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Publicado en Opinión

Venezuela

Lunes, 29 Junio 2026 00:00 Escrito por 
Sin Titubeos Sin Titubeos Diana Mancilla Álvarez

Un quejido bajo los escombros

Primero fue silencio. Después, un sonido que apenas se percibía entre toneladas de concreto. Un quejido. Una señal mínima, pero fue suficiente para que los rescatistas pararan y solicitaran silencio absoluto. Bajo las ruinas del edificio en La Guaira, una persona seguía con vida. Pasaron cámaras, geófonos, lámparas, manos expertas, pero, sobre todo, oraciones. Horas después, lograron sacarla, cubierta de polvo y con el miedo reflejado en el rostro. Nadie preguntó su nombre. Solo hubo lágrimas, aplausos y un abrazo colectivo. En una tragedia de estas magnitudes, cada rescate es una victoria contra la muerte. Un verdadero milagro.

Venezuela vive días muy difíciles. Dos terremotos, de magnitud 7.2 y 7.5, sembraron muerte, heridos, viviendas destruidas y familias enteras entre los escombros y con esperanza, buscando a sus seres queridos. Los reportes más recientes indican más de mil 400 personas fallecidas y más de tres mil lesionadas. Pero siempre hay que recordar que ahí, abajo de toneladas de concreto, hay rostros, lo que fueron casas y que ahora ya no están. Hoy, familias se quedaron incompletas en segundos tras la fuerza de la naturaleza.

Llega la ayuda

Y entre el polvo y la angustia, la solidaridad no se hizo esperar. Vecinos que compartieron agua. Jóvenes que formaron cadenas humanas. Médicos que atendieron a heridos sin descanso. Gente común que, sin uniforme ni por el afán de obtener reflectores mediáticos, consideró que ayudar también es una forma de resistencia. Quizá para muchos todo se cayó, su vida se derrumbó, pero saben que deben levantarse y, para ello, ahí están miles de brazos.

El mundo respondió como siempre. Llegaron brigadas de emergencia, perros de búsqueda, médicos, víveres, equipo especializado y manos dispuestas a entrar donde parecería que solo hay peligro, pero tienen la especialización y el equipo para ello. La Cruz Roja Internacional y la Cruz Roja Venezolana asumieron el control en la atención de heridos, búsqueda y rescate, apoyo psicológico, albergues y evaluación de daños. En una emergencia de estas, la coordinación es vital.

De México también salió apoyo. Y desde Toluca partió un grupo de la Cruz Roja Mexicana para sumarse a esta misión humanitaria. Una imagen extraordinaria de mujeres y hombres, mexicanas y mexicanos listos para contribuir con su granito de arena en la zona devastada, con la única consigna de salvar vidas. No buscan aplausos ni reconocimientos, pero se los damos. Van porque tienen la preparación, la vocación y saben que bajo cada losa puede haber alguien en espera de una oportunidad.

La tecnología jugó su papel

Las alertas y avisos de plataformas como Google ayudaron a difundir información útil, ubicar zonas de riesgo y mantener conectadas a personas que buscaban noticias de sus familiares. Hoy, un aviso en el celular puede hacer diferencia, pero ningún sistema sustituye la cultura de prevención.

Prepararse, estar siempre listos

México sabe de terremotos. Los hemos sufrido. Hemos llorado, pero también aprendido de ellos. Por eso, lo que se vive en Venezuela nos llega a lo más profundo, nos toca el corazón, pero también nos sacude. Protección Civil no puede ser solo una dependencia, un simulacro o un cuaderno con instrucciones. Se ha convertido en una forma de salvar vidas, en una herramienta para nuestra seguridad en casos de emergencia.

Hay que tener una maleta de emergencia siempre lista, conocer rutas de evacuación, revisar instalaciones, ubicar zonas seguras, escuchar alertas siempre oficiales y saber cómo actuar es fundamental. Recordemos que cada segundo cuenta. No podemos ir contra la naturaleza, no podemos evitar el desastre, pero sí evitar o reducir el dolor.

Hoy el pueblo de Venezuela necesita ayuda, pero también esperanza. Y esa está en cada rescatista, en cada país que ya envió ayuda, en cada vecino que comparte lo poco que tiene y en cada vida que emerge entre los escombros. La solidaridad surge en medio del desastre natural, y eso no tiene precio.

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