Durante 2026, 2027 y 2028, en Estados Unidos y en nuestro país se llevarán a cabo elecciones democráticas. En el caso de México, en 2027, 17 gubernaturas, 2 mil presidencias municipales, 31 congresos locales y 16 alcaldías de la CDMX. Resumiendo, 1,700 escaños en todo el país. En EUA, siendo un país democrático, la modalidad electoral en número y territorio es diferente; se elegirán 435 miembros de la Cámara de Representantes y 100 senadores y diputados locales, alcaldías y gobernadores; en suma, 3 mil 400 cargos.
Seguramente por la mente de algunos habrá pasado con preocupación el caso de Daniel Ortega en Nicaragua, pero no, ni en EUA ni en México ocurrirá así ni en ningún otro país de Latinoamérica.
Lo que es un hecho es que el modo de legislar en nuestro país nunca será el indicado para hacer justicia con resultados de las decisiones de los ciudadanos en una democracia tan compleja como la nuestra que, entre la directa, la representativa y la participativa, han definido en sus regiones sus modos y sus objetivos.
A los niños se les ha enseñado una democracia, pero estamos ciertos que el anhelo es continuar la búsqueda de una democracia parlamentaria en la que el gobierno dependa del Parlamento.
Hemos visto recientemente cómo el Poder Judicial fue renovado con una elección espuria que habrá que repetir. Si queremos que en otros países se crea que se imparte justicia y eso dé certeza a quienes están negociando el T-MEC, necesitamos una democracia viable, creíble, transparente, sin mentiras. Así como está, es compleja y tan torcida, esto no será posible y en el país lo sufriremos más pronto de lo que imaginamos; de hecho, ya está pasando. Requerimos de una democracia representativa y participativa de todos los posibles electores.
Suponemos que así lo harán en los Estados Unidos.

