La sorpresa no fue enterarnos de que van a reducir de 15 a ocho la cantidad de categorías de la Presea Estado de México, que se entregan cada 2 de marzo a mexiquenses destacados; lo sorprendente fue el argumento: por razones de austeridad presupuestal.
En principio de cuentas, nadie debería estar en contra de que el gobierno gaste mejor.
La propuesta del gobierno de Delfina Gómez ya fue aprobada en comisiones del Congreso mexiquense y no dudo de que correrá la misma suerte cuando pase a votación del Pleno Legislativo.
La austeridad, cuando está bien aplicada, puede ser positiva. El dinero público debe cuidarse y cualquier administración tiene la obligación de evitar gastos innecesarios. Pero también es importante preguntarse qué se gana y qué se pierde con una decisión de este tipo.
Las Preseas Estado de México no son solamente reconocimientos entregados durante una ceremonia. Son una manera de decirle a la sociedad que determinadas personas, grupos o trayectorias representan valores que vale la pena destacar.
Durante años, las 15 categorías permitieron reconocer méritos muy específicos: desde la ciencia y la educación hasta la cultura, el trabajo, el desarrollo económico, el medio ambiente, los derechos humanos y el mérito cívico.
Ahora, varias de esas áreas serán agrupadas.
Ciencia, tecnología y educación estarán en una misma categoría. Cultura y pueblos indígenas compartirán otra. Economía, medio ambiente y desarrollo social estarán juntos, mientras que salud, trabajo y vocación de servicio también formarán parte de un solo reconocimiento.
La pregunta no es necesariamente si ocho categorías son mejores que 15. La pregunta es si esta nueva estructura permitirá seguir reconociendo con la misma claridad la diversidad de aportaciones que hacen los mexiquenses.
Porque simplificar no siempre significa mejorar. Y tampoco toda reducción representa automáticamente un ahorro importante.
Si la principal razón para reducir las categorías es la austeridad, sería conveniente que el gobierno explique con toda claridad cuánto se gastaba antes, cuánto se gastará ahora y cuál será el ahorro que finalmente representará para las finanzas públicas.
Un gobierno austero no solamente debe gastar menos. Debe demostrar que gasta mejor.
También llamó la atención durante la discusión el señalamiento del diputado Octavio Martínez Vargas al señalar que algunas preseas llevaban nombres de personajes relacionados con anteriores administraciones.
Es válido revisar la historia y actualizar las instituciones cuando sea necesario. Pero también sería deseable que cualquier modificación de nombres o símbolos se haga con criterios institucionales y no simplemente por el hecho de que una administración sucedió a otra.
Los gobiernos cambian. Las instituciones permanecen.
Y los reconocimientos que entrega un estado deberían representar precisamente eso: una memoria colectiva que está por encima de los ciclos políticos.

