“Sé que voy a enloquecer, si no te tengo a ti, si no te puedo hablar…”, se escucha de fondo en esa histórica cafetería de estilo barroco con tendencia de arquitectura religiosa. Brenda, mi siempre amable waitress, me pregunta si la música está bien. ¡No! —respondo—. A menos que, en lugar de ese café matutino, me sirvan cerveza o un buen tequila con limón y sal. “Esas duelen”… Ella ríe. “Debemos hacer una lista con las peores canciones y las mejores”, susurra.
El filántropo insolente piensa que, como uno de los principales parroquianos, debería tener, como audiencia, opción a elegir qué canciones escuchar y, si no le agradan, contar con “el derecho de réplica” para la selección en un “ecosistema digital de amplificación artificial de tendencias musicales” que, de entrada, incluya “En cambio no” de Laura Pausini y “La cosa más bella” de Eros Ramazzotti, y nunca las de Ricardo Arjona, “El Malilla”, “Bad Bunny” y Ángela Aguilar.
No es que al periodista estos y muchos más le resulten defecantes, solo que saldrían “enlistados” —esperemos— dentro del “ecosistema artificial de tendencias”. No hay nada contra ellos. Se trata de un análisis sustentado en los contenidos de unas 100 cuentas “semilla”, de “las peores rolas”, entre las que figuren por default los pavorosos quejidos del “Bebeto” (salvo aquella de Lo Legal), Natanael Cano y el “Peso Pluma”.
La “lista”… ¡ojo! Que no es “lista”, sino un Playlist, nos abriría un panorama nuevo sobre la música “bien”, esa que le gusta al escribano de las intolerancias. Ahí podría rendirse homenaje a rolas como Make It with You de Bread, Bohemian Rhapsody de Queen, Rosanna de Toto, el álbum completo de Beatles: Best Classic Songs for Old Memories, e incluso Sailing de Christopher Cross, y jamás, esboza el taquígrafo, el reguetón, ¡menos ese que bailaron en la Cámara de la CDMX para celebrar el Día de la Juventud!: “papi, préndeme un toque, quiero que me azotes, te espero en la cama, fumemos marihuana”… Ay, Dios, ya llévame…
A Brenda, mi siempre amable waitress, le agrada “¡un pinche cumbión bien loco!”: Oye mujer, El amor de mi vida, El paso del gigante… Las incluiríamos en otra lista. Lo malo de hacer Playlist es que, cuando se hace desde el poder de la cabina del poderoso DJ, aunque se tenga “el derecho de réplica”, pondrá las que se “le pegue la gana”, sin debatir, porque es el dueño de la rockola. Y no pasa nada, al final Luis es mejor que Christian y Cazzu, muy superior a la Aguilar. Verdad irrefutable.
Schindler, una lista que salvó vidas
El redactor incómodo entiende que hacer una lista, aunque no sea una lista, tiene un plan, ya sea amedrentar subliminalmente, advertir consecuencias con sutileza o el aviso de acciones. La historia está llena de “enlistados”. Fue así como miles llegaron a Auschwitz y a cientos de campos de exterminio. Pero también hay otras, como la de la novela El arca de Schindler, que relata la vida de Oskar Schindler, un empresario alemán que salvó de morir en el Holocausto a más de mil judíos polacos.
Sí, la mayoría de los dictadores tienen sus listas. Así mantienen vigilados a los que creen que son sus enemigos. No todos los periodistas mienten, es más, los auténticos, los de “la lista” que surgió de ese divertido “ecosistema digital alcaldiano” están por encima de “las hipocresías” de los reporteros “a modo” de las mañanas… Me quedo con Luis Miguel y Por debajo de la mesa… Nos vemos en otra lista, perdón, en otro Sótano… Mi X @raulmandujano

