El peligro de acostumbrarnos a la violencia
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El peligro de acostumbrarnos a la violencia

Martes, 14 Abril 2026 00:05 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

México vive una realidad que no puede seguir ignorándose: la violencia se ha normalizado y la intolerancia se ha vuelto parte del día a día. No se trata solo de cifras, sino de una descomposición social que avanza silenciosa, pero constante.

Los datos son contundentes. En 2024, el país registró más de 33 mil homicidios, con una tasa superior a 25 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con el INEGI. A ello se suma que más del 58% de los mexicanos considera insegura la ciudad en la que vive, reflejo no solo de la violencia real, sino del miedo cotidiano que permea en la sociedad.

Pero el problema va más allá de los delitos de alto impacto. La violencia también está en los hogares: más del 51% de las mujeres ha sufrido violencia psicológica y casi la mitad, violencia física y sexual. Es decir, la agresión no solo está en las calles, también en los espacios más íntimos, que deberían ser el lugar seguro.

La raíz de esta crisis no puede explicarse únicamente por los malos o la falta de seguridad pública.

Hay un deterioro profundo en el tejido social: intolerancia, pérdida de valores, incapacidad de diálogo y una creciente normalización de la agresión como forma de resolver conflictos.

Hoy, una discusión escala fácilmente a golpes. Un desacuerdo se convierte en amenaza. La empatía parece escasa. Y eso no se corrige solo con patrullas.

El reto es estructural y requiere atención en tres frentes fundamentales:

Primero, la familia. Es ahí donde se forman los valores, el respeto y la tolerancia. Sin bases sólidas en casa, cualquier política pública será insuficiente; no es solo señalar deficiencias de un gobierno, toca asumir cada quien su responsabilidad.

Segundo, el gobierno. No solo en materia de seguridad, sino en educación, prevención y reconstrucción del tejido social. La impunidad y la falta de justicia alimentan la violencia.

Tercero, la fe y la comunidad. Más allá de lo religioso, hablamos de principios, de ética, de sentido de pertenencia. De reconstruir lo humano en una sociedad cada vez más fragmentada.

Si estos tres pilares no se fortalecen, el riesgo es claro: una sociedad que pierde su rumbo, donde la violencia deja de sorprender y se convierte en costumbre.

Y cuando eso ocurre, lo verdaderamente peligroso no es la violencia… sino que deje de indignarnos.

Y si no somos capaces de reconstruir lo esencial —el respeto, la empatía y los valores—, no solo estaremos enfrentando una crisis de violencia, estaremos presenciando, poco a poco, la pérdida de nuestra propia humanidad.

 
 
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Lupita Escobar

Voz de mujer