¿Son las becas la solución a la educación?
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¿Son las becas la solución a la educación?

Miércoles, 23 Septiembre 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Los resultados de la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) sacudieron momentáneamente a la sociedad mexicana. Aunque debería preocupar más y poner a pensar con conciencia a los padres de familia que son, junto con sus hijos, quienes enfrentarán un porvenir que no parece ser el mejor.

Los padres de familia mexicanos del pasado, con más limitaciones en comparación con los del presente, también se preocuparon por el estudio de sus hijos. Tampoco les fue tarea fácil, porque no a todos podían brindarles ese privilegio, ya que, al ser familias numerosas, los mayores se veían obligados a trabajar desde temprana edad para contribuir al gasto familiar. Por ese motivo, solo algunos pudieron continuar preparándose después de cursar la primaria.

No obstante, en aquel tiempo, la carga de la manutención recaía primordialmente en el padre de familia. Fue otra época, desde luego, pero con eso alcanzaba; al crecer sus hijos, las necesidades fueron mayores, por lo que, inevitablemente, como se señaló, los más grandes salían a buscar un trabajo.

En ese entorno, los que habían sido designados para dedicarse exclusivamente a estudiar eran impulsados por toda la familia, pues, conociendo las dificultades que tendrían que sortear y el esfuerzo que debían imprimir para concluir con éxito una carrera, se les exigía poner todo el empeño posible. Era esa su única responsabilidad.

Para ese entonces, las becas eran selectas y existe un motivo: se premiaba a los estudiantes destacados por la simple razón de que el esfuerzo lo amerita y obliga a quien le interesa obtener una, perseverar para lograr tal distinción. No es por una justicia mal entendida, es un premio que obsequia el empeño y la dedicación.

El estudio debe considerarse como base del emprendimiento para lograr una vida mejor. Mayores conocimientos dan más oportunidades. Es una consecuencia tan simple, pero al mismo tiempo, al parecer, tan compleja como para aceptarse en el presente, que no se explica. Porque no es lo mismo aprender y pasar de año, que pasar por pasar. Lo primero impulsa al estudiante a contar con mejores herramientas para analizar y reflexionar; es auxiliar del individuo para ser independiente. Seguro de su libre albedrío; lo que al otro le cuesta trabajo comprender.

Una persona con mejores conocimientos genera criterio propio, no cree en lo primero que escucha; lee, investiga, duda; escudriña, reflexiona y aplica su perspectiva para identificar sobre lo que es real y lo que no lo es. Generar individuos con juicio propio debería ser la meta de cualquier gobierno. Porque tener una sociedad adormecida o aceptando una verdad ilusoria es reflejo de un sistema limitado en extremo.

Ningún país puede aislarse del resto del mundo. Bajo esa óptica, es fundamental inculcar el interés hacia lo novedoso, porque ayuda al estudiante para poder competir con el uso de un adecuado conocimiento ante un mundo cada vez más globalizado. Por eso es necesario entender al mundo como se presenta, con todas sus complicaciones y una tecnología cada vez más vertiginosa. Quedarse sin entender esa vorágine representa inevitablemente un estancamiento funesto.

Las cosas no son parejas en México. No obstante, es obligación del gobierno ofrecer mejores opciones de estudio que garanticen competitividad en igualdad de condiciones ante los privados. La educación pública, sin embargo, se aleja de ello. Se ha criticado mucho a los hijos de aquellos políticos empeñados en obligar a los demás a aceptar la mediocridad como forma de vida; a conformarse con poco: un par de zapatos, un carro viejo y doscientos pesos en la cartera para evitar lo que han bautizado como “aspiracionismo” y así tener el control de las importantes decisiones del país, mientras sus hijos estudian en las mejores universidades del orbe.

La indiferencia en la educación enfrenta a los programas sociales porque estos generan votos, mientras una educación correcta despierta el discernimiento, que puede permitir un punto de vista independiente, pero eso no le gusta al gobierno que reparte “ayudas” para seguir manejando su maquinaria a placer, mientras maquilla cifras en lo que le preocupa a la gente como: seguridad, salud y economía. Esa condición pagará una factura muy alta. Quienes gobiernan hoy, mañana se irán, pero el daño para toda una generación irremediablemente será su legado.

Sostener los programas sociales ha hecho que la deuda externa de México esté por las nubes, representa el 52 % del PIB, y Hacienda ha reconocido que llegará a 55 % en 2027. La sentencia de ese mal manejo económico está por quebrar al país; además, está a nada de ser castigado por las calificadoras. Pero se sigue metiendo dinero que cada vez alcanza menos a las obras inservibles heredadas del sexenio anterior, así como al rescate de un inútil PEMEX, además, por supuesto, de los programas sociales.

Las becas no despiertan la conciencia. No garantizan aprendizaje. No se está atendiendo lo que se debería de acuerdo al resultado de la prueba PISA. El conformismo es la ruta inevitable. ¿El resultado? Se conocerá irremediablemente con el tiempo.

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Alfredo Albíter González

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