasis (si ganan o se sienten redimidos) o a la tristeza y frustración (si pierden o no cantan la canción esperada). Sea por un mínimo detalle o un inoportuno evento desafortunado, dichas contrariedades emocionales detonan fuerzas inconmensurables que pueden abrir la caja de Pandora, acabar con todo y súbitamente terminar en una emergencia o desastre.

El público somos todos. Es un ente abstracto, indefinido y bastante amplio; sus manifestaciones son casi imposibles de identificar concretamente. Las masas, por el contrario, son más específicas y las une un concepto, un ídolo, una serie de valores, ideas o actitudes sobre la vida. El concepto “masivo” nos refiere a las masas; un “evento masivo” reúne a esa parte del público que vive con mayor intensidad y determinación las causas y las razones por las cuales compra un boleto de entrada o hace un esfuerzo por estar ahí, dentro del espectáculo. El amplio público que sigue un partido de fútbol o un concierto lo puede hacer desde la televisión, la radio o en redes sociales, pero los fans irredentos tienen otras motivaciones y ven necesario estar ahí, en el estadio o en la gran pista de baile, para no perderse el momento de actuar en favor de su causa: que gane su equipo o que le canten la rola que más le gusta.

Ya en el evento, dentro de su lógica de agitar banderas, rostros pintados y playeras ceñidas al pecho, la emoción de estar ahí, los cánticos, los amigos, la euforia y el sentido de pertenencia, los hurras y rechiflas generan una magia que puede provocar alegría desbordada, embriaguez y, posteriormente, el exceso… Es entonces cuando, del interior de la masa, surge una fuerza distinta que se fragua y se contagia rápidamente: se llama multitud. Una multiplicidad de sujetos que tiene la capacidad de actuar en común, como una sola fuerza, en donde cada persona pierde su individualidad y ya no piensa por sí misma, sino en función de la “idea” u “objetivo” que le fue contagiado —no siempre de manera planeada—; pierde la razón y se desborda.

La Ley General de Protección Civil (LGPC), en su artículo 2, fracción XXVII, define al fenómeno socio-organizativo como un “agente perturbador que se genera con motivo de errores humanos o por acciones premeditadas, que se dan en el marco de grandes concentraciones o movimientos masivos de población, tales como: demostraciones de inconformidad social, concentración masiva de población, terrorismo, sabotaje, vandalismo…”. Para su identificación, análisis, evaluación, control y reducción, los riesgos deben ser gestionados, es decir, sometidos a un proceso de racionalización y administración que los elimine, preferentemente. No obstante, algunos riesgos son inherentes al evento o actividad misma y, por su propia naturaleza, no pueden ser extinguidos; las personas, bienes y el entorno posiblemente afectado conviven con el riesgo de manera irremediable y permanente, como lo es una concentración masiva, cuya única forma de que no implique un riesgo es que esta no se lleve a cabo.

Ayer, 1 de marzo de 2026, la cantante colombiana dio un concierto en la Plaza de la Constitución, en el corazón de México. Todos sus fans y los que no, emocionados por ver si se rompía un récord más de asistencia, sumando más de 200,000 almas en el Zócalo, disfrutaron de un evento masivo que, afortunadamente, terminó con saldo blanco. Salvaguardar la vida de tantas decenas de miles de personas es un gran logro de las autoridades de seguridad y protección civil de la CDMX que merece reconocimiento. Quedó demostrado que el nivel de riesgo, con buena planeación, prevención y coordinación interinstitucional, y el ejemplar comportamiento del público, puede ser controlado y administrado para beneplácito de todas y todos quienes gustan de estos eventos de alto riesgo. Esto es protección civil. ¡Que su semana sea de éxito!

Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en Gestión de Riesgos de Desastre
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