Ivonne Ortega le grita a la cara a Cuauhtémoc Blanco, ¡renuncia! Mientras las diputadas de su bancada lo apoyan con los ojos vendados o mejor dicho con las conveniencias en la mano.
Todos desaprobamos la violencia a la mujer, pero cuando se trata de una figura pública amada, ponemos en tela de juicio la denuncia, la situación y por supuesto su veracidad.
La actitud del futbolista y político ha sido despreocupada e incluso burlona, pues se le ha visto en distintos lugares haciendo su vida normal, disfrutando de su libertad, porque sabe que tiene el apoyo de su partido.
La estrategia de que sean las mujeres de su bancada las que lo apoyen fue un tanto manipuladora, pues ese apoyo hace que la gente mire la denuncia como algo que podría creerse o no. Es decir, no se niega la ofensa ni se restituye la confianza enfrentando a la justicia. Se pone en duda la credibilidad de la persona que denuncia.
Es como fingir una caída en el futbol, para conseguir un tiro de esquina o incluso un penal.Cuauhtémoc Blanco siempre fue conocido por aplicar dos o tres triquiñuelas en el campo, también en el ámbito sentimental donde engañó a sus parejas en cada oportunidad que tuvo.
Sin embargo, Blanco es una historia de éxito para los mexicanos. Un hombre que del barrio logró meterse a las filas del equipo de futbol mejor pagado de México y con más proyección. Ser parte del pueblo y al mismo tiempo codearse con empresarios, artistas y políticos le granjeó las palancas perfectas para poder avanzar, primero en su carrera futbolística, después en el ámbito político.
En comparación, un sexagenario líder priista de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, ante un comentario en una conferencia de prensa, sobre “lo nada violable” que estaba la hermana de Cuauhtémoc, da muestra de que de acuerdo al sapo es la pedrada. Dado que un hombre no tan conocido, inmediatamente fue expulsado del partido, para mostrar que hay “verdadera responsabilidad política”, no digo que estuvo mal la sanción. Lo que me asombra es que ante un hecho tan deleznable como una posible violación no se hayan tomado medidas más duras contra el diputado, que figura nacional o no, futbolista renombrado, exgobernador, etc. debería pagar las consecuencias de sus actos o probar que el hecho es falso; no esconderse atrás de su fuero y de sus compañeras, a las cuales les falta sororidad.
Nuestra conciencia y opinión siempre dependen de quién esté acusado. No solo los hombres que cometen un abuso son defendidos por su familia, muchas veces son defendidos por sus amigos, esposas, compañeros de trabajo, jefes, etc., porque consideran que alguien tan querido no puede ser capaz de cometer una mala acción o si lo hizo pudo haber ocurrido bajo una circunstancia excusable: alcohol, provocación, un mal momento.
La ley no debería ser parcial ni voluble ante las circunstancias, pero lo es. Ante tal situación, las víctimas están desprotegidas. ¿Para qué denunciar si todo dependerá de a quién conoce el acusado y qué tan famoso es?
Ahora ¿qué pasa con las heroínas temporales como llamó Ricardo Monreal a sus propias diputadas? Desde el principio su participación en la cámara no estaba dentro de los estatutos. Defendieron a Cuauhtémoc por voluntad propia, dejando de lado su línea sobre proteger a las víctimas de violencia. Incluso le han pedido a la víctima que vuelva a presentar su queja.
Por este tipo de situaciones se pierde credibilidad en la lucha. Unos días se visten de naranja y levantan la voz para defender la de aquellos que no pueden ser escuchados por los cotos de poder, al otro se transforman en ese mismo mazo silenciador, solo porque apoyan a Cuauhtémoc Blanco.
No son naranjas, ni moradas, son del color que convenga. Es probable que este hecho sea una piedra que caiga en lo profundo de la gente, porque reafirma que al momento de sancionar todo influye, imagen, dinero, poder, color, género y creencia.