No, no estamos en guerra, respondo a Brenda, mi siempre amable waitress de esa antigua cafetería del centro histórico. La prensa solo narra y construye la historia como la ve, percibe e investiga. El periodista español Luis del Olmo Marote decía, luego de ser cuestionado por no favorecer al régimen español de izquierda: “Yo digo, ante todo, mi verdad. Esa es una de las satisfacciones más poderosas que se puede tener en un medio de comunicación”. Eso mismo hago yo —le digo a Bren—. Solo relato las historias que dibujan mis ojos.
Leí, hace algunos años, una anécdota del periodista Joseph Roth, quien escribió “La marcha Radetzky”, que describía la resistencia de Austria ante la represión de Adolfo Hitler, y arremetía con dureza contra el Tercer Reich. El texto causó el repudio alemán que controlaba a la prensa y la literatura. El 30 de enero de 1933 huyó a París. Sabía que los nazis lo perseguían. No soportaban críticas y rechazaban todo lo que no saliera de su ministerio de propaganda. Roth no mentía. En 1945 quedarían al descubierto las atrocidades genocidas.
El trabajo de periodistas e investigadores puso al descubierto una red de 42 mil 500 instalaciones por toda Europa para confinar y matar a sus víctimas con métodos como la asfixia por gas, fusilamientos, hambre, experimentos pseudocientíficos y médicos, tortura en agravio de judíos, homosexuales, discapacitados, gitanos y prisioneros de guerra. Antes de que se revelara el Holocausto, la prensa describía la existencia de campos de concentración. Los reporteros eran perseguidos y ejecutados… por mentirosos…
La resistencia del periodista
El escribiente entiende que, en cada régimen dictatorial, la prensa es enemiga de la verdad del tirano. El escritor peruano Mario Vargas Llosa consideraba que “todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información”.
El amanuense cree que las amenazas que hoy sacuden al periodismo no las propician las opiniones críticas, sino los fines comerciales de los dueños y los concesionarios de medios. Muchos periodistas y columnistas dejaron de escribir la narrativa de lo cierto, a cambio de los privilegios del engaño oficial.
Todas y todos, en su arrogancia, creen ser poseedores de la sabiduría del periodismo y se atrincheran en la hipocresía del apapacho del político y en creerse consentidos del sistema, y así, solo facilitan que el opresor gane, ya sea desde un escondite en la sierra, cercado por sicarios, o desde la silla de un cabildo, rodeado de serviles del sistema. Sin unidad no hay consensos y sí, en cambio, riesgos. Se produce la posverdad, la infodemia, mentiras, verdades a medias, y se calla u obstaculiza a quienes aún creemos en enaltecer este oficio que le dio voz a Jesucristo, que retrató las guerras y visibilizó la lucha de las mujeres por votar, por encontrar a sus hijos desaparecidos o por ponerse “un sombrero” exigiendo justicia.
El derecho humano de informar nunca va a ser un derecho patrimonial de reporteros, periodistas o de empresarios. Necesitamos un periodismo fuerte, solidario, porque los riesgos que se corren por ejercer esta profesión han dejado saldos muy lamentables de reporteros asesinados o censurados…
Por allá de 1861, imagínese usted hace cuántos años, el escritor británico Oscar Wilde apuntaba que “el periodismo moderno justifica su existencia en el gran principio darwiniano de la supervivencia del más vulgar”; yo diría que en la resistencia de la verdad. Luchar por la verdad también es el legado del periodista insurgente José María Coss. Nos vemos desde otro Sótano. Mi X @raulmandujano

