Las agencias de calificación crediticia son organizaciones especializadas en la evaluación del riesgo de crédito tanto del sector público como de compañías privadas, que optan por financiarse a través de los mercados de capitales. Sus calificaciones, conocidas como ratings, constituyen una referencia sobre la solvencia de los emisores y sobre la capacidad que tienen para cumplir oportunamente con sus obligaciones financieras.
Para los inversionistas, estas evaluaciones son particularmente importantes porque les permiten dimensionar, de manera relativamente rápida, el riesgo que implica prestar dinero a un gobierno o a una empresa y, en consecuencia, el rendimiento que podrán exigir por asumirloi.
Las principales calificadoras del mercado son: Moody’s, S&P y Fitch y usan como ratings códigos alfabéticos y dividen dichos ratings en dos grandes grupos: grado de inversión y grado especulativo.

Fuente:Tras rebaja de S&P, Moody’s recortaría calificación de México en 2026: Banamexii
En términos generales, las calificaciones inferiores a BBB- en las escalas de Fitch y S&P, o inferiores a Baa3 en Moody's, corresponden al grado especulativo y al existir una mayor posibilidad de incumplimiento, los inversionistas suelen exigir una tasa de interés más elevada para compensar ese riesgo.
Pero ¿por qué un emisor puede caer en esta categoría? Entre otras razones, puede ser por los elevados niveles de endeudamiento, necesidades adicionales de financiación, que pertenezcan a un sector de actividad que implique un mayor riesgo, por ejemplo, razones por las cuales disminuye el grado de confianza de que sea capaz de cubrir oportunamente sus obligaciones de deuda o, lo que es lo mismo, un mayor riesgo de impago; sin embargo, en todos los casos el denominador común es una menor confianza en la capacidad del emisor para hacer frente a sus obligaciones.
México no es todavía un emisor de grado especulativo, sin embargo, su margen de seguridad se ha reducido y algunas de las principales calificadoras lo mantienen apenas por encima de la categoría considerada especulativa. Llegó a tener una posición crediticia considerablemente sólida, pero al día de hoy enfrenta un escenario en el que el crecimiento económico es débil, las necesidades de financiamiento son elevadas y sus finanzas públicas están sometidas a una presión cada vez mayor. Uno de los factores que más pesa en esta ecuación es, sin duda, Petróleos Mexicanos (Pemex)iii.
Durante los últimos 2 sexenios, el Gobierno Federal ha destinado enormes cantidades de recursos para apoyar a la empresa petrolera, incluyendo aportaciones de capital, apoyos financieros y operaciones destinadas a mejorar su perfil de deuda. Los recursos involucrados han alcanzado decenas de miles de millones de dólares; simplemente durante el sexenio anterior, el monto acumulado supera ampliamente los 100 mil millones de dólares.
Y cuando una empresa del Estado mantiene elevados pasivos y requiere apoyo recurrente, los mercados financieros pueden considerar que, en última instancia, será el Gobierno Federal quien tendrá que responder por una parte importante de esas obligaciones, es decir, una parte del riesgo de Pemex puede convertirse en riesgo fiscal para México y ese riesgo tiene un precio.
Recordemos ahora que una de las formas en que el Gobierno obtiene recursos es precisamente a través de los impuestos, así que para 2026 se aprobaron modificaciones fiscales que incrementaron la carga tributaria sobre determinados productos y actividades, entre los que se encuentran: las bebidas saborizadas con azúcares añadidos, los productos de tabaco y nicotina, los videojuegos con contenido violento y las apuestas en línea, además de modificaciones relacionadas con las plataformas digitales y diversas tarifas y servicios.
Por ejemplo, la cuota del IEPS aplicable a las bebidas saborizadas con azúcares añadidos aumentó hasta superar los tres pesos por litro y en materia de apuestas, la carga fiscal también se incrementó de manera significativaiv.
No sería correcto afirmar que cada uno de estos impuestos existe exclusivamente para financiar los apoyos a Pemex; las modificaciones fiscales responden a distintos objetivos de política pública y recaudación, pero sí resulta válido preguntarnos algo mucho más amplio: ¿Cuánto nos cuesta a los mexicanos mantener unas finanzas públicas sometidas a una presión creciente?
México todavía conserva el grado de inversión, pero mantenerlo no debería convertirse en un objetivo que simplemente consista en evitar que una calificadora nos coloque un escalón más abajo; el verdadero objetivo debería ser construir unas finanzas públicas sanas, reducir la vulnerabilidad fiscal, impulsar el crecimiento económico y lograr que las empresas del Estado sean financieramente sostenibles.
Porque llegar a la categoría de bono especulativo sería mucho más que cambiar una letra en una escala crediticia; significaría que México tendría que pagar más por pedir prestado y, cuando un país paga más por su deuda, todos terminamos pagando la diferencia.
[i] https://www.bbva.com/es/economia-y-finanzas/las-agencias-calificacion-rating/
[ii] https://es-us.finanzas.yahoo.com/noticias/rebaja-s-p-moody-s-005148981.html
[iii] https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/mexico/bonos-de-mexico-cotizan-como-basura-tras-rescate-a-pemex-de-us130000-millones/
[iv] https://expansion.mx/finanzas-personales/2025/11/25/nuevos-impuestos-2026-que-encareceran-productos-servicios

