Desafío de las naciones: estar en la mesa o en el menú
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Desafío de las naciones: estar en la mesa o en el menú

Miércoles, 21 Enero 2026 00:15 Escrito por 
La Tribu Entera La Tribu Entera Ricardo Joya

“Vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias, el orden basado en reglas se está desvaneciendo, los fuertes pueden hacer lo que pueden y los débiles deben sufrir lo que deben”, afirmó el primer ministro de Canadá, Mark Carney —empleando un aforismo del general ateniense Tucídides—, en el Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza. Un mensaje que ha llamado la atención de diferentes sectores y que lo ha colocado como líder de un bloque opositor a los intereses hegemónicos que expresa Estados Unidos o, mejor dicho, su presidente.

“Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma. Y frente a esta lógica, hay una fuerte tendencia de los países a aceptar las cosas, a adaptarse, a evitar problemas, a esperar que el cumplimiento compre seguridad. Bueno, no lo hará”, sentenció Carney y se lanzó en contra de la sumisión, en contra de la tendencia “a llevarse bien”, aunque nadie crea las cosas y aunque —dijo— la gente participe en rituales “que, en secreto, saben que son falsos”. Lo denominó “vivir dentro de una mentira”.

El mensaje del primer ministro canadiense —cuya lectura recomiendo completa— señaló con claridad que las naciones sabían que “la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o la víctima”.

Y añadió que esa ficción fue útil, gracias a la hegemonía estadounidense que ayudó a proporcionar bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas. Por ello, dijo a los líderes reunidos en Davos: “Participamos en los rituales y evitamos en gran medida señalar las diferencias entre la retórica y la realidad”.

“Este acuerdo ya no funciona. Seré directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, dijo Carney. Y con ello colocó el problema al centro de la sala, de manera que el resto de los liderazgos ya no podrán cerrar los ojos ante lo inevitable: el orden internacional está roto y es necesario repensar otros modelos, mecanismos y acciones para resolver las necesidades de cada país.

En lo que se ha interpretado como un llamado a repensar la integración global extrema, cuyos efectos se han hecho latentes con las crisis financieras, sanitarias, energéticas y políticas de los últimos 20 años, el primer ministro planteó la necesidad de desarrollar una mayor autonomía estratégica en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.

“Un país que no puede alimentarse, abastecerse ni defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte”.

El mensaje de Carney también fue claro en su postura con respecto a las circunstancias que ocurren en Groenlandia y las presiones a Dinamarca del presidente estadounidense, Donald Trump: “En materia de soberanía del Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el Artículo 5 de la OTAN es inquebrantable, por lo que estamos trabajando con nuestros aliados de la OTAN, incluida la Puerta Nórdica del Báltico, para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluso a través de inversiones sin precedentes de Canadá en radares sobre el horizonte, en submarinos, en aviones y en botas sobre el terreno, botas sobre el hielo”.

Sin duda alguna, el mensaje del primer ministro canadiense pasará a la historia por la claridad para expresar las condiciones que se enfrentan en el mundo, en términos de geopolítica, y por la valentía para señalar los fallos del sistema denominado “orden internacional”, el cual ha dejado más pendientes que resultados en los últimos años, como se ha demostrado con la guerra entre Rusia y Ucrania o el conflicto de Israel con Palestina.

“Cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros para ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es ejercer la soberanía aceptando la subordinación. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por favores o combinarse para crear una tercera vía con impacto”, afirmó Carney.

Por ello, cuando convocó a las llamadas “potencias medias” a actuar juntas, lo advirtió con claridad: “porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, y parece que el hambre por dominar a otras naciones está rayando en expresiones y hechos que pensábamos habían quedado atrás en la historia mundial.

Mientras en la capital de nuestro país, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum (quien no acudió al foro en Suiza), recibió a la gobernadora general de Canadá, Mary Simon, el ministro canadiense afirmaba: “Los poderosos tienen su poder, pero también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y actuar juntos”.

La propuesta canadiense está en la mesa y habrá que ver si México le toma la palabra al primer ministro y se suma a su convocatoria, porque, de lo contrario, estaremos en el menú permanentemente.

#TodoComunica

El primer paso lo dio la gobernadora, Delfina Gómez Álvarez, para redirigir su estrategia de comunicación. Ahora corresponderá al resto del Poder Ejecutivo mantener esa cercanía que le pidieron a la gobernadora las y los periodistas, para acceder a información de manera más ágil. Ello requerirá articular acciones más claras y precisas, porque la elección de 2027 está cerca.

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Ricardo Joya

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