A Maduro lo empujó su dictadura
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Publicado en Opinión

A Maduro lo empujó su dictadura

Domingo, 04 Enero 2026 00:02 Escrito por 
Sin Titubeos Sin Titubeos Diana Mancilla Álvarez

 

La detención de Nicolás Maduro no fue una sorpresa, ya se esperaba desde hace tiempo. Fue construyéndola y retó al gigante imperialista.. Al poner la democracia en una jaula, terminó dando a Donald Trump las llaves para justificar un desenlace que, en realidad, se escribía  desde hace años. Lo que hoy se interpreta como “intervención” o “corrección histórica” no nació fuera de Venezuela, sino ahí mismo, en ese desmontaje que fue planificado, desde Hugo Chávez, del Estado venezolano.

La dictadura y el inicio del desastre

Maduro transformó un gobierno democrático, electo por los ciudadanos, en un régimen de persecución, invadido por el miedo, la censura y la militarización. No fue casualidad, todo lo puso a modo. En su afán por sostenerse en el poder, anuló contrapesos, trituró la separación de poderes y convirtió a las instituciones en oficinas de obediencia. El gran pecado político de Maduro fue destruir la democracia para salvar a un líder.

Pero hoy, después de años,  el costo que ha pagado es muy alto. Una dictadura no solo es inmoral: también es estratégicamente torpe. Mientras más autoritario es un gobierno, más fácil resulta hacerlo a un lado, sancionarlo, presionarlo o incluso justificar acciones externas como ayer se demostró con la detención de Nicolás Maduro y su esposa. Se le olvidó que la represión interna es, al mismo tiempo, una invitación al oportunismo internacional. Que levante la mano el venezolano que crea que Trump hizo mal.

El ansia de poder y el vacío al Estado

Al cancelar elecciones creíbles, porque así las presentaron al mundo; al vaciar de contenido a la Asamblea Nacional y controlar al Poder Judicial, Maduro convirtió a Venezuela en un país sin libertades. Un Estado serio tiene mecanismos de legitimidad, tribunales independientes y credibilidad democrática. Venezuela dejó de tenerlos. Pero, además, cuando un país queda sin sustento jurídico, otros actores pueden narrar su crisis como un “caso humanitario”, una “amenaza regional” o un “problema de seguridad”.

Maduro no solo destruyó la legalidad: también acabó con la calidad moral para exigir respeto.

El petróleo, el trasfondo del conflicto

Pero el drama en Venezuela no se reduce a un superhéroe que llega a salvar a la gente. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del planeta, y eso la convierte en una pieza muy deseada en el tablero mundial. Estados Unidos no es un inocente espectador, sino un jugador por el petróleo. Y hay que recordar que en cualquier partida, cualquier juego, los participantes van a ganar, ningún jugador se mueve por compasión, sino por intereses.

Trump no necesitaba crear un motivo; necesitaba que existiera una narrativa legítima para poder entrar, ganar y ser aplaudido además . Maduro se la dio con dictadura, una crisis, migración masiva, represión, pobreza. El pretexto estaba servido en plato frío. El petróleo, sin duda, detrás, como objetivo.

Pero ¿Quién defiende hoy a Maduro?

Aquí hacemos la pregunta, ¿quién puede defender hoy a Maduro sin que represente también su destrucción institucional? Las violaciones a derechos humanos, el encarcelamiento de opositores, la desaparición de garantías básicas, el control total del aparato estatal, todo eso le quitó a su régimen cualquier argumento de dignidad política. La dictadura no solo fracturó al país, lo dejó moralmente indefendible ante el mundo.

Y eso es consecuencia. Claro que los países deben pronunciarse por el respeto y pedir la intervención de la ONU. ¿Quién pondrá el cascabel al gato?

Petróleo arriba, miseria abajo

Lo más brutal de esta tragedia es que ocurrió en un país que debía ser increíblemente rico. El “oro negro” no se tradujo en bienestar sino en una maquinaria de control. Millones de venezolanos se empobrecieron mientras el poder se blindaba. No hubo oportunidades, no hubo inversión, no hubo futuro. Hubo huida. La migración venezolana no es casualidad, sino el resultado de un sistema que expulsó a su propia gente.

Pero lo peor es que se normalizó que el ciudadano sobreviva mientras el régimen se perpetúa.

¿Libertad o desesperación? ¿Qué se celebra?

Hoy muchos venezolanos salen las calles a celebrar el fin de Maduro como el fin del sufrimiento. Y esa reacción, aunque comprensible, tiene un fondo doloroso porque quizá no es euforia sino agotamiento. Es la sensación de que no quedaban más caminos. Si un pueblo celebra una intervención extranjera, es porque el Estado ya no lo representa y la política ya no le ofrece salida, lo que es muy lamentable.

Claro, Trump no actúa por altruismo. Pero para quien ha vivido persecución, hambre y miedo, la palabra “libertad” se vuelve una urgencia, aunque venga con algunas condiciones.

Lo importante es eso, que  verdaderamente haya libertad.. Pero esa no la entrega Trump ni la quita Maduro, la construye un país con instituciones, elecciones reales y ciudadanía activa. Venezuela debe reconstruir su democracia desde dentro, para evitar otra forma de sometimiento.

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