¿Cómo piensa una persona juzgadora para decidir si alguien debe ir a proceso?
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¿Cómo piensa una persona juzgadora para decidir si alguien debe ir a proceso?

Viernes, 19 Junio 2026 00:05 Escrito por 
Justicia que transforma Justicia que transforma Jesús Ángel Cadena Alcalá

Imaginemos que roban un celular en la calle y la policía detiene a alguien. Esa persona debe ser presentada ante el Ministerio Público, la autoridad que investiga los delitos. Su trabajo es reunir información para saber si hay elementos suficientes para llevar el caso ante un juez. Si los hay, pide que la persona detenida sea “vinculada a proceso”.

¿Qué significa esto? Que existen datos para pensar que probablemente ocurrió un delito y que la persona detenida pudo haber participado. No quiere decir que ya sea culpable, solo que el caso seguirá investigándose para después decidir si es responsable o no.

Quien toma esta decisión es la jueza o el juez de control, y para resolver revisa dos tipos de requisitos.

Primero, los de forma. Uno es el tiempo: debe decidir dentro de las 72 horas siguientes a que la persona llega al lugar donde se le tiene resguardada. También debe asegurarse de que se le haya explicado con claridad de qué se le acusa: el día, la hora, el lugar y la forma en que supuestamente cometió el delito, las leyes que se considera que violó, quién lo acusa y si actuó solo o acompañado. Además, debe darle la oportunidad de hablar: puede responder a las acusaciones si quiere o quedarse callada, sin que eso se use en su contra.

Después, la persona juzgadora analiza el fondo del asunto, es decir, las pruebas. Revisa si los datos reunidos permiten pensar que probablemente pasó algo, explica por qué ese hecho puede considerarse un delito según la ley y, finalmente, si existe una posibilidad real de que la persona detenida lo haya cometido o haya participado en él.

Para esto, debe analizar las pruebas de forma libre y razonada: explicar por qué un dato pesa más que otro, para qué sirve y qué relación tiene con el hecho investigado. Por ejemplo, si a alguien investigado por robo le encuentran un cuchillo y la víctima dijo que la amenazaron con un objeto parecido para quitarle el celular, ese cuchillo cobra importancia porque confirma algo similar a lo que ella describió y se relaciona con cómo se cometió el robo.

Por eso, la persona juzgadora revisa cada prueba primero por separado, viendo qué aporta por sí sola, y después junto con las demás. Así puede armar una idea razonable de lo que probablemente ocurrió y decidir si ese hecho puede ser un delito.

En conclusión, la vinculación a proceso no es una sentencia ni una condena. Su única finalidad es permitir que el caso siga su curso y que la investigación continúe.

Para hacer este análisis, las personas juzgadoras se apoyan en la llamada “sana crítica”, que tiene tres herramientas: la lógica, la experiencia y los conocimientos científicos aceptados por los expertos. Aquí explicamos, de forma sencilla, en qué consiste la lógica.

Esto importa porque en las resoluciones judiciales cada vez se usan más frases como “sana crítica” o “principios de la lógica”, pero a veces se mencionan sin explicar realmente cómo pensó el juez. Valorar una prueba no es solo decir que se hizo “conforme a la sana crítica”; también implica explicar qué se analizó, por qué se le dio cierto valor y a qué conclusión se llegó.

¿Qué es la lógica? Es la parte de la filosofía que estudia las reglas para pensar correctamente. Nos ayuda a ordenar las ideas, evitar contradicciones y explicar lo que pensamos, para poder comunicar, defender opiniones y construir argumentos. Aplicada al derecho, se llama lógica jurídica: usar esas herramientas para analizar normas, casos y decisiones legales. Es indispensable para las personas juzgadoras, abogados y fiscales, porque el derecho no solo exige conocer las leyes, sino interpretarlas, relacionarlas con los hechos y justificar bien una conclusión.

Para razonar, lo más usado en el derecho es partir de una regla general y aplicarla a un caso concreto, con tres pasos: una regla general, los hechos del caso y la conclusión que sale de unir ambos. Por ejemplo: la ley castiga a quien toma algo ajeno sin permiso (regla); alguien tomó una motocicleta sin autorización de su dueño (hecho); esa conducta puede ser un robo (conclusión).

En la práctica, no siempre es tan sencillo: hay leyes confusas, hechos discutidos y pruebas que se contradicen. Por eso, el derecho también necesita argumentación, no solo lógica.

Esta forma de pensar sirve a todos en el sistema de justicia: al abogado le ayuda a construir y defender su caso; al fiscal, a ordenar los hechos y justificar lo que pide; al defensor, a encontrar contradicciones y proponer otra interpretación; y al juez, a resolver con claridad y explicar por qué acepta o rechaza algo.

En resumen, una decisión judicial no puede basarse en corazonadas ni en preferencias personales, sino en razones claras. Por eso, la lógica es indispensable para construir buenos argumentos, interpretar las leyes y resolver los casos de forma razonable.

En colaboración con Axel Leobardo Maldonado Contreras.

 
 
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Jesús Ángel Cadena Alcalá

Justicia que transforma