El escenario político de la capital mexiquense se encuentra fracturado y la opinión pública arde en un debate que divide posturas con una intensidad pocas veces vista. La denuncia por abuso sexual en contra del secretario del Ayuntamiento de Toluca, Justo Núñez, ha dejado de ser un asunto puramente de tribunales para convertirse en una auténtica batalla campal en el terreno de las percepciones.
En el centro de esta tormenta se encuentra Mafer Fabela. Con apenas unos meses de haber irrumpido en la labor periodística, Fabela se ha colocado de golpe en el ojo del huracán. Su nombre resuena hoy en todos los círculos políticos y mediáticos tras haber presentado esta grave acusación contra un hombre influyente del organigrama municipal. Para muchos, la joven reportera encarna la valentía de romper el silencio frente a las estructuras del poder tradicional, convirtiéndose en una figura de apoyo para quienes exigen que no existan intocables en la administración pública. Sus defensores cierran filas en torno a ella, argumentando que Mafer no tiene motivos para mentir sobre un caso así, pues lejos de resultar beneficiada, se ha expuesto a un desgaste personal y profesional gigantesco.
Por el otro lado, la respuesta del funcionario no se hizo esperar, inyectando más polarización al caso. Justo Núñez reaccionó con rapidez para defender su nombre y su honor, proclamando de manera categórica su inocencia y asegurando que facilitará todas las pruebas necesarias ante las autoridades para demostrar que la acusación carece de fundamento. Lejos de evadir el golpe, quienes lo respaldan destacan que se trata de un político con una vasta experiencia en el terreno público, un hombre que en su momento incluso incursionó en el ámbito periodístico y que, a lo largo de su trayectoria, jamás enfrentó un señalamiento de esta naturaleza. Para este sector, resulta inverosímil que Núñez arriesgara una carrera construida durante tantos años por un acto irresponsable y reprobable de este tipo.
Es aquí donde la lógica de ambos lados parece impecable y, al mismo tiempo, nos conduce a un callejón sin salida: el laberinto de la palabra contra la palabra. En casos de esta índole, donde el espacio privado suele ser el único testigo, la ausencia de elementos de prueba físicos o documentales tangibles amenaza con estancar el proceso en un pantano de especulaciones. Tal vez en los próximos días surja algún testigo, pero volveríamos a lo mismo: serían solo palabras frente a un hecho verdaderamente difícil de comprobar de manera científica. Ambos contendientes proyectan una postura de inocencia, pero, al parecer, ninguno tiene las herramientas definitivas para demostrar su verdad ante la opinión pública de forma inmediata.
Toluca se encuentra ante un espejo incómodo que divide opiniones: por un lado, la exigencia de proteger y creer a las mujeres que rompen el silencio; por el otro, la necesidad de salvaguardar la presunción de inocencia y el debido proceso.
La moneda está en el aire y la presión se traslada por completo a la cancha de las autoridades. Serán los peritos, los psicólogos forenses y los investigadores de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México quienes tengan la titánica tarea de desmenuzar los testimonios para descubrir quién miente y por qué, y quién dice la verdad. Mientras tanto, el juicio social sigue suspendido en el aire.
El presidente municipal, Ricardo Moreno, sin deberla ni temerla se ubica en el centro de este escándalo; con base en lo que él mismo dijo: “no protejo a nadie, ni soy cómplice de nadie”; sin embargo, se encuentra ante un conflicto político y personal; por un lado, un hombre al que conoce desde hace mucho tiempo y a quien le ha dado toda su confianza y que asegura que es inocente; por el otro, una joven que reclama justicia ante una agresión directa.
Dejó claro que el ayuntamiento no es juez, pero que Justo Núñez tiene derecho a defender su honor, por lo que dejará que el caso siga su debido proceso y que sean las autoridades quienes determinen quién es el que miente; entonces tomará las medidas que sean necesarias para garantizar que haya justicia.
Tiempo al tiempo.
Fernando Flores e Iraí Albarrán, firmes por Metepec
Mientras este caso crece y el de la alcaldesa de Tenancingo también, el caso de Fernando Flores se apaga lentamente y luego de que pareciera que era casi un hecho de que terminara su legado en Metepec, al parecer vuelve a posicionarse, él rumbo a la diputación y su esposa Iraí Albarrán a la alcaldía por el PAN; su amigo casi hermano, Enrique Vargas del Villar le dio el espaldarazo en la sesión del comité directivo del PAN, en donde, si bien no aprueban el acto violento que protagonizó, consideran que las cosas buenas que han hecho en Metepec los avalan para seguir en el proyecto blanquiazul.
Pues otra vez, tiempo al tiempo.

