Desde hace ya varias semanas he tratado de alertar sobre un golpe certero que sufrirá el movimiento sindical en el país, gestado en el seno de la revisión pactada sobre el TMEC y sus resultados, una revisión en la que insisto, se modificará completamente la visión sobre la concepción de libertad sindical, un cambio para las que se han sentado las bases encaminadas a su aceptación política, social y jurídica.
Como todos los cambios que se impulsan, el proceso es un primer momento, es y será siempre ideológico, es decir, se preparan las condiciones para que el cambio se vea como justo y necesario, encontrando incluso en el sector o sectores de la sociedad que recienten los efectos de estos cambios, a los defensores más acérrimos del mismo, como en este caso, donde los propios trabajadores creen que el camino para la dignificación de su vida material, está en el que les entreguen su libertad plena para disponer de sus derechos sin limitaciones, así es que las preguntas son: ¿cómo sociedad comprendemos lo que es la libertad? y ¿estamos preparados para hacernos responsables únicos de ella?.
En el mundo del trabajo los legisladores anarquistas que fungieron como legisladores de aquel constituyente originario de 1916, que sesionó para la creación de la constitución aún vigente de 1917, consideró que los grupos económica y socialmente débiles a los que se dirigieron los derechos a la educación, la tenencia social de la tierra y el derecho del trabajo, no estaban preparados para disponer y proteger de manera autónoma sus derechos materiales, así es que se impusieron restricciones a la voluntad de estos grupos, que en contextos de hambre y pobreza, serían orillados a renunciar a muchos derechos a cambio de pagos limitados como el simple salario, por tanto la otra pregunta es: ¿ya estamos preparados para vivir nuestra libertad a plenitud, sobre todo la laboral?.
Ese cambio que ronda el país y todo el mundo como lo señalamos la semana pasada, es esa idea de libertad donde se invertirá la pirámide de la libertad sindical, pasando del hecho de formar parte en automático de un sindicato al ser contratado por el centro de trabajo -claro siempre y cuando así esté pactado en el Contrato Colectivo de Trabajo-, a una escena laboral donde seré contratado sin incluso saber si existe en la fuente de empleo sindicato o no, con el derecho de que me pueda afiliar si así lo deseo, una promesa que a simple vista suena bastante bien para un mundo de adultos responsables de sí mismos.
Si no existiera la obligatoriedad de ser afiliado al ser contratado en los casos donde así esté pactado entre sindicato y patrón, creo que no es complicado suponer que sería mínimo el número de trabajadores y trabajadoras que solicitarían su afiliación al sindicato conformado en su centro de trabajo, lo que poco a poco incluso llevarían a la extinción de estas organizaciones y con ello la del derecho a la negociación colectiva y el derecho de huelga.
Lo cierto es que nuestra idea sobre la libertad sindical es bastante limitada, pues no vemos que el apostar por la disponibilidad del derecho a formar o no parte de un sindicato en un sentido inverso al aún vigente en el país, estaremos poniendo en la mesa con el pretexto de la libertad, la posibilidad de que poco a poco se borre del espíritu de la ley, la irrenunciabilidad de derechos, es decir, con el argumento de que el trabajador no ha sido o será obligado a aceptar, se les ofrecerán empleos condicionados a la libre, espontánea y unilateral renuncia a derechos elementales como el aguinaldo, las vacaciones y otras prestaciones de este tipo, donde la defensa social y legal del patrón sería como ya lo dijimos, decir que el trabajador aceptó libremente su ofrecimiento de trabajo bajo esas condiciones.
De entrada, eso encierra la indisponibilidad de derechos a favor del trabajador, una indisponibilidad que va de la mano de la irrenunciabilidad, limitantes que, en caso de no existir, harían de los trabajadores verdadera carne de cañón del sector patronal, en una especie de esclavitud disfrazada como la vivida en el sector agrícola en los años previos a la revolución de 1910.
Resulta lamentable ver, como quienes intervienen en la impartición de justicia laboral, son los primeros en creer que están descubriendo el hilo negro, impulsando esta inversión en el sistema de afiliación de trabajadores de nueva contratación, la que pudiera llegar a la declaratoria de inconstitucionalidad de la cláusula de exclusión permitida en el artículo 395 de la Ley Federal del Trabajo.
No hay que ser grandes historiadores, filósofos o jurisconsultos para analizar lo que planteamos, tan sólo hay que revisar la idea de libertad en los años cercanos al estallido de la revolución mexicana y ver para donde está avanzando la idea general de libertad y la de libertad sindical actualmente, ejercicio que nos llevará a la necesidad urgente de recalibrar la idea que tenemos sobre éstas, sobre todo para quienes intervenimos de una u otra forma en el mundo del trabajo.
ADDENDA
1. Previsible en lo que se ha convertido morena, se parece demasiado al PRI, en una combinación con las peores prácticas también del PRD, al final el origen es el mismo.
El principal síntoma es la utilización de las instituciones para retrasar y evitar el desafuero de un sujeto tan cuestionable como Cuauhtémoc Blanco Bravo, aunque el hecho denigrante para las mujeres también era de esperarse, el presidente de la sección instructora es nada más y nada menos que Hugo Eric Flores Cervantes, quien fuera el fundador y único presidente del desaparecido Partido Encuentro Social (PES), el mismo que postuló a Blanco Bravo a la gubernatura de Morelos. Definitivamente en política no existen coincidencias y el desechamiento de la solicitud de desafuero defendido por las propias mujeres legisladoras de morena es prueba de ello. Otra vez las Juanitas se hicieron presentes, en su máximo esplendor.
¿Qué le debe morena a Cuauhtémoc Blanco?, nada, a quien le deben es al mencionado Hugo Eric Flores Cervantes, ¿qué?, no lo sabemos y como diría Elon Musk, lo que realmente está ocurriendo en este caso, permanecerá oculto al público.
2. Las ganas no son suficientes ni para ocupar un cargo, mucho menos para hacer un buen papel. Aunque jurídicamente todos los inscritos a la elección de jueces y magistrados tienen derecho a ocupar un cargo, definitivamente el que ganen una elección, no es garantía ni remotamente de que harán un buen papel, así es que la encomienda es votar por quienes ya ocuparon estos cargos.
Para muestra de la propuesta que lanzamos un botón: yo tengo muchas ganas de ser un reconocido neurocirujano, para allanarme el camino y lograr ese título, convenceré al gobierno que convoque a una elección, si salgo electo, evidentemente contaré con el respaldo gubernamental para intervenir quirúrgicamente a cualquier persona, por ejemplo su familiar; tal vez fallezcan las primeras personas que intervenga, pero le garantizo que más tarde que temprano lo haré bien, por lo pronto le exigiré a usted y su familia, que no se opongan al ejercicio de mi legítimo derecho de ser el neurocirujano que he soñado y que me permitan atender a su familia, al final para eso gané la elección.
Aunque usted no lo crea y le parezca una exageración lo que propongo, la dinámica y el resultado es exactamente el mismo en ambos casos.
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Abogado Postulante y miembro de la Escuela para la Formación Política y Sindical A.C.