¿Cuántas desapariciones necesitamos para reaccionar?
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¿Cuántas desapariciones necesitamos para reaccionar?

Martes, 25 Agosto 2026 00:10 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Hay preguntas que incomodan, que duelen y que no son fáciles, porque nadie quiere responderlas.

¿Cuántas mujeres tienen que desaparecer para que dejemos de reaccionar cuando ya es demasiado tarde?

Dianna tenía 18 años. Fue reportada como desaparecida en Toluca, su familia salió a buscarla, pidió ayuda y llegó incluso a bloquear una vialidad para exigir que su caso no quedara en el olvido. Días después, su mayor temor, Dianna fue localizada sin vida en una zona boscosa de Ocoyoacac.

Entonces volvemos a hacer lo que tristemente ya conocemos: informar, indignarnos, compartir la fotografía, exigir justicia y preguntarnos cómo pudo pasar.

Pero hay algo que no podemos permitirnos: que la indignación se convierta en rutina, porque cada desaparición comienza con una esperanza.

Una madre que piensa: “va a regresar”.

Un padre que llama una y otra vez.

Un hermano que revisa las redes sociales.

Una amiga que comparte una fotografía.

Una familia que deja de dormir.

Y mientras pasan las horas, esa esperanza puede convertirse en desesperación.

Por eso, una desaparición no debería ser tratada socialmente como una más. Las primeras horas importan, la búsqueda importa, la coordinación importa y la información importa.

No se trata de señalar sin pruebas ni de fabricar culpables. Se trata de hacer las preguntas que corresponden y que la autoridad competente las responda y no se queden volando en el aire, o en una carpeta más.

Es necesario saber: ¿Qué ocurrió desde que Dianna desapareció hasta que fue localizada?

¿Qué acciones se llevaron a cabo durante esas horas?

¿Se agotaron las posibilidades de búsqueda?

¿Se revisaron cámaras, recorridos y lugares relacionados con sus últimos movimientos?

¿La familia recibió acompañamiento y respuestas suficientes?

Y, sobre todo, saber si ¿Estamos haciendo todo lo necesario para encontrar a las mujeres que desaparecen antes de encontrarlas muertas?

Porque ese debería ser el objetivo.

No podemos conformarnos con tener buenos protocolos en el papel si las familias sienten que tienen que salir a las calles, cerrar una avenida y gritar para que su desaparecida sea escuchada.

Tampoco podemos acostumbrarnos a leer que otra mujer fue localizada sin vida y pasar al siguiente tema.

Hace apenas unos días conocimos también el caso de Sara Valeria, otra joven que desapareció en el Valle de Toluca y posteriormente fue encontrada sin vida. Dos historias distintas, dos familias destrozadas, dos mujeres con una vida por delante.

No corresponde afirmar que ambos casos estén relacionados; corresponde, eso sí, preguntarnos por qué seguimos teniendo mujeres que desaparecen y terminan siendo encontradas muertas.

Porque cuando una mujer desaparece, no desaparece solamente una persona.

Desaparece la tranquilidad de una familia, desaparece la rutina de una madre, desaparecen los planes de una hija, desaparecen los cumpleaños que ya no llegarán, las llamadas que no volverán y las historias que quedaron a medias.

La pregunta deja de ser solamente quién fue responsable de una muerte.

La pregunta también es:

¿Qué estamos haciendo como sociedad para evitar que la siguiente ficha de búsqueda termine convertida en una esquela?

Dianna tenía 18 años. No debería ser necesario imaginar que podría ser nuestra hija para exigir que una desaparición importe.

No debería ser necesario bloquear una avenida para que una familia sea escuchada.

No debería ser necesario que una mujer aparezca muerta para que todos volteemos a verla.

¿Cuántas desapariciones necesitamos para reaccionar?

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Lupita Escobar

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