La seguridad: responsabilidad indelegable del Estado

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La seguridad: responsabilidad indelegable del Estado

Miércoles, 02 Abril 2025 00:04 Escrito por 
Alfredo Albíter González Alfredo Albíter González Lo bueno, lo malo y lo serio

Es tedioso escuchar hasta el hartazgo la defensa que de la inexistente estrategia de seguridad que implantó el expresidente Andrés López Obrador se hace por seguidores y políticos de la 4t. Los “abrazos y no balazos”, no es, ni de lejos, una estrategia, cuando mucho, es un lema ocurrente de campaña. Nada más.
Lo que sí hizo el oriundo de Macuspana, fue permitir; con su ausente estrategia, que la delincuencia creciera a los niveles que llevaron a las instancias encargadas de registrar las cifras, observar cómo se rompían récords en homicidios y desaparecidos, la única indicación al respecto fue la de “revisar” la forma en la que se reunía la información. ¿La intención? Salta a la vista, reducir o tratar de ocultar esos números que significaban la evidencia del fracaso de esa supuesta estrategia.
Casi 200 mil muertos después y más de 50 mil desaparecidos, es el resultado nefasto que se heredó al gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum Pardo, quien, en lugar de reconocer el descalabro del gobierno que le precedió, insiste, ya sea por órdenes o, por convicción, en defender la política llevada a cabo en esa administración, al grado de repetir el nombre de su mentor con un reconocimiento personal al llamarlo presidente, que, por fortuna, ya no lo es.
Irónicamente, es precisamente en el tema de seguridad en el que Sheinbaum ha logrado imponer al funcionario que, además, no era aceptado del todo por López, pero que es de toda su confianza y vale la pena referirlo, no es hechura de la 4t: Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), quien en los primeros meses de esta administración, con la Estrategia Nacional de Seguridad, ha logrado mostrar lo que se puede obtener cuando se decide enfrentar a los delincuentes.
Sin embargo, su labor no es de ninguna forma sencilla, todo lo contrario; alcanza niveles impensables por el desafío que le representa cumplir con el compromiso que hizo al tomar el cargo. Ante todo, está el desastre que encontró debido a los abrazos ofrecidos a los delincuentes; eso le obliga a aplicar un esfuerzo colosal, ya que el problema no se alcanza a distinguir en toda su magnitud. Por esta razón, y por muy impresionantes que sean los números que reporta, pareciera que es una insignificancia.
Lo peor de todo, es que la ciudadanía se ha vuelto insensible, prefiere creer que no pasa nada y tragarse las mentiras que desde el poder se les receta a diario; así, solo así. Con descaro, se descalifica a quien pone una ventana ante la amarga realidad, como ha sucedido en las últimas semanas con lo descubierto en el Rancho Izaguirre, al que se niega por todas las formas posibles que se trata de un centro de adiestramiento y exterminio.
Negar la tragedia no es más que un descarado cinismo, ya que ésta puntualiza la pasividad que tuvieron las fuerzas de seguridad por instrucciones superiores, y provoca la inconformidad de varios sectores de la sociedad por la permisividad con la que actuaron los delincuentes a sus anchas en el rancho mencionado y en otros lugares similares diseminados por todo el territorio nacional. Al respecto, es necesario aceptar que existe complicidad. Por cierto, las policías municipales son el eslabón más débil de la cadena de las fuerzas del orden; pero están expuestos, se sabe que en varios municipios son los criminales quienes imponen a sus mandos.
Es imposible; no obstante, dejar de lado la responsabilidad del gobierno federal. Se debe recordar que cada que tenía oportunidad el expresidente presumía una y otra vez que todos los días se reunía con el Gabinete de Seguridad. Reunión en la que debe entenderse, entregaban el parte de novedades diario al responsable del ejecutivo, con la crudeza que éste seguramente se presentaba.
Entonces: el presidente, el ejército, la marina, los gobernadores que tenían que presentarse sí o sí cuando los llamaba López: ¿no se enteraron de lo que sucedía? en particular, el de Jalisco, ¿no sabía lo que pasaba en el rancho Izaguirre? ¿Tampoco sabían en el Gabinete que se había rescatado a víctimas privadas de su libertad, logrando la detención de los maleantes que ahí operaban? ¿No ordenó el entonces Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Mexicanas, llevar a cabo una investigación a fondo para saber qué más podría arrojar ese lugar? ¿No? ¿Para qué se reunían entonces? ¿Para tomar café?
La consecuencia de los abrazos ofrecidos a los malhechores cobra la factura a los mexicanos, quienes siempre pagan por los errores de sus gobernantes. Como, por ejemplo, existen comunidades enteras que se observan abandonadas por la presión de estos, quienes presumen haber construido un imperio con jugosas ganancias. Narcotráfico, tráfico de personas, huachicol, derecho de piso, secuestro y muchos etcéteras más, constituyen los ingresos que parecen intocables por el gobierno, como se ha revelado con la “Operación Bastión”, al sur de la entidad mexiquense.
Romper la inercia que ha empoderado a los facinerosos es una tarea muy complicada, García Harfuch enfrenta en el campo de batalla, no solo a los capos del narcotráfico, sino a los correligionarios de su partido que no respetan, ni quieren respetar a la presidente, y menos lo quieren a él; debe, además, que lidiar con las autoridades estadounidenses, y con el padre político de su jefa, habrá que sumarle también una desconocida cantidad de personajes que no lo dejarán desempeñar su trabajo con la eficiencia que quisiera.
Pero, además, el secretario debe recuperar recursos que desafortunadamente le fueron recortados al área de seguridad, y reconstruir a los cuerpos encargados de ella; las policías municipales representan lo más débil de la cadena, ya que no son pocas las veces en las que están bajo amenaza y no tienen forma de garantizarles seguridad a sus familias.
La seguridad es un derecho humano, y es una responsabilidad indelegable del Estado.

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio