La muerte de Kenzo, el imponente tigre de Bengala blanco que durante casi cinco días deambuló por las nopaleras y los ejidos de Tepetlaoxtoc, no es un hecho aislado ni un simple "accidente de campo". Es, en el fondo, la radiografía perfecta de un sistema colapsado por la incompetencia y una muestra de cómo opera la narrativa oficial en el México de la autollamada transformación: primero se simula el éxito, luego se esconde la tragedia y, al final, se busca un chivo expiatorio para lavarse las manos.
El operativo para capturar a Kenzo fue un rotundo fracaso técnico que desnudó la nula preparación de las autoridades ambientales. Aunque la mañana de este jueves la alcaldesa de Tepetlaoxtoc y varias dependencias colgaron videos celebrando un "rescate exitoso" mediante sedación, el cerco de mentiras no tardó en desmoronarse. La realidad, cruda y violenta, alcanzó la ventanilla pública: al personal de búsqueda el manejo de una crisis de fauna silvestre les quedó gigante. Al final, ante el descontrol de las maniobras, la respuesta fue la de siempre en el terreno de la improvisación: apretar el gatillo. El uso de fuego real contra el felino bajo el argumento de un protocolo de "contención letal" es la confesión abierta de que el Estado no sabe, no puede y no tiene la menor idea de cómo preservar la vida que juró proteger.
Para intentar apagar el fuego del escándalo y el reclamo ciudadano, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) aplicó su ya conocido "curita" burocrático: la clausura total temporal del recinto privado Animal Experience. Con un tono punitivo que llega demasiado tarde, la dependencia federal corrió a colgar los sellos de clausura, a asegurar otros nueve ejemplares y a emitir un comunicado lamentando la pérdida. ¿Por qué tuvieron que esperar a que un depredador de tres años escapara por las fallas de seguridad del lugar para descubrir que los encierros no estaban autorizados y que había anomalías en su Plan de Manejo? La Profepa opera como un forense del medio ambiente: llega solo a certificar los decesos y a simular autoridad cuando el daño ya es irreversible.
Pero esta cadena de falsedades locales no es fortuita; responde a una escuela de gobierno. El manejo informativo de la tragedia de Kenzo se alinea perfectamente con la constante que hemos visto desde la tribuna del Palacio Nacional durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y que hoy continúa bajo la administración de Claudia Sheinbaum. La línea dictada desde arriba es clara: los datos incómodos se guardan, las realidades se alteran y la verdad se sustituye por "otros datos". Se oculta la realidad para no manchar la narrativa de un país idílico. En el caso del felino de Tepetlaoxtoc, el libreto se siguió al pie de la letra: la verdad se dosificó, se maquilló y solo se aceptó cuando el cuerpo inerte de la fiera ya reposaba en el santuario de Reino Animal debido a un shock hipovolémico.
Algunos datos sobre el valioso gen del tigre blanco
La pérdida de Kenzo es una tragedia biológica que se mide en números de alarma global. El tigre de Bengala blanco no es una simple atracción de rancho; es una mutación genética extremadamente rara de una especie protegida por la estricta norma internacional (CITES). Los números duros son devastadores: en libertad, la cifra de tigres blancos es prácticamente cero, dado que el gen recesivo que les otorga ese pelaje conspicuo reduce casi por completo sus posibilidades de camuflaje y supervivencia en la naturaleza, extinguiéndose el último registro salvaje en la década de 1950. Hoy en día existen apenas alrededor de 200 a 300 ejemplares en cautiverio en todo el planeta, la gran mayoría bajo programas de conservación o, trágicamente, en colecciones privadas y predios mal regulados como el de Tepetlaoxtoc.
Que uno de esos escasos dos centenares de ejemplares que quedan en el mundo haya muerto de un balazo en el Estado de México, por la incompetencia de un operativo, es una vergüenza internacional. Mientras desde el Palacio de Gobierno nacional se sigan tejiendo cortinas de humo para tapar las fallas del aparato público, el patrimonio natural de este país seguirá pagando el precio de la improvisación. A Kenzo lo mataron los disparos en el cerro, pero su verdadero verdugo fue la simulación.
Peor aún, la celebración y la desinformación oficial que se dio a conocer cuando el tigre había sido capturado de manera festiva. Con qué sangre fría mienten y salen en video a “presumir” acciones que son incapaces de realizar.
A ver si ahora la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también pide pruebas de la incompetencia del personal que tiene colocado en temas de los que son verdaderamente ignorantes, están ahí por amiguismo o compromiso, pero no porque sean personas destacadas o especialistas en el tema.
Ojalá la muerte de este hermoso gato blanco provoque una exhaustiva revisión de los encargados del tema de protección animal para que los animales dejen de morir en los refugios por falta de alimento, atención veterinaria, espacios saludables y acordes a sus necesidades y todo lo que ellos requieran.
Nos leemos la próxima semana.

