La capital errante. La asombrosa travesía del Estado de México para convertir a Toluca en su capital
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Publicado en Opinión

La capital errante. La asombrosa travesía del Estado de México para convertir a Toluca en su capital

Viernes, 07 Agosto 2026 00:10 Escrito por 
Ecos del pasado Ecos del pasado Juan Manuel Pedraza Velásquez

toluca

La ciudad de Toluca, la capital mexiquense, no sólo es una de las ciudades más pobladas del Estado de México, sino que posee una gran historia que en su acontecer albergó muchos sucesos, tradiciones, prácticas y procesos históricos. Uno de estos procesos fue el largo derrotero que tuvo nuestro estado para consolidarse como parte importante de la federación. Si bien la ciudad de Toluca fue fundada en 1522, no fue sino hasta 1830 cuando quedó formalmente establecida como capital de nuestra entidad, título que sustenta hasta la fecha.

Sin embargo, la historia moderna de Toluca y de nuestra entidad va de la mano con los vaivenes políticos de nuestro país. Recordemos que de 1816-1820, la región de Tierra Caliente era operada por el insurgente Pedro Ascencio, líder guerrillero que causó severos dolores de cabeza al ejército virreinal. Ascencio murió en junio de 1821 y la región estuvo, en menor medida, dominada por Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, ahora aliados por una causa común.

Con la Consumación de la Independencia vinieron los primeros ajustes políticos promovidos principalmente por la élite criolla. En este contexto, la nación mexicana heredó en gran medida la administración y división política de la época colonial. Con la Constitución de Cádiz, en 1812 las llamadas intendencias del virreinato pasaron a convertirse en diputaciones provinciales. En mayo de 1822, Agustín de Iturbide llegó al trono imperial; su gobierno heredó en gran medida los límites territoriales de la Nueva España, aunque cambiando las diputaciones por el nombre de “provincias”. La provincia de México abarcó los actuales estados de Guerrero, Hidalgo, Morelos y México. Cabe destacar que, en esta época, la ciudad de México funcionaba como capital tanto del Imperio como de la provincia de México.

El fallido experimento de Iturbide terminó abruptamente el 19 de marzo de 1823, dando paso a la Constitución Federal de 1824 y la formación de nuevas entidades federativas conocidas con el nombre de estados. De esta forma, la nueva república quedó compuesta por 19 estados y cinco territorios. Con Melchor Múzquiz proclamado gobernador el 2 de marzo de 1824, el Estado de México inició su historia política, siendo el más importante debido a su cercanía con la capital, así como su importancia económica y estratégica.

Con el nacimiento político del territorio mexiquense comenzó así una larga odisea para hallar una ciudad que fuera la capital y centro político del territorio. Dado el sistema federal, la ciudad de México era la sede de los poderes estatal y ejecutivo federal, siendo esta la principal capital de la entidad durante los dos primeros años de vida independiente. El federalismo le restó poder y facultades al Estado de México; de esta forma, el gobierno de Guadalupe Victoria dispuso expropiar la ciudad de México al territorio estatal, lo anterior para que fuera de manera permanente sede del poder ejecutivo y, a su vez, la capital de la nación mexicana.

Lo anterior llevó al Edomex a la difícil tarea de buscar una villa o ciudad que fuera sede de los poderes estatales. Primeramente, se eligió a Texcoco para ostentar el honor de ser la capital mexiquense debido a su importancia histórica y comercial; sin embargo, la entonces municipalidad no contaba con la infraestructura necesaria para atender todas las necesidades políticas y económicas de un territorio de más de 190 mil kilómetros cuadrados. Pese a esto, en Texcoco se juró la Primera Constitución Estatal un 14 de febrero de 1827. Conforme a ella, el territorio mexiquense se dividió en los distritos de Acapulco, Cuernavaca, Huejutla, México, Taxco, Toluca, Tula y Tulancingo.

El 8 de marzo de 1827 llegó al poder estatal Lorenzo de Zavala, un político con ideas liberales ajenas al tradicionalismo colonial y que sentía cierta afición por el modelo democrático norteamericano. Entre las reformas que hizo estuvo la de trasladar la sede capitalina a Tlalpan, en ese entonces conocida como San Agustín de las Cuevas. De esta manera, la ahora alcaldía de la ciudad de México se convirtió en la capital estatal, siendo elevada a categoría de ciudad. Ahí Zavala comenzó a echar a andar su modelo progresista, creando una fábrica de puros, una imprenta y el Instituto Literario del Estado, antecedente de la actual Universidad Autónoma del Estado de México.

En diciembre de 1829, Vicente Guerrero fue destituido de la presidencia debido a sus ideas progresistas que atentaban contra las élites, el ejército y los cacicazgos locales. Con la caída de Guerrero, Zavala tuvo la misma suerte al ser relevado de la gubernatura. Con este abrupto fin, el poder estatal recaería nuevamente en las manos de Melchor Múzquiz. Una vez apaciguadas las tensiones, Múzquiz notó que la ciudad de México era la principal fuente de conflictos e incertidumbres políticas, por lo que, para estar al margen de esas oscilaciones gubernamentales, decidió, con apoyo del Congreso local, cambiar nuevamente la sede de la capital mexiquense, esta vez hasta Toluca, ciudad ubicada en el antiguo Valle del Matlatzinco.

A diferencia de sus antecesoras, la ciudad de Toluca tenía muchas ventajas para ser la capital estatal. Toluca ofrecía una céntrica ubicación estatal entre el ejecutivo local y todos sus distritos; a su vez, la lejanía con la ciudad de México evitaba, en cierto sentido, que el Congreso local se involucrara demasiado en el caos político que comúnmente terminaba en asonadas, cuartelazos y golpes de Estado. Fue así como Toluca fue formalmente nombrada capital del Estado de México en el mes de julio de 1830, una responsabilidad que ejerce actualmente.

Como pudimos notar, el derrotero político para encontrar una capital estatal no fue fácil; fue producto de luchas internas por el poder y respondió a una situación donde los intereses políticos de las dos grandes tendencias (federalista y centralista) estuvieron en juego. En sus ya casi 200 años como capital de nuestra entidad, la ciudad de Toluca no es sólo el centro de la vida política y cultural de los mexiquenses, también es parte vital de nuestra historia estatal y testimonio de las grandes transformaciones y cambios que ha tenido nuestro país.

Por Juan Manuel Pedraza, historiador por la UNAM.

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