Encuestas y baches
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Publicado en Opinión

Encuestas y baches

Jueves, 10 Septiembre 2026 00:00 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

Comenzó septiembre y, con él, dos relojes. Hoy arranca el Proceso Electoral Federal 2026-2027 para renovar las 500 diputaciones federales. Días antes, el Instituto Electoral del Estado de México instaló el suyo. El primer domingo de junio de 2027 tendremos una cita con las urnas. A partir de ahora, cada semana los periódicos presentarán encuestas cuyos resultados aparecerán en sus titulares. Conviene, antes de que el ruido nos gane, revisar qué miden realmente estos estudios.

Justo ahora, las dos mediciones más serias coinciden en el orden y discrepan en el tamaño. Buendía & Márquez, para El Universal, da a Morena 35% de intención de voto bruta para diputados federales, con 28% que no responde; al descontar la no respuesta, 48% efectivo, frente a 15% del PAN, 13% del PRI y 12% de Movimiento Ciudadano. Mitofsky publica 33.4% y, en preferencia efectiva, coloca a Morena en 41.4%, con el PAN en 18.4%. Siete puntos de diferencia entre una casa y otra para el mismo partido. Mitofsky lo advierte con rara honestidad: “Por favor, nadie vea esto como un pronóstico, porque seguramente se equivocará”.

El primer aprendizaje ciudadano: una encuesta no es una sentencia, sino la fotografía movida de un instante. Quien la lee como oráculo confunde el termómetro con la enfermedad.

Y, sin embargo, esos números dicen algo que ningún titular resume. Casi la mitad del electorado —47% según Buendía— no se reconoce en ningún partido; apenas 5% se asume panista y 34% morenista. La mayoría no vota identidades, vota circunstancias. Al mismo tiempo, 43% considera que el país va por mal camino. Hay descontento… ahora falta quién lo convierta en alternativa. Entre quienes creen que el país va por mal camino, Morena conserva 22%. Lamentablemente, el enojo no se traduce en castigo.

Y ese mal camino tiene situaciones concretas. Según el Banco de México, la economía apenas crecerá 1.5% en 2026, crecimiento débil que no generará empleo ni bienestar. Además, casi seis de cada diez adultos se sienten inseguros. Y el desabasto de medicamentos en hospitales públicos continúa, y castiga a quien menos tiene, mientras el gobierno lo minimiza en 3%, los pacientes lo padecen en sus farmacias vacías. Esas son las peores calificaciones del oficialismo, y ahí —no en la encuesta— está la oportunidad de la oposición: resolver donde el gobierno falla.

Hasta aquí, la conversación nacional. Pero en 2027 no tendremos una sola elección, sino un mosaico de elecciones. El primer domingo de junio no sólo se renovarán las 500 diputaciones federales. Se disputarán 17 gubernaturas y, en buena parte del país, más de mil diputaciones locales y miles de ayuntamientos que se traducen en más de 13 mil cargos municipales. Y aquí está la trampa: el porcentaje de intención de voto en la elección federal no se traslada mecánicamente a cada estado ni a cada municipio. Los gobiernos municipales son las autoridades más cercanas, son los prestadores de servicios públicos más básicos y fundamentales: recogen la basura, entregan el agua, tapan el bache, cambian la lámpara, mandan la patrulla. En ese ámbito, la marca del partido pesa menos que el rostro del candidato y su capacidad de resolver.

De ahí una segunda lección, para quien va a votar. La pregunta no es ¿qué partido prefiero? Es más útil cuestionarse: ¿en mi colonia funciona lo que debe funcionar?, ¿quién puede hacer que funcione? La calidad de una democracia no se mide en la boleta cada tres años, sino en los baches de todos los días, en las lámparas fundidas y la falta de agua.

Propongo cambiar la vara para medir. Dejemos las encuestas a un lado y, cada uno, al observar a nuestro alrededor, hagamos cuatro preguntas sobre nuestro municipio: ¿llega agua limpia y suficiente a casa?, ¿mis calles son seguras al caer la noche?, ¿puedo consultar a dónde va cada peso del presupuesto? Y la más olvidada: cuando el ayuntamiento decidió la obra o el gasto, ¿me preguntó?, ¿preguntó a los vecinos de otras colonias afectadas por falta de servicios públicos? Un gobierno que no incluye la opinión de sus gobernados no es cercano, por muy ingeniosos que sean los nombres de las brigadas de trabajadores o las mascotas que presenta o los anuncios que difunde.

Nunca debemos olvidar que participar es mucho más que votar. Es sumarse a un comité vecinal, exigir presupuesto participativo real, acudir al cabildo abierto a plantear las necesidades de la colonia o la cuadra. Un elector no es un ciudadano pleno. Quien sólo aparece el día de la elección entrega un cheque en blanco. Quien vigila 365 días obliga al servidor público a gobernar y rendir cuentas. Es mejor ver el voto como el final de una conversación cívica, no su principio.

Conviene decirlo con claridad humanista: la política no es un deporte de pronósticos ni un mercado de encuestas. Es el arte de organizar la convivencia para que la vida en común sea mejor. Reducirla a quién va arriba en la gráfica rebaja al ciudadano a espectador y al gobernante a encuestado. Y un escenario público lleno de espectadores no es una democracia, es el terreno donde los servidores públicos se acostumbran a no rendir cuentas. Los mexicanos ahora lo sabemos por experiencia propia.

La competencia política real —la que renueva gobiernos y obliga a los buenos a serlo— no se construye desde arriba, desde el gobierno nacional. Se construye desde abajo, municipio por municipio, servicio por servicio. Con ciudadanos que miran su entorno y exigen resultados. Las encuestas pasan, los servicios quedan. En 2027, más nos vale votar por la calle, la cuadra, la colonia… pensando en los baches de las vialidades de todos nuestros municipios.

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Juan Carlos Núñez

Palabras al viento