Desafiar el statu quo. Mi camino hacia la igualdad

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Desafiar el statu quo. Mi camino hacia la igualdad

Miércoles, 26 Febrero 2025 08:25 Escrito por 
Ivett Tinoco Ivett Tinoco Matices

Crecí como una hija sana del patriarcado, sin cuestionar el matrimonio, la maternidad ni los roles de género. Como muchas personas de mi generación, asumía estas normas como verdades incuestionables. Mi forma de hablar, sonreír y vestir respondía a expectativas sociales que jamás me detuve a analizar.

Sin darme cuenta, en algunos aspectos ya me adelantaba a ciertos cambios. Desde temprano comprendí que la solvencia económica era clave para mi independencia y que, si quería destacar en un mundo dominado por hombres, debía aprender a equilibrar estudios, trabajo y vida personal. También entendí que, como mujer, demostrar competencia no bastaba; debía reafirmar constantemente mi capacidad para liderar.

Mi paso por la universidad me permitió reflexionar sobre mi lugar en el mundo y cuestionar las normas impuestas. Descubrí que sobresalir no era suficiente si el entorno seguía esperando de las mujeres sumisión y complacencia. Sin aceptar esa condición, aprendí a navegar en un sistema que nos exigía el doble de esfuerzo para ser tomadas en serio. Sabía que, para avanzar, debía elegir mis batallas con inteligencia y medir mis palabras sin perder mi voz.

Cuando era estudiante, nunca me reía de los chistes misóginos que un profesor solía contar al inicio de clase. Un día, intentó exhibirme diciendo que dejaría de hacerlos porque yo siempre me enojaba. Le respondí que, si para él era tan importante que riera de todo lo que decía, entonces lo haría.

Aun así, hubo momentos en los que rompí barreras sin proponérmelo. Recuerdo cuando en mi trabajo se estaba formando un área de giras. Mi compañera y yo decidimos postularnos, pero el jefe nos dijo que no era un puesto para mujeres. ¿La razón? Implicaba pernoctar fuera, asistir a eventos masivos, salir tarde y, en ocasiones, viajar en condiciones inseguras. Nos miramos y, sin dudarlo, respondimos que podíamos hacerlo. Nuestra convicción fue tan firme que no hubo discusión. Ganamos esa batalla.

Ese momento marcó un punto de inflexión. No fue sólo una victoria personal, sino una grieta en la estructura que nos limitaba. Y así, sin haberme proclamado abiertamente feminista en ese entonces, sin discursos ni pancartas, ya estaba desafiando el statu quo.

Cuando comencé a ocupar espacios de toma de decisiones, casi de manera automática, me corté el cabello y adopté un estilo más sobrio con sacos y pantalón. Sin darme cuenta, estaba ajustando mi imagen a un molde masculino, creyendo que así me tomarían más en serio.

Fue en una conversación con amigos cuando comprendí la importancia de que las mujeres reivindiquemos nuestra feminidad, incluso en entornos tradicionalmente dominados por hombres. Decidí dejarme el cabello largo y volver a usar faldas, lo que, para mi sorpresa, generó incomodidad en mi espacio laboral.

Hoy, gracias a las luchas feministas, esta es una barrera casi superada. La vestimenta ya no debería definir nuestra capacidad ni nuestra autoridad. Ahora, vestir como queremos es también un acto de libertad.

Con el tiempo, mi postura se transformó. Hace unos años, comencé a involucrarme más activamente en la lucha por la igualdad de género. Me interesé en la agenda progresista, en identificar y desaprender las prácticas machistas que, sin darme cuenta, reproducía. Aprendí a integrar un lenguaje inclusivo, a reconocer que la identidad va más allá de lo binario y a cuestionar expresiones que perpetúan la desigualdad. También comencé a visibilizar, en los ámbitos familiar y profesional, esas desigualdades cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas, pero que sostienen estructuras de inequidad.

Hoy, procuro romper el silencio ante todo aquello que perpetúa la desigualdad de género. Comprendí que el cambio no sólo ocurre en los grandes gestos, sino en las pequeñas acciones diarias, en la manera en que nombramos, cuestionamos y reconstruimos nuestra forma de habitar el mundo.

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Ivett Tinoco García

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